SILVIA PEREZ
Hace tres meses que Marcel Bouzout vive en Paysandú, y aunque está acostumbrado a las emociones fuertes, como jugar por la selección a Cilindro lleno, reconoció que la experiencia de jugar la Liga Nacional con el equipo sanducero ha sido única e inolvidable. Actualmente, el pivot vive en un apartamento a tres cuadras del centro de Paysandú y le es difícil caminar por cualquier calle de la ciudad: "esta ha sido una experiencia diferente y única diría yo. Como se ha vivido el tema de la Liga Nacional aquí, la importancia que le ha dado la ciudad, es impresionante".
—Cuando surgió la posibilidad de jugar en Paysandú, ¿te imaginabas todo esto?
—No, al principio fue el interés de un equipo como cualquier otro. Nunca hubiese imaginado todo lo que vendría después, que toda una ciudad iba a estar atrás. Nunca esperé tanto reconocimiento ni un trato excelente como el que me han dispensado. Es totalmente diferente a lo que es Montevideo. Allá salís a la calle y te conocen algunos, acá es toda la ciudad.
—¿Cómo han sido estos tres meses?
—Cuando llegué compartía el apartamento con Camilo Acosta, luego debido al tema de la lesión que experimentó Camilo, que lo iba a tener un buen tiempo parado, tomó la decisión de irse para Montevideo y hace un mes que estoy solo. Estoy cómodo y bien. Con el apoyo y el calor de la gente, sobre todo de los niños es imposible estar mal. Salgo a la calle y enseguida comienzan a saludarme: ‘¡Marcel!’, ‘¡Bouzout!’. Todos están pendientes del basquetbol ¡Es impresionante!.
—Cuando te incorporate al equipo, ¿pensabas que podían llegar a las finales?
—Fui uno de los últimos en incorporarme y encontré un equipo ya armado. Además, ya me conocía con todos y con la mayoría había jugado en Cordón. Uno siempre tiene ilusiones y el objetivo es salir campeón, pero la verdad no imaginaba que íbamos a llegar a las finales. Uno entrena y luego las cosas se van viendo cuando se pasa de etapa en etapa. Ahí te das cuenta del poderío del equipo y del tuyo propio. Antes soñabas, pero como algo muy lejano.
—¿Qué te dejaron las finales con Salto Uruguay?
—Un orgullo enorme. Pude ser parte de la fiesta desde la cancha, en un estadio repleto con 7.000 personas en las tribunas, que, por si fuera poco, coraron mi nombre. Es algo que nunca voy a olvidar en mi vida. He vivido finales en el Cilindro con la selección y con Cordón, pero esto es diferente. Son todos haciendo fuerza por lo mismo, tirando para el mismo lado. Ya en el primer partido, hice una jugada y comenzaron a corear mi nombre. Es algo que se me dio a mí sólo y eso que hubo otros jugadores a los que le han salido bien las cosas como a mí y no los han distinguido de la misma forma. He andado parejo con otros, y la suerte la tengo yo. Creo les caí bien o tenemos una química muy especial. Es algo que me llena de orgullo y a lo que voy a estar agradecido toda mi vida. Lo único que me faltó es que mi familia, mis padres y mi novia hubiesen podido estar acá para disfrutarlo conmigo, pero por razones laborales, no fue posible.
—¿Cómo la ves para las finales?
—Las finales siempre son difíciles. Son partidos parejos, porque son los dos mejores equipos, y plantel a plantel hay una gran paridad. Yo confío en lo que puede hacer Paysandú. Creo que podemos traer un buen resultado de Montevideo, a eso vamos. La meta es traer un buen resultado, después llegará o no.