El 14 de mayo, mientras Donald Trump participaba en una ceremonia en el Gran Salón del Pueblo de Pekín junto a Xi Jinping –en la primera visita de Estado de un presidente estadounidense a China en casi nueve años–, Anthropic publicaba un documento que pasó casi desapercibido. El texto plantea como argumento central que los gobiernos democráticos deben cerrarle a China el acceso a los recursos que necesita para desarrollar inteligencia artificial de frontera antes de 2028 porque, si no lo hacen, el mundo quedará dividido entre sistemas de IA moldeados por democracias y autocracias. El documento identifica dos mecanismos concretos por los que China está acortando distancias hoy y pide medidas específicas para cerrarlos.
El primero es el acceso indirecto al cómputo. Los chips avanzados necesarios para entrenar modelos de frontera los fabrican empresas de países democráticos, y Estados Unidos restringe su exportación a China. Pero esa restricción tiene agujeros. Chips estadounidenses llegan a China por rutas de contrabando o son utilizados desde centros de datos en terceros países del Sudeste Asiático, una vía que los controles actuales no cubren porque regulan la venta de chips, no su uso remoto. Anthropic pide cerrar esas lagunas y aumentar los presupuestos de fiscalización.
El segundo mecanismo son los llamados ataques de destilación, en los que laboratorios chinos crean miles de cuentas fraudulentas para extraer de forma sistemática los outputs de los modelos estadounidenses y replicar sus capacidades a menor costo. Una especie de ingeniería inversa que un medio estatal chino describió como la “puerta trasera” que sus laboratorios usan como parte central de su modelo de negocio. Anthropic pide que el Congreso declare estos ataques ilegales y facilite el intercambio de información entre laboratorios para detectarlos y prevenirlos.
El documento parte de una imagen que Dario Amodei, CEO de Anthropic, había desarrollado en un ensayo anterior: la de un “país de genios en un centro de datos”. Es una definición técnica de lo que, según él, será la inteligencia artificial de frontera en los próximos años: millones de instancias de sistemas capaces de superar a cualquier Premio Nobel en cualquier disciplina, operando a velocidades cien veces superiores a la humana, de forma autónoma y sin fronteras físicas.
Los dos escenarios que Anthropic proyecta para 2028 son concretos. En el primero, Estados Unidos ha cerrado las lagunas y frenado los ataques de destilación, consolidando una ventaja de entre 12 y 24 meses en capacidades de frontera. Las reglas del desarrollo global de la IA las establecen las democracias, dicen ellos. En el segundo, la paridad se ha alcanzado y los modelos chinos están a pocos meses de los estadounidenses. El Partido Comunista Chino, que ya usa inteligencia artificial para vigilar minorías, censurar disidentes y operar contra infraestructuras de terceros países, tiene acceso a herramientas que no dependen de que ningún ser humano decida hasta dónde llegar. Para Anthropic, la diferencia entre ambos escenarios no está determinada por el ritmo del progreso tecnológico, sino por la política. Pero, para quien escribe estas líneas desde Uruguay, hay una pregunta que atraviesa el análisis: en este futuro que está a la vuelta de la esquina, ¿dónde queda América Latina?
El documento de Anthropic no lo menciona, pero la lógica de sus dos escenarios tiene una implicancia directa para la región. En el escenario deseable, la infraestructura global de IA la proveen empresas del ecosistema tecnológico de Estados Unidos y sus aliados. En el indeseable, China expande centros de datos en mercados de menor costo, ofrece modelos más baratos y construye influencia sobre esas economías.
América Latina, en ambos casos, aparece como territorio de despliegue, no como actor con capacidad de incidir en las reglas. Es la posición estructural que la región ha ocupado en cada transición tecnológica de los últimos dos siglos. La pregunta es si hay algo en la naturaleza de esta tecnología que permita algo distinto o si la velocidad y las condiciones del juego hacen que esta pregunta llegue demasiado tarde.