No, no, señores

JORGE SAVIA

El malestar de Peñarol por la no cesión de Diogo,Bizera y Cristian Rodríguez para el partido que losaurinegros jugaron como locales frente a CerroPorteño por la Copa Sudamericana es tan pocosustentable que el ejemplo de otro jugador aurinegrode la selección que el equipo dirigido por DiegoAguirre pudo, en cambio, utilizar en las citadascircunstancias, prueba que el técnico celeste no sóloactuó respaldado por lo oportunamente acordado conlos presidentes de todas las entidades, sino quetambién procedió en forma lógica, criteriosa y acertada.

Es el caso de Bueno, que por estar suspendido poruna fecha de las Eliminatorias pudo jugar por Peñarolfrente a los paraguayos en el Centenario y, como enese encuentro se lesionó, no pudo ser de la partidaante Bolivia en La Paz 3 días más tarde.No hay por qué pensar que, de haber jugado anteCerro Porteño, Diogo, Bizera y el "Cebolla", no hubieranestado expuestos a que les ocurriera lo que le pasó alartiguense. De modo que no se entiende cómoPeñarol sostiene que lo juicioso hubiera sido que laselección se los prestara.

Además, parece que los aurinegros se toman muy apecho aquello de que "Peñarol es una isla", comopopularizó el Cr. Damiani. Y no es así. El club formaparte de un universo, que excede largamente a losescuetos confines del fútbol uruguayo. Por tanto, siFossati le hubiera cedido a Diogo, Bizera y CristianRodríguez para jugar menos de 3 días antes delpartido que Uruguay disputó con Argentina en BuenosAires, la AUF se hubiera expuesto a que en el futurocualquier club extranjero no se sintiera obligado acumplir con la normativa de FIFA que impone la cesiónde los futbolistas por lo menos 5 días antes, desdeque el primero que no la respetó fue, justamente, unclub uruguayo.

Por otra parte, la dirigencia de Peñarol se queja de que"los jugadores que van a la selección vuelvenlesionados". Está bien que vele por los intereses delequipo. Sólo que si ese aspecto merece cuidado, esosmismos dirigentes han estado omisos, entonces, alno haber sacado nunca una estadística de cuántaslesiones al año (y por ende ausencias en partidos yprácticas) experimenta —y no por golpes de susrivales— alguna de esas figuras que, justamente, ladirigencia tanto añora cuando faltan. En otras palabras:la severidad —como la caridad— bien entendida,empieza por casa.

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