Qué secreto esconden las calles de Punta Fría y cómo es la experiencia de subir el Cerro del Toro

Este destino tranquilo ofrece múltiples actividades para conectar con la naturaleza y con uno mismo, y su fundador, Francisco Piria, lo diseñó como una experiencia espiritual.

Fuente del Toro en Piriápolis
Fuente del Toro en Piriápolis.
Foto: Tatiana Scherz Brener.

Hay un sitio pequeño y tranquilo, de belleza virgen, que solo algunos privilegiados conocen muy bien. Está cerca de todo y de nada a la vez: a menos de tres kilómetros del centro de Piriápolis, en Maldonado, pero con un silencio y una paz difíciles de encontrar en esa zona; sobre todo, en temporada. Se trata de Punta Fría, conocido por su fundador, Francisco Piria (1847-1933), como “el edén de Piriápolis”.

Apenas circulan autos por sus anchas calles de tierra. Cada tanto puede verse algún perro o niños jugando a la pelota, y las verdaderas protagonistas son las calandrias, que caminan, saltan y vuelan sin prisa. Entre cerros y costa, esta península rocosa es ideal para descansar, conectar con la naturaleza y recargarse de buena energía.

Costa de Punta Fría
Costa de Punta Fría.
Foto: Tatiana Scherz Brener.

Piria fue un empresario, escritor, inventor, político y alquimista uruguayo. Le interesaban los símbolos universales y las representaciones cargadas de significado, lo que cobra aún más sentido cuando se observa el trazado de Punta Fría, que parece estar inspirado en el Árbol de la Vida. El geobiólogo y técnico en biorresonancia Carlos Rodríguez señaló: “La energía es importante para el ser humano y hay que saber manejarla. Un Piria, un Pittamiglio, un Lussich; todos ellos manejaban este tipo de conocimiento”.

La geobiología parte de la idea de que la Tierra es un organismo vivo que emite campos energéticos naturales. Estos campos pueden ser percibidos por los seres humanos de forma consciente o inconsciente, influyendo en el bienestar físico, emocional y espiritual. Rodríguez explicó que la ventana biológica —un intervalo de vibración considerado favorable para la vida— de ciertos lugares, como Punta Fría y Piriápolis en general, alinea todos los sistemas y órganos del cuerpo.

“No es casualidad que Piria haya elegido determinados lugares para colocar monumentos como la Fuente del Toro, la Fuente de Venus y la Virgen Stella Maris; todo forma una geometría que tiene que ver con el Árbol de la Vida, y el último proyecto que dejó fue Punta Fría”, sostuvo.

Rambla de Punta Fría
Rambla de Punta Fría.
Foto: Tatiana Scherz Brener.

Un balneario que llama a la introspección

Son muchas las culturas, religiones y filosofías que encuentran en el Árbol de la Vida un marco para interpretar quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos. Este símbolo ancestral contiene diez puntos —conocidos como esferas o luminarias— y 22 senderos que los conectan. De esta manera, en Punta Fría, el diseño urbano fue concebido como un mapa espiritual.

Rodríguez explicó: “Es la interpretación de las fuerzas de la creación manifestadas en la Tierra. Hay varias versiones; hebrea, cristiana, sufí, griega, romana, etcétera, pero acá usamos el sistema planetario para no incidir en ninguna religión. Es una movida espiritual, no religiosa”.

Mapa de los Senderos Peregrinos de Punta Fría
Mapa de los Senderos Peregrinos de Punta Fría.
Foto: Tatiana Scherz Brener.

Caminar por el balneario es una experiencia de conexión con la madre naturaleza, la brisa, el sol y la luna. Conocer el significado de los senderos y las virtudes permite meditar en movimiento; así, las calles dejan de ser simples caminos para pasar a ser Amor, Sabiduría, Prudencia y Soltar, entre otros. “Nos mueve a nivel físico, mental, emocional y, por supuesto, espiritual”, sostuvo el geobiólogo.

En 2022, la Asociación de Fomento de Punta Fría, en conjunto con Rodríguez y con el apoyo del Municipio de Piriápolis, señalizó las luminarias del Árbol de la Vida con estructuras hechas de adoquines y letreros que tienen códigos QR que llevan a una indicación sobre cómo meditar cada virtud en particular. La idea es sumar traducciones al inglés, portugués, alemán y francés, indicó el experto.

En fechas especiales, acompaña a peregrinos en un recorrido guiado por los senderos, pero impulsa a que todas las personas puedan hacerlo por su cuenta, cuando quieran y a paso propio. La caminata lleva entre una y dos horas y la dificultad es baja. Rodríguez recomendó comenzar dos horas antes de la puesta del sol para terminar en la Corona justo cuando el astro se esconde por el horizonte y el cielo adquiere tonos rojizos profundos.

Adoquines señalan la corona del Árbol de la Vida en Punta Fría
Adoquines señalan la corona del Árbol de la Vida en Punta Fría.
Foto: Tatiana Scherz Brener.

Conocer el Cerro del Toro

Cerca de Punta Fría, al noreste de la ciudad de Piriápolis, se encuentra el Cerro del Toro. Escalarlo promete aventura de principio a fin: caminos rocosos, algunos empinados, y una vista desde la cima que hace que todo el esfuerzo valga la pena. El acceso es libre y gratuito, y se puede ir en auto hasta la base y luego ascender a pie por senderos bien marcados.

La Fuente del Toro marca el inicio del paseo. Se trata de una estatua del animal de tamaño natural, traída expresamente desde París por Piria para completar la trilogía de fuentes que ideó e inauguró en 1911. Por su boca brota un chorro de agua mineral natural y tiene un peso aproximado de tres toneladas.

Fuente del Toro en Piriápolis
Fuente del Toro en Piriápolis.
Foto: Tatiana Scherz Brener.

El primer tramo del ascenso lo facilita una escalinata angosta. Luego, el resto son caminos repletos de grandes piedras, pasto y una vegetación envolvente. En verano, se llena de gente que quiere llegar a la cima; incluso familias con niños y personas con termo y mate (esto último no se recomienda porque atenta contra la seguridad de quien lo carga y del resto de los visitantes).

Son casi 250 los metros que separan la cumbre del cerro del nivel del mar. Hay, al menos, dos cimas bien señalizadas y en ambas se obtiene una vista panorámica amplia, que combina mar, ciudad y sierras. En un día despejado puede verse el Río de la Plata, Piriápolis y sus playas, el Cerro Pan de Azúcar, el Cerro San Antonio y parte de la Sierra de las Ánimas, y el paisaje serrano, que da una sensación de amplitud y calma.

Vista desde la cima del Cerro del Toro.
Vista desde la cima del Cerro del Toro.
Foto: Tatiana Scherz Brener.

Lejos de las postales más transitadas, Punta Fría invita a vivir el verano desde otro ritmo: el de las caminatas sin apuro, el ruido del mar que acompaña y los cerros con sus vistas impresionantes. El destino ofrece un descanso que no se mide en actividades sino en sensaciones, ideal para reconectar, respirar hondo y dejar que los días largos transcurran con la calma justa.

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