Un viaje hacia los misterios del Sol: cómo es y qué hará la sonda enviada hacia la estrella

La nueva sonda partió hacia el Sol. Foto: Reuters
The Solar Orbiter spacecraft, built for NASA and the European Space Agency, lifts off from pad 41 aboard a United Launch Alliance Atlas V rocket as the full moon is seen above at the Cape Canaveral Air Force Station in Cape Canaveral, Florida, U.S., February 9, 2020. REUTERS/Joe Rimkus Jr.
JOSEPH RIMKUS/REUTERS

CIENCIA

La sonda Solar Orbiter tomará las primeras imágenes de las regiones polares de la estrella.

La sonda europea Solar Orbiter está camino al Sol, para tomar las primeras imágenes de sus regiones polares, además de estudiar y tratar de predecir su comportamiento y sus efectos en la Tierra, para lo que se acercará a solo 42 millones de kilómetros.

En la madrugada del lunes, cuando pasaban tres minutos de las once de la noche en Florida (04.03 GMT) el horizonte de la mítica base de Cabo Cañaveral se iluminó con el fogonazo que salía de los motores del cohete Atlas V que dio a la sonda su primer empujón al Sol, aunque para llegar a su órbita definitiva, dentro de dos años, contará con la ayuda de la gravedad de Venus y la Tierra.

Un despegue que combinó la oscuridad de la noche con la luna llena hacia la que se dirigió el cohete en una trayectoria curva para crear uno de los despegues más hermosos que recordaban algunos de los responsables de la Agencia Espacial Europea (ESA).

El director científico de la ESA, Gunter Hasinger, dijo que fue u201cmaravillosou201d, el cohete u201cfue directamente hacia la Luna, parecía que viajaba a la Lunau201d.

El espectáculo fue u201csuperestéticou201d según el jefe de la Oficina de Coordinación de la ESA, Fabio Favata, quien aseguró que u201cha sido el lanzamiento más lindou201d que haya visto nunca, parecía u201cuna películau201d. A los 57 minutos del despegue, Solar Orbiter mandó su primera señal a Tierra y poco después desplegó sus paneles solares, empezando así su viaje.

Ilustración de la nueva sonda. Foto: EFE
Ilustración. Imagen: EFE

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Esta misión de la ESA con colaboración de la NASA, será la primera en estudiar las regiones polares y en hacer observaciones simultáneas del astro y de lo que sucede alrededor de la sonda, acercándose al Sol todo lo que permite la tecnología para que no se dañen su telescopios.Así intentará dar respuesta a cómo se crea la heliosfera -la burbuja magnetizada que envuelve el Sistema Solar- cómo surge y se acelerar el viento solar -una corriente de partículas energéticas (principalmente protones y electrones)-.

Además buscará dar respuesta a cuál es el origen del campo magnético, responsable de toda la actividad del sol y que pasa por ciclos de once años cuyo funcionamiento se desconoce, y cómo todo ello influye en la meteorología espacial que afecta a la Tierra.u201cEste es el final de un largo camino y ahora se abre un excitante futurou201d, señaló a el responsable del proyecto científico por parte de la ESA, Daniel Müler.Solar Orbiter, o Black Bird (pájaro negro) como lo llama el equipo, es un cubo de unos tres metros y 1.730 kilos, equipado con diez instrumentos, seis paneles solares, cuatro antenas y un mástil.

La nueva sonda partió hacia el Sol. Foto: Reuters
Foto: Reuters

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Esa es la ciencia que necesita para mirar a la cara a todo un gigante, dentro del cual caben 1,3 millones de tierras. Lejos de su apacible apariencia cuando se mira desde aquí, el Sol desarrolla una actividad frenética: emite constantemente un viento de partículas energéticas, produce erupciones, eyecciones y tormentas que pueden llegar a nuestro planeta y dañar la tecnología.

Comprender la física del Sol ayudará a predecir fenómenos meteorológicos espaciales y minimizar sus efectos en los satélites, las redes de telecomunicaciones, las eléctricas y de GPS, así como proteger a los astronautas de la Estación Espacial.

Para ver y fotografiar las regiones polares, donde se producen importantes fenómenos para entender el mecanismo magnético de la estrella, adoptará una órbita única, 32 grados por encima de la elíptica -el plano en el que giran los planetas-, que le llevará a 42 millones de kilómetros del astro, incluso más cerca que Mercurio.

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