Vanzini repitió uno de sus goles salvadores

| Cuando Plaza parecía más rival que nunca, el "Palillo" sacó de apuros a los tricolores, con un cabezazo que abrió el camino hacia una victoria justa

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COLONIA | JORGE SAVIA

Ganó Nacional, bien, en forma justa aunque sin sobrarle mucho, y fundamentalmente por la diferencia que impuso sobre Plaza en el segundo tiempo, más que en los primeros 45’, y de esa manera quedó —junto con Wanderers— transitoriamente al frente de la tabla de posiciones del Torneo Clausura.

Más allá de eso, del estimable significado estadístico que tuvo para el elenco dirigido por Daniel Carreño la obtención de la victoria, el desarrollo y el desenlace del partido pueden haber tenido el valor intrínseco de una explicación, o una intepretación práctica, sobre una polémica situación como la que se planteó entre el técnico y Marco Vanzini, cuando el enblemático volante agarró las valijas y aceptó un ofrecimiento que tenía para irse a jugar a la China, lo que dejó a gran parte de la parcialidad con la sangre en el ojo, porque el hincha ve en el "Palillo" un verdadero símbolo de los títulos logrados en los últimos años y hubiese preferido que el entrenador, en lugar de dejarlo partir, hubiera manifestado expresamente el deseo de continuar contando con su concurso.

Es que el "Palo" es y representa eso que se vio anoche: entrega, marca, lucha y, cada tanto, un gol salvador, metido de cabeza o con cualquier otra cosa, por ahí —como esta vez— al saltar en un corner, y —fundamentalmente— en momentos en los que el gol de Nacional no se ve venir por ningún lado, o no surge nadie capaz de meterlo, por más que —aún por jugadas individuales o a los remezones— el equipo fabrique situaciones favorables como lo hizo en el primer tiempo de ayer en Colonia. Y Carreño no lo ignora, sólo que para el funcionamiento del mediocampo, quiere otro tipo de fútbol.

En otras palabras: es como cuando alguien va al dentista con dolor de muelas. Lo que quiere es un calmante que le saque la molestia de apuro. El odontólogo, en cambio, plantea la extracción, porque su condición lo lleva a encarar el problema más a fondo.

Lo del "Palillo" ayer volvió a ser la pastillita, entonces. Porque Nacional por el medio era groseramente impreciso para manejar la pelota. Por la derecha, por el lado de Benoit, en esta ocasión, llegaba poco. Unicamente lo hacía por el andarivel opuesto, por donde prosperaban las maniobras personales de Peralta y los desenganchas de Dadomo, aunque las popuestas que nacían de esa forma chocaban con que Alvez estaba muy solo o malograba las situaciones de gol que se presentaban delante suyo. Y eso no era todo. Plaza, incluso, había ido creciendo, juntándose, atreviéndose, y así como Pedro González reventó un pelotazo en un caño del arco de Munúa, hasta pudo haberse puesto en ventaja de no haber sido porque Leal también se perdió varias llegadas preciosas.

En esas circunstancias volvió a aparecer Vanzini con su clásico gol, que esta vez clavó de cabeza en un corner. Y calmó por completo los males de los tricolores. Tanto que, a partir de ahí, Plaza —que acusó el golpe— casi no atacó más, mientras que con los ingresos de Méndez y Juárez, Nacional armó un par de jugadas claras con las que pudo haber ampliado las cifras del triunfo y, lo más importante de todo, pasó a Peñarol y quedó transitoriamente al frente del Torneo Clausura.

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