CIENCIA

Tuberculosis y COVID-19 empatan hoy como las enfermedades infecciosas más letales

La irrupción del SARS-CoV-2 bajó el diagnóstico de tuberculosis; ¿qué se investiga sobre esta enfermedad en el país?

La radiografía ayuda al diagnóstico de tuberculosis. Foto: Archivo El País
La radiografía ayuda al diagnóstico de tuberculosis. Foto: Archivo El País

El villano Mycobacterium Tuberculosis es enviado a la cárcel El Macrófago. Pero tiene un plan: huir de la celda y hackear el sistema con la proteína Fosfata PtpA. Para saber cómo es esta historia hay que leer el cómic de Coco y Fran en “El Plan de Tuberculosis” que los creadores de Bacterias: La historia pequeña jamás contada (investigadores del área de Microbiología del Instituto de Investigaciones Biológicas Clemente Estable) realizaron a pedido de la Sección Bioquímica y Biología Celular de la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República.

Este y otros materiales de divulgación científica se darán a conocer hoy, Día Mundial de la Tuberculosis, para dar un mensaje que Andrea Villarino, líder del proyecto que busca combatir la enfermedad a través del estudio de la proteína bacteriana fosfatasa PtpA, resumió así: “La gente piensa que no existe en Uruguay pero es un problema enorme”.

tuberculosis
Breve historieta sobre Mycobacterium Tuberculosis dirigida a la educación de los niños.

Mundialmente, la tuberculosis era la enfermedad infecciosa que causaba más muertes en el mundo hasta que llegó el SARS-CoV-2; ahora comparten el título. Y, para más problemas, una complica a la otra. “El diagnóstico debe hacerse con el médico y ahora no hay presencialidad para las consultas. Hay un retroceso en el diagnóstico de tuberculosis que va a tener consecuencias. Hay expertos en Estados Unidos que dicen que es un retroceso de 50 años en el control de la tuberculosis”, apuntó.

Desde 2007 se ha registrado un aumento progresivo en los casos de tuberculosis en Uruguay. En 2017 se constataron 879; al año siguiente se pasó a 1.043 y en 2019 a 1.166. La tendencia se cortó en 2020 al totalizar 968 casos, pero esta no es una buena noticia, puesto que las pruebas de diagnóstico cayeron a casi la mitad, según informó la Comisión Honoraria para la Lucha Antituberculosa y Enfermedades Prevalentes en diciembre.

Villarino investiga a Mycobacterium Tuberculosis desde hace más de siete años. Lo hizo en el Institut Pasteur en París, luego en Brasil y ahora en la Facultad de Ciencias. En concreto, ella y su equipo estudian a fosfata PtpA, la proteína que la bacteria inyecta dentro de los macrófagos. Estos son las células del sistema inmune que se encargan de internalizar y neutralizar al agente patógeno. “Son las células que están en la primera línea de defensa. Van a estar en los pulmones atentos a la entrada de cualquier patógeno. Si esto ocurre, se lo comen (o fagocitan)”, explicó la especialista.

Hay un pero y es el siguiente: “Los microorganismos como la tuberculosis han evolucionado mucho. Ya no es la misma cepa que hace siglos. Ha usado distintas estrategias para evadir esta respuesta inmune y hacer del macrófago su casa. Y allí puede persistir durante años hasta el momento adecuado para salir de esas células y colonizar tejidos”.

Se estima que una de cada cuatro personas porta el bacilo de la tuberculosis (también llamado de Koch) en sus pulmones o en algún lugar de su organismo sin padecer síntomas. La enfermedad se activa ante una situación inmunodepresora. En Uruguay hay 27,4 infectados cada 100.000, según datos de 2020 (un año antes la tasa era de 30). “Pero el problema es más grande: en gente en situación de calle, en las cárceles y en los núcleos familiares donde hay alguien que no se trata la incidencia es de hasta 3.000 cada 100.000 habitantes”, señaló Villarino.

La experta y sus colaboradores ya han demostrado cuáles son los blancos que podrían actuar sobre esta proteína pero deben continuar en revelar el mecanismo por el que PtpA participa redireccionando el metabolismo del macrófago para favorecer el hospedero sin que se la fagociten al infectar la célula.

El próximo paso de la investigación iba a darse en 2020 pero fue suspendido por la pandemia por el coronavirus. Lo que se busca es realizar ensayos de infección con la cepa real pero para ello se necesita un laboratorio con un nivel de bioseguridad 3 (permite el manejo de agentes biológicos potencialmente letales para el ser humano) y, por el momento, no hay ninguno disponible en Uruguay ni en la ciudad argentina de Rosario que era donde se iban a realizar las pruebas. Mientras tanto se avanza con una cepa cuya manipulación exige un nivel 2.

Villarino recordó que la tuberculosis tiene cura pero demanda de un apego a un tratamiento que oscila entre cuatro a seis meses. En el caso de una persona en situación de calle, por ejemplo, esto es sumamente difícil, por lo que considera que desde el sistema de salud se debe “dar una mejor respuesta”.

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