Carrasco inició un nuevo proceso de selección con expectativas de cambios importantes. Por algunas insinuaciones anteriores y dichos claros de la semana queda claro que un área de cambio trascendente es el de la mentalidad.
Siempre dijimos que el nuevo técnico aseguraba algunas cosas. Seguramente mandará él. Salvo en el período de Passarella, hacía años que no acontecía. No hay dudas de que ni jugadores ni empresarios incidirán en sus decisiones como ya era común. Otra de las afirmaciones que hicimos es que cuando tenga la pelota, el equipo la tratará mejor, tendrá una ambición ofensiva superior, con mejor funcionamiento conjunto.
El cambio de mentalidad no solo incidirá en aspectos futbolísticos, en especial cuando se posea el balón. También tendrá que ver con otro aspecto deficitario en la mayoría de los clubes y selecciones celestes, el profesionalismo de los jugadores. Tras los entrenamientos de la semana pasada quedó claro el enojo de Carrasco por el muy bajo rendimiento de algunos jugadores, en especial los de Nacional. Aludió a que se notaron los festejos.
Hace mucho tiempo que la mayoría de jugadores perdió el sentido que debe caracterizar a un profesional que vive del fútbol y quiere hacer de él su medio de vida y la solución de los problemas económicos suyos y los de su familia. Varios son los factores que cambiaron y provocan ese deterioro.
Si es el propio jugador el que debe tener claro cuál debe ser su conducta en la cancha y fuera de ella, no es menos cierto que en este deterioro de valores profesionales tienen que ver técnicos, dirigentes y empresarios. El rol cada día más protagónico que éstos desempeñan incide enormemente en el cambio.
Cuando surgen valores con condiciones les compran un auto cero quilómetro a los 18 años, les dan dinero, les alquilan un apartamento, cuando aún no tienen claros sus deberes y cómo resistir a las tentaciones. El papel trascendente que los empresarios desempeñan en la vida de las instituciones, por la venta de los jugadores del club, o por la compra o seña de futbolistas para después vender su ficha en el exterior o adelantos a cuenta de pases futuros hace que técnicos y dirigentes muchas veces no adopten decisiones en materia disciplinaria por temor a reacciones de los empresarios. Muchas veces los empresarios no se hacen oír, pero existe la autocensura que condiciona los comportamientos, lo que es peor y más criticable que la censura.
Cada vez son más comunes los episodios en lugares nocturnos públicos en casi todos los días de la semana, los accidentes a avanzadas horas de la madrugada sin que se adopten sanciones ejemplarizantes que modifiquen los hábitos y hagan retomar la vida que debe realizar un profesional del fútbol.
Carrasco parece dispuesto a cambiar la pisada. Más que nada con decisiones que hagan sentir su autoridad. Lo del miércoles pasado fue un aviso. Los que no lo entiendan lo pagarán caro.