Mitos, historias y cuentos del fútbol

| Frase matadora antes de un clásico: "por tu culpa vamos a jugar con este caballo en la defensa"

JOSE MASTANDREA

El fútbol está lleno de mitos, de leyendas, de cuentos e historias. Pero poco se compara con las anécdotas de la Copa Libertadores de América.

Hoy, en pleno 2003, veinte años después de la notable campaña que le cupo a Wanderers en la edición de 1983, todavía se mantiene en pie un cuento que jamás pudo ser confirmado pero que levantó polvareda en el mítico torneo continental. La noche del 15 de mayo de aquel año, en la concentración de Cafo, donde el plantel bohemio esperaba su trascendente choque con el Olimpia de Paraguay, llegó una llamada telefónica que, en forma anónima, pidió para hablar con el entrenador Angel Castelnoble. La leyenda copera dice que el técnico escuchó algunos minutos la voz del otro lado del tubo y después cortó. De inmediato habló con el presidente del club, Mateo Giri, y más tarde lo hizo con los jugadores: "me dijeron que si poníamos cinco mil dólares, el partido era nuestro". Los futbolistas y el técnico se miraron. Era una oportunidad única de poder acceder a las semifinales dejando por el camino nada menos que a Nacional, ya que si Wanderers vencía, automáticamente clasificaba a la siguiente ronda. La historia dice que Mateo Giri se opuso: "si ya le ganamos en Asunción (3-2) no veo porqué no podemos ganarle en el Centenario", indicó. No hubo trato. Al otro día, el 16 de mayo de 1983 y ante 20.000 personas en las tribunas, Wanderers empataba al término del primer tiempo 0 a 0 con el equipo paraguayo. "¿y?", preguntó el "Loco" Yanes, el centrodelantero bohemio. Un rival le respondió: "todavía tienen 45 minutos para decidirse". En el vestuario se volvió a tocar el tema. Pero la dirigencia no quiso "pactar" por nada del mundo. "Les vamos a ganar igual", aseguraron. El partido terminó en empate a cero. Nacional fue el que clasificó porque dos días después le ganó al Olimpia 3 a 0 y pasó a semifinales por mejor saldo de goles. Tuvo 12 a favor, 4 en contra. Wanderers terminó con 9 a favor y 5 en contra, aunque los dos sumaron 9 puntos cada uno. Wanderers aquella noche copera formó con: Langone, Esnal, De los Santos, Melián, Mancinelli, Meroni, Carreño, Barrios, Yanes, Arias y Acosta. Olimpia lo hizo con: Almeida, Benítez, R. Delgado, Solalinde, Kiese, Krauseman, Ortiz, Guasch, Pangrazio, Bobadilla, Samaniego.

Hasta hoy nadie puede asegurar que esa llamada hubiese sido de "un allegado" al plantel de Olimpia. Ni siquiera que ese diálogo en la cancha haya existido. Pero muchos afirman que fue verdad...

¡QUE ALIENTO! Ese mismo año (1983), Nacional empezó la temporada con el equipo "de las estrellas", contratando a figuras de renombre internacional. El conjunto tricolor hizo un Campeonato Uruguayo notable bajo la conducción técnica de Víctor Espárrago, uno de los "leales del ’71". Nacional había vencido en el primer clásico (2-0) y llegaba al segundo encuentro ante el tradicional rival dispuesto a confirmar su neta supremacía. Peñarol llegaba herido, decidido a cortar la racha triunfal de su adversario. Esa tarde, los albos hacían debutar en un clásico a Ricardo Aja, un defensa, incorporado a comienzos de año de Parque del Plata, equipo que militaba en la "C". Con apenas 20 años y con la ilusión a cuestas, el corpulento zaguero había entrenado "con todo" en la semana previa al clásico. Pero claro, aquel plantel tricolor no era fácil. Tenía hombres duros, que habían sido Campeones de América y del Mundo. Precisamente, ni a Rodolfo Rodríguez ni a Washington González le "caía" bien que debutara el juvenil justo en el clásico. Pero Espárrago lo respaldaba, le daba para adelante y confiaba ciegamente en él. Con ese clima, el plantel llegó al Centenario. Después de cambiarse en el vestuario, el grupo salió a calentar en uno de los pasillos que está debajo de la Tribuna América. En ese momento, llegó Juan Ferrari, fracturado y con muletas. Uno de los referentes no pudo con su genio: "¡mirá bien... por tu culpa vamos a jugar con este caballo!", gritó señalando con su dedo índice al desprevenido Aja. El juvenil sólo atinó a morderse los labios y se juramentó demostrar lo contrario apenas pisara el césped del Centenario. Tras 90 minutos durísimos, Nacional ganó 1 a 0 con gol de Carlos Berrueta y Aja fue una de las figuras neutralizando a una de las armas ofensivas de aquel Peñarol, el "Chicharra" Venancio Ramos. El tricolor ganó, mantuvo la punta y dejó a Peñarol último, a 16 puntos en la tabla de posiciones cuando todavía los partidos ganados sumaban dos unidades. Nacional formó con Rodolfo Rodríguez, Moreira, Aja, Aguirregaray, W. González, Berrueta, Luzardo, Perdomo, Aguilera, W. Cabrera y Villazán.

Después de ese año, llegó la tan recordada "depuración" de aquel plantel de Nacional...

Entre Mao y Rockefeller

En la temporada ’91 el Cr. José Pedro Damiani buscó impactar con la contratación de César Luis Menotti. La reunión con el técnico se produjo un sábado de mañana en el Hotel Claridge de Buenos Aires. A las 11.00, presidente y entrenador estrecharon sus manos y treinta minutos más tarde, Menotti era el nuevo técnico de Peñarol. En ese momento, se le preguntó a Damiani si no temía que se politizara al plantel debido a la promocionada ideología izquierdista de Menotti. "No hay problema. El caso de Menotti es como el del alemán Paul Breitner", dijo Damiani. "Son comunistas con yate", agregó. Y a propósito, comentó que había sido testigo cuando Ramón Mendoza, amigo personal de Damiani y presidente del Real Madrid en la década del ’70, firmó un nuevo acuerdo con Breitner. "Llegamos a la casa y era una mansión con piscina, canchas de tenis y garage para tres autos, todos Mercedes Benz. Me llamó la atención que en el hall, había un enorme mural de Mao Tse Tung. A Breitner le decían "Mao-Mao" Breitner por su devoción hacia el líder comunista. Cuando entramos en confianza le pregunté cómo hacía para vivir así, siendo admirador de Mao. Breitner no lo dudó y me dijo en un español muy rudimentario: "pienso como Mao pero vivo como Rockefeller".

El auto era ¡el 187!

Los comienzos de Francisco "Paco" Casal como empresario de fútbol fueron duros. Ya en aquel momento, muchos jugadores de primer nivel le pedían que los representara, que les "arreglara" sus contratos. Así fue como a fines de 1983 hizo posible el retorno de Juan Ramón Carrasco a Nacional en una operación que llevó a que Antonio Alzamendi fuera a la Universidad Autónoma de Guadalajara. Carrasco llegaba al club de sus amores y el "Hormiga" se iba al fútbol azteca. Cuentan que aquella noche, cuando "Paco" llegó a la sede tricolor para solucionar el contrato de Carrasco, lo estaba esperando toda la directiva. El novel empresario, apareció con un impecable traje y su melena rubia con cerquillo. Se sentó y cuando se acomodó el saco, apoyó un enorme llavero en la mesa con un logo inconfundible de BMW. Un directivo le preguntó si había dejado el "coche" en el estacionamiento de la sede y el empresario le dijo que no. Que no se había dado cuenta y lo había dejado "en 8 de Octubre". La reunión se extendió por varias horas y después de solucionar todos los detalles, Casal esperó que los dirigentes salieran y él se fue en busca de "su coche" que no era otro que el 187 porque el empresario no tenía auto: ¡le había pedido prestadas las llaves a un amigo!

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