Se siguen inflando más pelotas de básquetbol que de fútbol

SILVIA PEREZ

Faltaban 45 minutos para el inicio de la segunda final de la Liga Uruguaya y las cuatro boleterías, bien iluminadas y con guardia policial, vendían a buen ritmo.

Adentro, las hinchadas ya palpitaban los nervios del partido. Esta vez los violetas habían llegado temprano, seguramente entonados por la victoria del lunes. Como en el partido anterior, los sanduceros estaban ubicados en la Tribuna Buzzetti y los violetas en la Turturiello.

A las 20 y 45, Defensor Sporting salió al rectángulo. De un lado, los recibió un carnaval de papelitos, del otro, estridentes silbidos. El "Bicho" Silvera saltaba tocando el tablero, mientras Niquichenco firmaba una camiseta. En eso apareció Paysandú. Fue recibido por el agitar de banderas y el grito de su gente: "¡Sanduceeero, sanduceeeero!".

"¿No vieron al ‘Chivo’ Blanc?", preguntaba Alvaro Tito. Finalmente, los dos hombres se encontraron detrás del banco de Paysandú y se estrecharon en un emocionado abrazo. ¡Cuántos títulos, cuántos recuerdos!.

El delegado de Nacional, Alejandro Balbi Della Valle apareció en el Palacio. Seguramente se imaginaba a su querido Unión Atlética viviendo, algún día, lides semejantes. Osky Moglia, Marcelo Capalbo y Luis Pierri compartían una fila, acompañados por sus respectivas esposas.

Iban 4 minutos y Marcel Bouzout convirtió su primer doble. Se dio vuelta y señaló a la hinchada sanducera, dedicándoles la conquista. En el primer balcón colgaba una improvisada pancarta dedicada al pivot. Sobre papel amarillo se leía ¡Aguante Marcel! y la escritura estaba rodeada por corazones con brillantina.

"¡Vamos Paysandú!", gritó eufórica una joven mujer, quien junto a su familia, aguantó estoicamente todo el partido cerca de la hinchada violeta. "¡Vamos sanducero!", insistió. Su pequeño hijo, de unos tres años, la miró atónito. Seguramente, nunca la había visto gritar así. "¿Estás loca, mamá?", le preguntó extrañado, pero un rato después saltaba y gritaba a la par de su madre.

El bochinche era infernal: los hinchas violetas usaban las sillas para golpear cuando un jugador de Paysandú estaba a punto de lanzar un libre.

Cuando faltaban 20 segundos para el final, la visita comenzó a acariciar el sueño de llevarse una victoria de Montevideo. "¡Olé, olé, olé, cada día te quiero más. Sanduceeeero, es un sentimiento, no puedo paraaaar!". En medio de la hinchada un cartel verde rezaba: "100 % sanducero". El mismo dejaba claro cuál es el espíritu del fenómeno del básquetbol en Paysandú, el que le quiso dar el grupo de empresarios que, aunque hacía más de 15 años que no iban a un partido, se acercó al club. Por ese mismo concepto fue que rechazaron a Norteña como sponsor, a pesar de que la compañía cervecera había sido la primera en acercarse. Lo hicieron cuando la empresa cerró la planta en el departamento, no podían llevar en la camiseta el nombre de una compañía que había dejado a tantas personas en la calle. El gesto, acercó aún más a la gente, y según cuentan, hoy, en las estaciones de servicio sanduceras, los niños piden para inflar más pelotas de básquetbol que de fútbol.

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