El "Topo" dejó un hoyo

La semana pasada, más precisamente el domingo 29 de junio, Guillermo Sanguinetti jugó por última vez un partido oficial y lo hizo defendiendo la camiseta de Gimnasia y Esgrima La Plata ante Huracán.

Fue una tarde para las emociones. Cuando ingresó el popular "Topo" a la cancha, lo hizo acompañado por sus hijos y las banderas de Argentina, Uruguay y Gimnasia. Inmediatamente, la hinchada local comenzó a gritar el tradicional: ¡u-ru-gua-yo, u-ru-gua-yo!. En el campo de juego estaban esperándolo sus compañeros de equipo y algunos de los invitados especiales, entre los que se encontraban Gregorio Pérez, cuyo nombre también coreó la tribuna de los "mensana", y Diego Scotti, que fue su compañero el año pasado.

Antes del comienzo del partido Sanguinetti recibió varios homenajes y cuando corrían 25’ del complemento le pidió la pelota al árbitro, se despidió de su hinchada y el"¡Topo, Topo!" inundó La Plata, mientras alguna lágrima corría por las mejillas del uruguayo.

Para la noche, Rita, su señora, le había organizado una cena sorpresa, que en última instancia no fue tal, ya que Guillermo se enteró esa mañana cuando a un dirigente del club se le escapó, aunque la infidencia no cambió nada. En la cena se dieron cita más de 300 personas y el "Topo" demostró que se encuentra muy bien del corazón, porque aguantó estoico la enorme carga emotiva que reinó durante el transcurso de toda la velada .

Los mellizos Barros Schelotto llegaron expresamente desde Buenos Aires para estar junto a su amigo; otros ex jugadores "mens sana" que compartieron el ágape fueron Mariano Messera, que defiende a Rosario Central, Andrés Guglieminpietro, que está jugando en Italia y Edgardo Adinolfi, que había jugado con Newells Old Boys en Rosario, y apenas terminado el partido se subió a su coche e hizo casi 400 kilómetros hasta La Plata, en algo parecido a lo hecho por Mario Rebollo que está con Martín Lasarte en River Plate y salió de Montevideo luego que su equipo terminara el partido y pudo llegar para compartir la emoción.

Para completar una noche inolvidable, Adinolfi, Scotti y Choy le entregaron un banderín y una corbata enviados por la Asociación Uruguaya de Fútbol.

La Plata será su lugar de residencia y el club que defendió desde el año 1991, cuando lo llevó Gregorio Pérez, ya le abrió las puertas para que refleje en la juventud toda su categoría como jugador, pero por sobre todo inculque a los pibes su manera de ser, que es mucho más importante.

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