Uruguayos

Jorge Savia

Desde que Nelson Acosta gritó un gol de Chile en el Centenario, se puso de moda el ejercicio de hurgar en las reacciones de los técnicos uruguayos que la selección celeste suele tener a veces de rivales. Y las conclusiones han sido diversas, según las muestras recogidas, y también las circunstancias.

El "Pelado", por ejemplo, volvió ahora a enfrentar a Uruguay como si nada. Después de la Eliminatoria pasada Markarian confesó que la experiencia terminó abrumándolo y dijo que creía que no soportaría tener que volver a atravesarla. Y recientemente fue posible ver a "Maño" Ruiz alegrarse, pero no realizar ningún tipo de exteriorizaciones extemporáneas con los 4 goles que Paraguay le metió a los celestes en el "Defensores del Chaco y, seguramente, salvaron su permanencia en el cargo.

Por aquello de que siempre se aprende, el vuelo de retorno desde Asunción tras el partido del Defensores del Chaco, dejó una enseñanza: menos de 24 horas después que su equipo le hubiera ganado al cuadro de Carrasco, el "Maño" viajó a Montevideo en medio del avión repleto de periodistas y gente del fútbol uruguayo. Guardando las distancias debidas, vino como uno más: charlando, preguntando, comentando. Acá, en la aduana del Aeropuerto, apenas bajó, los funcionarios —como amigos de todos los días— enseguida lo rodearon para hablarle de lo ocurrido la noche antes; y la señora y su hija lo esperaban en la que sigue siendo su casa. Acosta, en cambio, se fue a Chile en el 78, tiene hijos que crecieron y hasta se hicieron profesionales más allá de los Andes, y la vida —y el fútbol— quiso que en tanto tiempo volviera unas pocas veces para ir a acampar y pescar a orillas del Río Negro, en sus queridos pagos de la infancia en Estación Francia. Es decir: las situaciones personales de uno y otro son distintas. Y por ahí pasan las diferencias. No por el sentimiento de la nacionalidad, que no se grita; se lleva en el alma.

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