El técnico se abrió y tiró de las orejas

| "Jugar con grandes figuras es una suerte, pero hay que estar arriba de ellas permanentemente"

CARLOS MONTAÑO

Gerardo Jauri llevó de la mano a Defensor Sporting a su primer título desde la fusión. Realizó su cometido de la manera que esperaban los dirigentes cuando lo contrataron. Impuso sapiencia técnica y táctica y capacidad para enderezar con firmeza el factor humano.

—Fueron seis meses duros. No fue fácil el camino cargando la condición de favorito que ostentamos antes del inicio del torneo. Teníamos la responsabilidad de conducir al equipo al título por ser el último Federal y porque la institución, más allá de la fusión, es la más laureada del básquetbol uruguayo. La copa quedó en buenas manos y fue una doble satisfacción actuar en el proceso.

—¿Fue complejo encauzar a un plantel de figuras consa-gradas

—En estos casos, hubo, hay y habrá una especie de contrasentido. Por un lado, la suerte de poseer grandes valores, la calidad de jugadores duchos y experientes. Por el otro, la preocupación del manejo interno. La tarea requiere estar permanentemente arriba de ellos.

Uno de los aspectos positivos del cuerpo técnico fue que siempre mantuvo claro cuáles eran los roles de cada uno. Fuimos abiertos. Le dimos lugar a la participación de los basquetbolistas. Volcaron su opinión. Las recogimos y de acuerdo a nuestro entender, adoptamos las decisiones. En consecuencia, la comunicación fue muy fluida, especialmente a partir de los Play Offs.

Más allá de las presiones fue una temporada que sobrellevamos bien. No obstante, se registraron pasajes críticos en lo deportivo. Un afloje que no nos gustó ante Cordón y frente a Biguá en Play Offs. Fue una situación límite, corregida a tiempo.

—¿Se desprende que no hubo jugadores con mañas ni tirones de orejas?

—Sí, se dieron ese tipo de situaciones, pero no a diario. La franqueza nos enriqueció. Cuando tuvimos que decirnos las cosas, las dijimos. Los encontronazos fueron dilucidados dentro del grupo. No quedaron resquemores ni conflictos pendientes. Ello ambientó el fortalecimiento del grupo.

—¿Las claves del éxito?

—La herramienta fundamental fue la marca. Sobre todo en los Play Offs. Al no disponer del núcleo completo por la lesión de Marcelo Capalbo, el cuadro asumió que había que disimular las carencias defendiendo. Superamos los altibajos y volvimos a reducir los promedios de goles en contra. Ante Trouville recibimos menos de ochenta puntos por partido y frente a Olimpia, si bien pasaron los ochenta puntos, no hay que perder de vista que algunos resultados fueron mentirosos.

—¿La final anticipada fue con Trouville?

—No comparto eso. La serie ante Trouville fue dura. Enfrentamos a un cuadro con forma de actuar similar a la nuestra. Le ganamos bien. Olimpia fue duro y no se dio por vencido hasta último momento. El equilibro fue vital. Cada uno encontró su lugar para golear o defender según las circunstancias.

—Usted fue base ¿En qué medida lo beneficia?

—Te da una visión de juego. La labor de un técnico pasa por una una cantidad de cosas. Estrategia, conducción del conjunto, planificar, entrenar bien. Llevás un plus habiendo sido jugador. Y como base, tenés la cabeza abierta para determinada lectura del juego. Eso me resulta natural.

Se puso la celeste: defender duro para correr

—A nivel internacional ¿qué le conviene más a Uruguay, jugar como Defensor Sporting o como lo hace Olimpia?

—Depende del plantel. Las dos propuestas son válidas. Olimpia se desempeña así porque tiene un promedio de veintidós años de edad y no cuenta con dos pivotes del nivel de Cárdenas y Szczygielski.

Uruguay a nivel internacional tiene que priorizar la defensa por su falta estatura y por momentos, de dinámica. La marca exitosa te permite correr, hacer goles más fáciles y jugar contra defensas plantadas que es lo que más nos cuesta efectuar en el extranjero.

Con esto no quiero decir que el uruguayo debe ser amarrete.

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