CARLOS MONTAÑO
La constelación de estrellas de los Lakers, puestas en órbita por los magníficos O’Neal, Bryant, Malone y Payton, están enfrentando el reto de los Pistons y la dupla Wallace (Rasheed y Ben) en una serie al mejor de siete encuentros.
Los Angeles son banca, pero hay acciones reservadas al equipo que va de punto, pues no se descarta un nuevo jalón histórico de Detroit.
Esta fue la primera aparición de los Pistons en la final desde 1990. Los Angeles, entretanto, iniciaron la pugna por el cuarto título en los últimos cincos años.
Los Lakers afrontaron el desafío como notorios favoritos, mas, entre otros, una de sus figuras no da garantías. "No hay nadie en este equipo que se sienta desbordante de confianza", dijo Karl Malone que a los 41 años tiene el temor de no poder alcanzar su primer título de campeón. En sus adentros ronda el pesado recuerdo del célebre quite de pelota que le hizo Michael Jordan a escasos segundos de la final que Chicago Bulls le ganó a los Utah Jazz en 1998.
Rivales con diferentes escuelas, de distintos modos de operar el talento. Los Lakers atrapan con su acción exquisita, la velocidad y cambio de ritmo de Kobe Bryant y la humanidad de Shaquille O’Neal debajo del cesto.
Los Pistons traducen poco de ello. Detroit es esencialmente un cuadro defensivo. El plan "A" del conjunto de Brown no es otro que el de reducir el goleo del oponente. Pocos estaban preparados para tanteadores tan bajos como los que se registraron en la definición de la Conferencia Este. Los Pistons vencieron a los Pacers por 69-65 en el séptimo partido con la anotación más baja en la historia de los Play Offs desde que entró en uso la posesión de 24 segundos.
Los Pistons son conscientes que los Lakers son los favoritos, pero con Ben y Rasheed Wallace debajo de los tableros y la puntería de Richard Hamilton se presentan con mejores posibilidades que los últimos cinco finalistas del Este.
Record, duelos y mitos
MARCAS
Los Pistons no permitieron en 36 partidos consecutivos que oponentes llegasen a los 100 puntos y en cinco sus rivales se quedaron por debajo de los 70.
WALLACE
"Jordan era el jugador más dominante de la liga y en ningún momento Joe Dumars (ex estrella de Detroit) se sintió intimidado por su presencia, sino todo lo contrario", dijo Rasheed Wallace.
DUELO
La llegada el pasado 19 de febrero del alero Rasheed Wallace a los Pistons permitió reforzar aun más el potencial de la defensa y ahora puede ser clave en el duelo con O’Neal.
El fantasma de "magic"
Dolor
El fantasma de 1989, cuando se lesionó "Magic" Johnson, podría revivirse en los Lakers. Malone, Fisher y George tienen lesiones en las rodillas, sufridas en la batalla campal con Minnesota.
Detroit: los chicos no son tan malos como los de antes
La sombra de lo ocurrido en otra final parecida hace 15 años, cuando los Pistons barrieron en aquella serie a los Lakers 4-0, está latente. La discusión ha surgido entre los seguidores de Detroit, los medios de comunicación y los ex jugadores que formaron parte de los históricos "Bad Boys" (Chicos Malos), que consiguieron los títulos de 1989 y 1990.
Uno de los mayores símbolos de los "Bad Boys", el pívot Bill Laimbeer, es el que más se opone a que a los nuevos Pistons se les llame "Bad Boys II" porque considera que no tienen ningún parecido, al margen de la excelente defensa que realizan.
"Lo primero es que nosotros teníamos a jugadores que podían anotar desde cualquier posición y conseguimos que equipos que no dejaban superar la barrera de los 100 puntos recibiesen por nuestra parte 115".
Muchos están de acuerdo con Laimbeer, incluidos los entrenadores de los Pistons, Larry Brown, y de los Lakers, Phil Jackson, quienes consideran que los jugadores del equipo de Detroit son grandes atletas y para nada utilizan en exceso la dureza.
"Podríamos definirlos como muy ligeros en comparación con los pesos pesados que eran los Bad Boys", bromeó Jackson. Junto a Laimbeer y Mahorn estaba el cabecilla principal del grupo que era el base Isiah Thomas, el jugador de la eterna sonrisa, pero que en el campo tenía el instinto asesino para destruir al rival.