LA MARCHA DE LA PANDEMIA

Trombosis después de la vacuna contra el COVID-19: un efecto poco probable

El riesgo de un evento trombótico es mayor en otras situaciones que por la vacuna contra el nuevo coronavirus como han reportado casos por AstraZeneca y Johnson&Johnson

Vacuna de Astrazeneca contra el COVID-19. Foto: AFP
Vacuna de Astrazeneca contra el COVID-19. Foto: AFP

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La aparición de trombos en la población vacunada contra el SARS-CoV-2 arroja una sombra de duda sobre estos fármacos, en concreto sobre el desarrollado en conjunto por AstraZeneca y la Universidad de Oxford y el de Johnson & Johnson. Pero los datos avalan los beneficios de las vacunas contra el nuevo coronavirus.

En el primer caso se han registrado seis de estos efectos en un millón de personas vacunadas; en el segundo, se detectaron otros seis casos de trombosis cerebral en mujeres en siete millones; una tuvo un desenlace fatal.

No obstante, el riesgo de desarrollar eventos trombóticos graves es mucho mayor en otras situaciones, como el embarazo, una internación prolongada, por tomar anticonceptivos orales, fumar o por estar sentado en vuelos aéreos de más de seis horas, así también por patologías como una infección grave por COVID-19. Incluso se tienen más chances de ser víctima de un rayo (1 entre 500.000, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos).

Coágulos.

 ¿Qué es una trombosis y cuáles son sus causas? Valentina Mérola, docente de la Unidad de Hemostasis y Trombosis del Hospital de Clínicas, explicó que la trombosis es la formación de un coágulo de sangre en una vena o arteria que bloquea la circulación normal.

Cuando la trombosis es a nivel venoso, los coágulos pueden desprenderse y trasladarse hacia el pulmón, haciendo que el riesgo sea mortal. Se llama trombosis venosa profunda cuando ocurre en el sistema venoso profundo y embolia pulmonar cuando el coágulo se localiza a nivel pulmonar.

“Es la primera causa de muerte prevenible en los hospitales”, dijo Mérola. En el mundo, una de cada cuatro personas muere por causas relacionadas a esta enfermedad. La incidencia es mayor que el número de muertes provocadas por Sida, cáncer de mama y siniestros de tránsito combinados.

Es un desorden silencioso del que no se tiene cifras en Uruguay pero del que se conocen sus consecuencias: es una de las tres principales causas de muerte de origen cardiovascular junto con el infarto agudo de miocardio y el ataque cerebrovascular.

Las manifestaciones de una trombosis venosa son: inflamación de la pierna, dolor, cambios en la coloración y temperatura de la piel. Por otro lado, la embolia pulmonar causa en los pacientes dificultad para respirar, respiración rápida sin causa aparente, dolor en el pecho, ritmo cardíaco acelerado o desmayo.

Relación con la COVID-19.

Próxima pregunta: ¿tiene relación la trombosis con la COVID-19? Sí. La activación del sistema inmunitario puede originar este trastorno. La producción de coágulos es un fenómeno frecuente en los casos graves de coronavirus pero sin estar acompañado por un descenso del número de plaquetas (las células que intervienen en la coagulación), hecho que sí se registró en los cuadros posvacunación.

De acuerdo con Mérola, “la enfermedad por coronavirus aumenta mucho el riesgo de trombosis venosa. Datos internacionales muestran que de los pacientes hospitalizados por COVID, 150.000 por millón desarrollan trombosis”.

“Si bien no se sabe con exactitud, se plantea un mecanismo similar como causa de la trombosis vinculadas a la vacuna”, dijo la doctora.

Esa cifra es ampliamente superior a la asociada a los efectos secundarios de las vacunas. Por AstraZeneca se han reportado hasta el momento 222 casos de trombosis venenosas profundas entre 34 millones de vacunados en Europa. Esto es un total de seis casos por cada millón de dosis; en el caso de Johnson & Johnson, se constataron seis casos en siete millones de personas.

“Las trombosis reportadas se dieron fundamentalmente en mujeres jóvenes en los siguientes 14 días a la administración de la vacuna y localizadas en sitios inusuales (cerebro o abdomen). No se han identificado hasta el momento factores de riesgo para desarrollar esta complicación”, apuntó Mérola.

Y completó: “Por ahora podemos decir que es un efecto adverso muy infrecuente y que el beneficio de vacunarse lo supera ampliamente. Es importante que tanto los pacientes como los médicos estemos al tanto de esta posibilidad, para lograr un diagnóstico precoz y tratamiento adecuado”.

En este sentido, hay que estar alerta si la persona vacuna padece dolor de cabeza intenso, vómitos, visión borrosa, pérdida de fuerza o dolor abdominal.

Por otra parte, Mérola indicó que la trombosis cerebral o abdominal no es un efecto que haya sido reportado por ninguna vacuna; pero sí se ha observado una relación con la disminución aislada de plaquetas.

Las vacunas de Pfizer y Moderna están hechas con ARN; mientras que las de AstraZeneca y Johnson & Johnson, es decir, las que provocaron estos efectos secundarios, utilizan adenovirus como vector viral (este sistema también es compartido por la rusa Sputnik y la china de CanSino Biologics).

¿Cuáles son los riesgos?

Con todo, ¿cómo se compara el riesgo relativo de trombosis provocado por las vacunas a otras causas?

Por ejemplo, si se reportaron seis casos por millón de vacunados con AstraZeneca, se registran 1.000 casos por millón de mujeres que toman píldoras anticonceptivas o están embarazadas.

Si tomamos en cuenta los casos en pasajeros de vuelos de más de seis horas, solo a uno se le forman trombos cada 700.000 vuelos; y si pensamos en el tabaquismo, hay un caso cada un millón de fumadores.

“Si nos centramos en la COVID, por cada millón de pacientes hospitalizados, aproximadamente 150.000 pacientes desarrollan trombosis, por lo que es mucho más probable tener esta complicación por la enfermedad que por la vacuna”, concluyó Mérola. O que el caiga un rayo.

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