El Estado se basa en tres pilares fundamentales: La salud, la seguridad y la educación. La sociedad toda debe estar protegida para una buena convivencia y desarrollo, fundamentales para el progreso de una nación.
Los siniestros en el tránsito son una de las causas que hoy están castigando a nuestra sociedad, como una de las mayores pandemias.
Pero las soluciones para atenuar esto son muy complejas, puesto que se necesita un conjunto de acciones que hoy nuestro país está lejos de poder concretar.
Por ejemplo el Registro Unico Nacional de conductores e infractores y vehículos, pruebas de examen más exigentes, buena fiscalización, estructuras viales adecuadas, seguro obligatorio contra terceros, educación vial como materia optativa en los colegios, etc.
Si observamos detenidamente esto, vemos que los pilares de que hablábamos al comienzo tienen que ver con el tránsito.
La educación vial es fundamental desde niño, algo que en los países más adelantados se hace siempre, inculcando una postura ciudadana de respeto a las normas.
Dentro de las políticas de salud también se deben desarrollar acciones de prevención y educación, por ejemplo, médicos preparados en medicina del tránsito (en muchos países es materia incluida en la universidad), psicología de tránsito, etc.
Y la seguridad, en este caso, léase fiscalización.
El cumplimiento de las normas del tránsito necesita de un marco adecuado de control. No existen en el mundo y en cualquier actividad normas establecidas que no tengan designado un organismo o agente que controle su cumplimiento.
En nuestro país quienes tienen el deber de hacer controlar las normas del tránsito generalmente están omisos.
No es sacando a los inspectores de la calle que se defienden los derechos de la ciudadanía. Al revés: La están desprotegiendo. De los impunes que circulan sin respetar a los demás. De los antisociales que hacen del tránsito una selva. Porque, ¿qué marco de respeto están creando en la juventud de hoy? Hay una generación que está creciendo sin límites. Y ojo que cuando hablamos de fiscalizar incluímos la palabra educación. Que está implícita. Para muchos las normas están para ser incumplidas, zafarnos o evitar la multa.
Cuando se tiene la seguridad que violar la norma no va a se motivo de sanción, porque no hay agentes de tránsito, ni radares que lo detecten, no pocos prefieren actuar con una libertad salvaje. Pero nos indigna que otros no la cumplan, sobre todo si con eso se nos anticipan.
Existe una doble moral. Hay que clarificar valores y denunciar los antivalores.
La Intendencia y el Ministerio del Interior tienen el deber de coordinar la fiscalización para que se haga bien. Su sola presencia en las calles es motivo de prevención.
Se debe dignificar la tarea de fiscalización. Que se comprenda que es a favor de la sociedad toda. En los países que se dicen del primer mundo, el temor a ser multado previene muchos accidentes. Y ni qué hablar de aquellos que tienen la licencia de conducir por puntos.
Quienes están en los cargos de Dirección del Estado (políticos), vinculados a la salud, seguridad y educación son los responsables directos de lo que nos sucede.