EDWARD PIÑON
Llegó el título y hubo fiesta. El "Loco" Abreu dio la vuelta olímpica. Ruben Sosa y Marco Vanzini entraron en el segundo tiempo para alegría de la hinchada. El equipo fue otra vez contundente y festejó como invicto.
Ya está. El Apertura 2003 entró al bolso y eso que Deportivo Maldonado planteó dura batalla. Pero al equipo de Daniel Carreño no hay con qué darle. Ni siquiera dominándolo futbolísticamente se lo puede frenar.
No hubo prórroga de ningún tipo. El día que había que ganar el campeonato, Nacional demostró que es un campeón por destrozo. Más allá de las apreciaciones que se puedan formular sobre el encuentro, no hay argumento que pueda contrarrestar un hecho contundente: ganó el certamen en forma anticipada y con nueve puntos de diferencia sobre el rival de todas sus horas.
Fue evidente que el conjunto fernandino llegó a preocupar a los tricolores y una clara prueba de ello es que la Amsterdam fue obligada a estallar. Un mar de gente ejercitó sus piernas e hizo vibrar al cemento en momentos que la mano venía complicada.
Es que la fiesta amagó a nublarse cuando el juez Carlos Aguirregaray no se percató que Federico Esquivel convirtió con la mano el tanto que le dio a Deportivo Maldonado una ventaja transitoria de 2-1.
La hinchada empujó y pidió que volviera el bravo tricolor, ese que en los últimos tiempos se acostumbró a ganar los partidos más difíciles.
El aliento creció. La Olímpica se contagió y no hubo persona que se acomodara en las butacas. Empero, la mano seguía complicada porque el equipo fernandino no dejaba grietas en su juego y porque con orden y dominio del balón lucía compacto.
Así y todo, no consiguió arruinar los planes que se habían trazado los dirigentes tricolores fijando valores populares para que la parcialidad recibiera una gran alegría. Con los mismos argumentos que lo hicieron contundente y arrollador en materia de obtención de puntos, los albos cargaron las armas y ametrallaron a la defensa de Deportivo Maldonado.
Por derecha, por izquierda y por el centro, como en el envío de Méndez, que Lembo peinó para que Juárez empatara el encuentro, el tricolor fue decididamente inaguantable.
Aunque el empate ya daba para entonar el "bolso va a salir campeón, el bolso va a salir campeón", los jugadores siguieron combatiendo en busca del triunfo. Eso también llegó. Fiesta total. Pero nada de superfestejos ni de ultra euforia. Al menos en ese aspecto, quedó la sensación de que se guardaron lo mejor para otro momento.