Los contrasentidos...

Como está dicho las circunstancias hicieron que el Gran Premio de Honor fuera perdiendo color con el transcurrir de los días. No es de extrañar demasiado que la carrera más larga del calendario no tuviese la jerarquía que demanda su rico historial, así tenemos en cuenta que en los albores de nuestro turf fue la que tuvo más alta recompensa, incluyendo el entonces clásico "Internacional", luego denominado José Pedro Ramírez. Hoy por hoy, los buenos fondistas no abundan en ninguna parte y por aquí, menos. Lo que es de lamentar y mucho, dado que son las carreras extensas las que más siguen gustando a los aficionados.

Los resultados que han tenido los clásicos mejor rentados —La Garufa, Guambia Bo, ayer Rich Li— es casi seguro que servirán para que la presencia de figuras extranjeras se incremente y a buen ritmo. Con el aval de los hechos y dotaciones que no desentonan con las de países vecinos, Maroñas será un polo de atracción importante. Y si algún día el Comité Interenacional restituye los Grupos al Uruguay, muchísimo más.

En una jornada sin grandes brillos y donde sólo un profesional —Walter Báez— logró más de una victoria, quizá haya más para criticar que para elogiar. Y entre otras muchas cosas, llama la atención que lejos de tomar medidas que ameritaban algunos percances sufridos por los equinos, se les está sometiendo a que los riesgos sean mayores. Que los altavoces de los monitores —mal ubicados— estén a toldo volumen en la zona de los boxes de espera y que luego estén en marcha tractores a su paso a competir, atentan contra animales de nervioso temperamento como por naturaleza, son los purasangres. Perjudicar a quienes son los actores básicos del espectáculo es un verdadero contrasentido.

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