"Cometimos errores infantiles"

SILVIA PEREZ

Hacía rato que argentinos y colombianos estaban jugando el tercer partido de la noche. Los hinchas albicelestes, bulliciosos como siempre, saltaban alentando a su selección. Con esos gritos de fondo, los jóvenes futbolistas celestes fueron saliendo del vestuario. Estaban cabizbajos y angustiados. Seguramente, todos ellos habían soñado con un final muy diferente. Pero se iban del Estadio con las manos vacías y escuchando el aliento argentino. Carlos Diogo fue el primero en salir, pero lo hizo rápidamente y, como buena parte de sus compañeros, prefirió no hablar. Otros, en cambio, no tuvieron problemas en compartir sus sentimientos. Marcelo Guerrero salió y tomó de la mano a su pequeña ahijada, como había hecho después de cada partido del torneo: "me voy triste por el resultado, pero conforme porque esta vez Uruguay dejó todo". Luego, quien fue el mejor jugador uruguayo a lo largo del campeonato, agregó: "las cosas no se dieron porque nos afectó mucho la presión de la gente. No sé si no estábamos preparados para enfrentarla, pero cometimos errores infantiles que nos costaron muy caro. De todas maneras, jugar este torneo me dejó la oportunidad de haber actuado internacionalmente con Uruguay; haber sido parte de un grupo excelente y conocer a un técnico que se portó siempre muy bien conmigo y que muchas veces fue un psicólogo para muchos".

Mientras tanto, el defensa Carlos Valdez, dijo: "nos vamos con un sabor muy amargo porque no pudimos demostrar lo que realmente teníamos, más categoría y más garra. Fue un campeonato muy difícil para nosotros, nos pasaron muchas cosas. Hoy le digo gracias a la gente que vino a apoyarnos, aunque teníamos una remota posibilidad de clasificar".

El arquero tricolor Sebastián Viera, había tenido que bailar con la más fea. Le tocó entrar en el último partido, cuando ya las chances eran pocas: "me enteré que iba a jugar el día antes, en el entrenamiento. Da Silva vino y me dijo que me iba a tocar y me preguntó cómo estaba. Para mí fue un sueño cumplido. Yo lo esperaba y no me importó si me equivocaba o si fracasaba, porque soy un jugador profesional. Finalmente, fracasé, porque estaba dentro del grupo y fracasamos todos. Uruguay tenía todo para ir al Mundial, era uno de los favoritos y era locatario, pero nunca encontramos el juego colectivo. De todas maneras, frente a Brasil entramos con mucho confianza y hasta el último minuto tuvimos esperanza".

Y se fueron yendo, combinando entre ellos para verse, o al menos llamarse por teléfono, como compañeros de clase el último día del año. Esta vez el ómnibus no los esperaba para llevarlos al complejo de la AUF. La historia se había terminado.

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