Empezó la "era Carrasco". ¡Y cómo! Con un triunfo. Es más, por la forma cómo se consiguió, con la línea futbolística que desplegó el equipo celeste, y más allá de lo expuesto por el adversario, que no es otro que obtuvo el cuarto puesto en el Mundial del 2002 aunque este elenco coreano de ayer dejó la sensación de no ser —ni cerca— el mismo equipo del año pasado, hasta se podría decir, sin temor "pasarse para el otro lado", que la "era Carrasco" empezó con un triunfazo: Uruguay ganó 2 a 0, siendo más que su rival casi desde el principio al fin del trámite, y no especuló en ningún instante; al contrario, puso e impuso en la cancha todo aquello que el técnico pregonó, incluso desde antes de llegar al cargo, diciendo que, aún en el nivel internacional de los tiempos actuales, es capaz de hacer el fútbol uruguayo.
DIFERENCIA.El de la víspera en Seúl fue un partido abierto, como se preveía a partir de los anuncios de Carrasco y lo que se conoce de los coreanos, que se dividió en las dos etapas tradicionales y que, en este caso, tuvieron desarrollos casi similares. La única diferencia, si acaso, estuvo que en los primeros minutos de los 45 iniciales, Corea aprovechó que a Uruguay le llevó cierto tiempo acoplarse al ritmo, la velocidad y la dinámica de los locales, que por un breve lapso parecieron que iban a explotar el único filón que pareció dejar abierto a las posibilidades del rival el conjunto visitante: los envíos largos y cruzados que cayeron a espaldas de los zagueros centrales uruguayos.
CALCO. Con excepción de ese tramo, que no fue más allá de los 8 o 9’ de la primera parte, los dos tiempos fueron casi un calco: los celestes asumieron una actitud ofensiva, manejaron la pelota y por pasajes coparon la cancha hasta que llegó el cuarto de hora final de cada período y menguaron las fuerzas para sostener ese fútbol —atípico, por cierto—que estaban desplegando; en cada uno de estos tramos del cotejo, el equipo de Carrasco convirtió un gol —el primero de Hornos, a los 13’, ante gran pase de Liguera y un grueso error de un zaguero contrario, y el segundo de Abreu, a los 53’, merced a una larga y efectiva triangulación en la que también participó Hornos, y se gestó con un preciso cambio de frente de Peralta— después y antes de crear otras varias situaciones favorables de cara al arco coreano.
Otro matiz, quizá, estuvo en los protagonistas que tuvo la selección para llevar adelante el "plan Carrasco". El "Pato" Sosa, enorme y sacrificado, fue siempre, de principio a fin, el sostén del mediocampo e, incluso, el tornillo que se clavó en el fondo para tapiar algunas rendijas que se abrían en la zaga ante la velocidad de los coreanos. Pero, salvo el "Pato", los demás ejecutores cambiaron: en el primer tiempo, el gran argumento atacante de Uruguay fue el flanco derecho del equipo celeste, donde la marca y arranque de Christian González, los pases de Liguera y la insistencia ofensiva de Hornos, armaron algo así como un "Triángulo de las Bermudas" para el cuadro locatario; y en el complemento, con los cambios, ese sustento se trasladó hacia el sector opuesto de la cancha. Esto es: con Liguera algo cansado y menos preponderante que en los 45’ iniciales, la habilidad de Peralta —que ingresó por Forlán— sobre la izquierda, el manejo del "Chino" Recoba y una mayor participación de Abreu por las zonas centrales de la cancha, resultaron también desequilibrantes. O, al menos, tan penetrantes como pregona Carrasco.
De esa forma, entonces, ganó Uruguay, con un nuevo sello, con un nuevo estilo, en el comienzo de una nueva era cuya meta es llegar al Mundial de Alemania, y en un partido que por esa razón tuvo algo de histórico y, además, cumplió —al menos por esta vez— con todo lo que el también nuevo técnico viene predicando desde hace bastante tiempo a esta parte: jugando con tres puntas y con creadores como Liguera y Recoba colaborando en la contención, los celestes llegaron en muchas ocasiones al arco contrario y, por contrapartida, también Corea hizo lo propio en otras muchas oportunidades en las que la seguridad de Munúa y los gruesos errores de definición expuestos por los futbolistas locales tuvieron bastante que ver con la concreción del resultado.
En suma, ganó Uruguay porque "no importa que nos lleguen mucho o nos hagan goles, si nosotros llegamos más o hacemos más goles que los rivales". Es decir: el equipo cumplió en Corea con lo que el técnico había sentenciado en Durazno. En cuanto a lo que pueda ocurrir de aquí en más y ante otro tipo de rivales, será cuestión de ir como en todos los procesos de selección, incluídos los que tuvieron un sello muy distinto al que quiere estampar ahora Carrasco: paso a paso.