Violencia en la tribuna y afuera salvajes

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EDWARD PIÑON

Salvajes. Solo así puede describirse a los que provocaron un hecho de violencia pocas veces visto en el Estadio Centenario.

Porque salvajismo es lo que hubo en la tribuna Amsterdam y también lo que se vio en la conjunción de las calles Centenario, Garibaldi y Avenida Italia.

Las consecuencias de esos disturbios, según lo informaron fuentes policiales, son: 26 personas a disposición de la Justicia (17 detenidos en la Seccional 10a., entre ellos tres menores y una mujer; y nueve en la Seccional 13a. Pero además, cuatro policías internados con lesiones varias en el Hospital Policial, diez personas atendidas por UCM en el Estadio Centenario y otras dos en centros de asistencia.

HORDAS. Las "bestias" con rostros desencajados y actitudes propias de las hordas que arrasaban pueblos enteros en tiempos milenarios arremetieron contra lo que fuera. Adentro, los hinchas de Nacional desataron su furia contra los policías de las fuerzas especiales de granaderos que no les dejaron entrar a la tribuna las banderas con astas y que procuraron imponer el orden cuando los vendedores de refrescos sufrieron el vandalismo. Afuera, los organizados hinchas de Peñarol descargaron toda su brutalidad contra los primeros simpatizantes tricolores que abandonaron el coloso de cemento.

Y el horror fue de la misma magnitud. Porque los diez o doce que reventaron a patadas al adolescente que cometió el pecado de no quitarse su camiseta Umbro azul con una amplia franja roja cruzando de izquierda a derecha, fueron tan animales como los que levantaron el mostrador de Coca Cola en la Amsterdam para arrojárselos a los efectivos policiales.

EL ARRANQUE. El estallido en la Amsterdam, al parecer, tuvo como prólogo un largo peregrinar de los hinchas tricolores desde la sede de Nacional en la avenida 8 de Octubre hasta el Centenario.

Según narraron a El País algunos simpatizantes albos que se marcharon con magulladuras, la historia comenzó mucho antes de llegar al Estadio. El intercambio de golpes, que hasta incluyó un camión "lanza agua" para calmar los ánimos, no se quedó ahí.

Los hinchas tricolores no pudieron ingresar al Centenario las banderas con astas y tampoco los tambores. Aparentemente, el ambiente se "picó" cuando sus colegas aurinegros lucieron orgullosos las banderas con astas.

Un efectivo que se quedó hasta que los jugadores de Peñarol se retiraran del máximo escenario deportivo de Uruguay comentó a El País que "no hubo forma de hacerlos entrar en razón. Al principio les dijimos que no podían poner las banderas en el Talud y después para evitar una reacción se lo permitimos. Sin embargo, lanzaron toda su furia y provocaron actos vandálicos contra los vendedores".

SUPERVIOLENCIA. La hecatombe se desató a la hora 16.59. Los policías amenazaban con meterse a repartir palo entre los hinchas tricolores y estos los frenaron a botellazo limpio.

Tras la primera andanada de botellas, los efectivos se filtraron y pegaron a diestra y siniestra. Los tricolores no aflojaron. Después de la estampida que provocó esa fuerte aparición de los policías, vino la reacción y usaron los asientos de plástico de proyectiles.

Como consecuencia de ello, se produjo un repliegue de las fuerzas policiales y, pocos segundos después, mientras hacia la boca de salida del segundo anillo seguían arrojándose todo tipo de elementos, vino una nueva embestida de las autoridades. Esta vez con gases lacrimógenos y balas de goma.

El pánico fue mayor. Las corridas se produjeron casi en toda la extensión de la tribuna. Los más veloces eran los que querían ocultarse después de haber lanzado un proyectil.

La Policía ganó terreno y apareció por el tercer anillo. Más corridas y nuevos lanzamientos de todo tipo de objetos, incluyendo un tanque de los que se utilizan para enfriar las bebidas y un mostrador de Coca Cola.

A la hora 17.14, dos minutos después de ver como la ambulancia de UCM se llevó a un muchacho, llegó el final para la violencia en la tribuna.

EN LAS CALLES. Pero si fue violento lo que pasó en la Amsterdam, ni que hablar lo que sucedió luego en los alrededores del Centenario.

Esta vez, los belicosos fueron los hinchas de Peñarol, quienes bien organizados montaron un camino de emboscadas para los primeros "bolsos" que abandonaron el Centenario.

Si bien a pocos metros del monumento Campeones Olímpicos y Mundiales los granaderos detuvieron a varios parciales aurinegros, la seguridad brilló por su ausencia a tan sólo 40 metros. El primer ataque cobarde y vandálico lo sufrió un botija que "cometió el pecado" de avanzar por la calle luciendo la camiseta de Nacional. No menos de diez "animales" se lanzaron en su búsqueda, la que terminó muy pronto por un resbalón. Los golpes le llovieron de todos lados y sólo el acercamiento de un patrullero cortó con la golpiza que pudo ser hasta letal por la forma en la que descargaron la furia.

Esta última fue una pequeña muestra de lo que llegaría después, cuando el "panzón" hincha tricolor fue despojado de su camiseta tras el cruel ataque de 20 enardecidos aurinegros.

Obtenido el "trofeo de guerra" lo dejaron tirado en la calle y cuando se incorporó desafiante pidiendo que lo encararan de a uno, una lluvia de piedras lo acompañó por 15 metros. Eso, no hizo otra cosa que "avivar" a los bolsos que ya no se podía caminar en solitario hasta avenida Italia y mucho menos con un elemento identificatorio de su pasión deportiva.

Por otra parte, fueron esas corridas las que lograron que un camión blindado de granaderos tomara partido en el asunto y cortara con las emboscadas.

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