Jugó lo que pesa: Cárdenas comió a todos los rivales

CARLOS MONTAÑO

Erik Cárdenas fue una de las figuras decisivas en el título de Defensor Sporting por su gravitación debajo del cesto. El panameño hoy pesa 120 kilos, pero cuando se integró a los violetas se subió a una balanza de máxima precisión y el indicador marcó ¡146!, hecho que asombró al plantel dirigido por Gerardo Jauri: "Arribé justo el día que el equipo perdió el primer partido.

Cuando me vieron mis compañeros quedaron impactados y se preguntaron como jugando a las adivinanzas, ¿cuánto pesara este tamaño tipo? Estaba muy pesado. Con ciento cuarenta y seis kilos. Me descuidé. Por naturaleza física, tengo tendencia a engordar. No es fácil manejar el asunto, pues soy bastante corpulento y al cuerpo no lo satisfago con un platito" cualquiera.

"Hay que alimentar ese lomito", fue la frase espontánea en el momento que se dio a conocer el basquetbolista. El centroamericano, a propósito de la manera de nutrirse dijo que: "La gente por ahí piensa que me la paso tragando todo tipo de bocados. No es así. Me alimento con la base de ensaladas, sobre todo de lechuga, tomates y zanahorias. Carne blanca; pollo o pescado. En ocasiones disfruté asados, que no estuvieron de más ya que el hierro de la carne roja es el que mejor se asimila. Los días de competencia ingerí ravioles con tuco para adquirir hidratos de carbono y energía antes y después de los partidos.

Cárdenas es consciente que su complexión gruesa trascendió en propios y extraños, pero dijo que es exagerado pensar que los lungos rivales fueron intimidados por él: "No creo que los haya amedrentado. Apenas me integré a esta liga, comprobé que el uruguayo no es temeroso".

"Consciente de mi tarea específica, fui el basurero debajo del cesto. Efectué el trabajo sucio y lo más fino quedó para el resto del plantel que está bien dotado técnicamente. Logré imponerme en las tablas, pero en varios encuentros me molestó la manera de arbitrar. Me desempeñé como a nivel internacional. Traté de ganar la posición con el cuerpo. Me cobraron faltas que no fueron".

El Bicho fue punto y los lungos, banca

El panameño contó intimidades del plantel: "El líder intelectual, que propiciaba el entendimiento era Gustavo Szczygielski.

Pedro Xavier, el alma del equipo. El capitán escondido. El hombre invisible como escribieron en El País. Si había una situación que tendía a ser crítica, él la relativizaba y terminaba echándola por tierra con sus picardías. Capalbo hablaba mucho, pero en el momento de las bromas se apartaba.

Luis Silveira tenía un aguante de película. Le hacían de todo. Le escondían el termo y el mate, conspirando contra un rito que a diario era tan sagrado como necesario para el "Bicho". También fueron muchas las veces que le cambiaban los pares de championes.

A mí y a Gustavo Szczygielski nos cargaban cuando llegábamos a los entrenamientos y teníamos menos carga que los demás por el desgaste que sufríamos en los partidos. "Vengan cuando quieran", "¡qué banca que tienen!", nos decían.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar