JOSE MASTANDREA
Es lo que hay valor...", le dijo un hincha aurinegro al amigo que se iba malhumorado del Estadio Centenario. El émulo de Alberto Kesman trató de darle ánimo pero no pudo.
Peñarol terminaba de vencer a River Plate por 2 a 1. En forma agónica. Recién en los últimos minutos dio vuelta un partido que parecía perdido. Pero más que ganarlo Peñarol, lo perdió River. Porque no supo liquidarlo. Porque falló a la hora de definir y porque no aguantó la reacción aurinegra en los quince minutos finales del encuentro.
En el arranque ya se vio que el conjunto darsenero no iba a ser un rival fácil. Se plantó muy bien en la cancha y le jugó de igual a igual al grande. En la primera oportunidad clara, Adrián Sarkisian sacó un zapatazo desde el borde del área y colocó la pelota en el ángulo superior izquierdo del arco aurinegro. Iban 24 minutos de juego y River ya se ponía 1 a 0.
Peñarol no reaccionó. Siguió dormido. No salió a buscar el empate. Se arrimó más, es cierto, pero fue porque el darsenero se recostó en su campo y le cedió espacios. Hubo chances para los aurinegros, pero no se concretaron.
En el complemento todo siguió bajo la misma tónica. Diego Aguirre ya le había dado entrada a Fabián Canobbio (a los 36’ por Fabián Cesaro) buscando más claridad, más profundidad, más fútbol. Sin embargo, hasta promediar la segunda parte, Canobbio no apareció. Lo hizo después que ingresó Gabriel Cedrés. Allí se encontraron. Se juntaron y Peñarol comenzó a desperezarse.
En las tribunas casi desiertas, la hinchada aurinegra masticaba y cantaba su bronca: "hay que ganar... hay que ganarrrr... porque esta hinchada no aguanta másssssssss".
En la cancha, el equipo de Martín Lasarte dominaba, controlaba el partido y contragolpeaba. Tenía a los aurinegros contra las cuerdas, casi al borde del nocaut pero entre los yerros de sus delanteros y la salvada de Alejandro Lago —en la línea a los quince del complemento— mantuvieron el marcador 1 a 0.
River estaba haciendo su negocio pero no terminaba de firmarlo, de sellarlo. Ahí estuvo su error.
"La camiseta del manya se tiene que transpirar y sino no se la pongan.... vayanséeeee.... no robennnn mássssssssss". Otra vez los hinchas. Otra vez la Amsterdam que aún despoblada, enviaba su mensaje hacia la cancha.
Los minutos corrían, el partido se iba, el gol no aparecía. Pero llegó. Nació en los pies de Cedrés que habilitó a Bengoechea y éste, ante la salida desesperada de Haberli, tocó suave, por encima del arquero. Antes que la pelota cruzara la línea, la metió Bueno. Fue el 1 a 1. A esa altura inmerecido. Sin embargo, ese gol fue el detonante para la reacción del aurinegro. Peñarol se despertó, se motivó y a los dos minutos, otro acierto de Cedrés, terminó en la segunda conquista anotada por Canobbio de cabeza. Corrían 33 minutos de la segunda parte y recién ahí el equipo de Aguirre tomó las riendas del partido. Después sí, en la recta final, de contragolpe, Peñarol pudo ampliar la ventaja pero falló cuando pisó el área rival.
Ganó el aurinegro. Acortó tres puntos en la tabla anual pero le costó una barbaridad vencer a un River que no levanta cabeza y está en el fondo de la tabla. Peñarol se despertó a tiempo con los gritos que bajaron desde la Amsterdam...