Peñarol redujo a los Pumas al papel de gatos mansos: 2-0

| Los aurinegros demolieron física y espiritualmente a un rival al que, incluso, pudieron haber goleado

 portada deportes 20030312, peñarol pumas copa libertadores 2003 270x200

JORGE SAVIA

Ganó Peñarol. Bien. Tan bien que, de no haber sido por la pésima definición de sus delanteros en varias oportunidades, hasta pudo haber ganado por una ventaja más contundente, más amplia. Incluso por goleada.

Es más, salvo por lo que se vio en los 20’ finales, en los que quedó la sensación de que Hugo Sánchez —que se calentó mucho con la impericia de sus jugadores desde el costado de la cancha— debió haberse enojado consigo mismo más que con nadie por no haber puesto al brasileño Ailton de entrada o por lo menos bastante antes, el 2-0 del final dejó planteada, además de la certeza por la justicia del triunfo mirasol, una interrogante: estos mexicanos, como reza el dicho popular, ¿son o se hacen?

Esto es, ¿los Pumas son un equipito, como pareció después del cuarto de hora inicial de la primera etapa del encuentro de anoche en el Centenario, o lo hizo aparecer asi este Peñarol de la víspera, que le aguantó la risa de entrada, que le jugó desde el vamos con el mismo ritmo, la misma dinámica y hasta similar sentido de equipo funcionando con sus líneas apretadas, y de ahí para adelante, aunque demorara en hacerle los goles, terminó ganándole absolutamente la pulseada?

Y... la UNAM (o los Pumas, como le llaman en México) no es un cuadrazo, eso está claro. Pero es el mismo que perdió sobre la hora con Gremio en Porto Alegre, el que también le ganó al Bolívar como locatario sin dificultades, y el que hacía 11 partidos y más de un mes y medio que no le ganaba nadie.

O sea, en cuanto a si es —poco rival— o se hace, parece que fue Peñarol el que lo hizo quedar como se mostró anoche: después de ese primer cuarto de hora en el que los dos llegaron hasta el arco adversario con ataques profundos y penetrantes, fue como si el sólido, austero, por muchos momentos compacto, y hasta práctico Peñarol de anoche, hubiese mirado fijo a los ojos de los Pumas, le hubiera aguantado la mirada, y lo hubiese obligado, poco a poco, con el trabajo de desgaste y a destajo de Rotundo y Cesaro en el mediocampo, con las subidas de Fajardo por la banda izquierda de la cancha, y la dinámica con que intercambiaron puestos y funciones ese trío ofensivo que formaron Cedrés, Pacheco y Estoyanoff, a terminar bajando mansamente la mirada.

Lo de Peñarol sobre los mexicanos fue una demolición lenta pero total, al fin y al cabo. Porque, además, a esa "cuereada" que ganó el conjunto aurinegro en materia de actitud por sobre un rival que empezó marcando muy bien en la retaguardia, al punto que en durante casi todo el primer tiempo, aún dominando, tocando y triangulando, el elenco local sólo se arrimó al arco visitante con remates de distancia, pero después se fue alejando cada vez más de la valla defendida por Elduayen hasta que la entrada de Ailton le devolvió parte de su potencial atacante, se sumó otra que también pareció determinante: la demolición que, como ocurrió en las jugadas de los goles de Estoyanoff y De Souza, provocó el dueño de casa con su juego aéreo en el corazón del área adversaria. Porque Peñarol tampoco hizo un gran partido. Pero mirándolo fijo, fiero, y con un par de zarpazos, redujo a los Pumas al papel de simples gatos.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar