Michael Jordan, para muchos el mejor jugador de la historia del baloncesto, acudirá hoy al escenario de los Sixers de Filadelfia para disputar el último partido del año con su equipo, los Wizards de Washington, y también para retirarse "definitivamente". Hubo otras dos —en 1993 y 1999—, pero ahora el astro dice estar seguro que no habrá otra vuelta.
Jordan quiere despedirse sin artificios, pasar por los campos donde realizó su brillante carrera como un integrante más de su equipo y con la seguridad de mantenerse dentro de la NBA, aunque no en los rectángulos.
La temporada de los Wizards, que no han conseguido clasificarse para disputar las series por el título, ha sido una decepción para Jordan, pero desde su particular posición también ha sabido valorar los aspectos buenos de sus dos últimos años.
"No llegar a los Play Offs es una decepción, pero también ha habido cosas positivas. Estos dos años me han servido para saber qué jugadores pueden ser parte de la organización y quiénes no cuando vuelva a ser presidente. También me han ayudado a ver jugadores que podemos sumar y a saber qué quieren estos jóvenes", indicó el jugador más valioso de seis finales de la NBA.
Antes del partido con los Knicks que eliminaron a los Wizards de los Play Offs, el Secretario de Defensa de Estados Unidos (ministro de Defensa), Donald Rumsfeld, le entregó a Jordan la bandera estadounidense que ondeaba sobre el Pentagono el 11 de setiembre del 2002, un año después del ataque terrorista a las "Torres Gemelas" de Nueva York.
"Yo soy de la vieja escuela, donde algunas cosas se hacen de forma muy tradicional. Ahora estamos en una era diferente y vivirla desde dentro me permite tener una noción mejor de cómo hacer las cosas en el futuro. Ningún director general o presidente de operaciones lo podría hacer y, para mí, es algo especial", continuó.