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Se formó como científico de forma autodidacta y trabajó con un Premio Nobel: 130 años de Clemente Estable

El 23 de mayo se cumplen 130 años del nacimiento del maestro que impulsó la investigación científica en Uruguay.

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Clemente Estable
Clemente Estable.
Archivo El País

El cinco de abril de 1961, el número 10 de la revista Reporter publicó, en su portada, la foto de un hombre de pelo blancopeinado hacia atrás, las cejas tupidas, los ojos negros que apenas se ven fijos en un microscopio. Es un plano medio, pero, sobre el borde inferior de la página se ve una túnica blanca, una corbata negra. En letras amarillas dice: “Clemente Estable: el sabio que ha sido ejemplo de juventudes para dos generaciones”.

Entonces Clemente Estable tenía 67 años y más de 30 dedicados a la ciencia, con 150 trabajos e investigaciones repartidos en libros, monografías y conferencias. Un año antes, en 1960, la Cámara de Diputados se reunió en sesión especial para rendirle un homenaje. Fue la primera vez que el Parlamento homenajeó a un hombre de ciencias sin ningún tipo de militancia política.

La nota, que ocupa seis páginas enteras de la revista, está firmada por los periodistas Eugenio Hintz y Carlos María Gutiérrez. Allí repasan la carrera y la trayectoria de Clemente Estable y destacan un aspecto: era un hombre de ciencia, pero, sobre todo, era una persona sensible, que se conmovía ante la belleza, que estaba lleno de poesía. Y que decía cosas como esta: “La investigación científica es un arte. Es indudable que en dicha investigación cuenta la subjetividad, la idiosincrasia, la imaginación creadora, no solo la realista: la intuición, la inspiración, lo racional consciente o inconsciente, no solo el razonamiento riguroso y la crítica severa, por más que las verdades de la ciencia sean o tiendan a ser impersonales. ¿No es igual tendencia la del arte, aunque menos perceptible?”

El 23 de mayo se cumplen 130 años del nacimiento de Clemente Estable. En esa fecha se conmemora, en su honor, el Día del Investigador la Ciencia y la Tecnología. Y, con esa excusa, elInstituto de Investigaciones Biológicas Clemente Estable preparó actividades para celebrarlo: charlas, talleres, visitas guiadas.

¿Quién fue ese hombre que investigaba el sistema nervioso y se conmovía con los pájaros, que fue homenajeado por políticos y nombrado Doctor Honoris Causa por la Universidad de la República, que fundó el primer Laboratorio de Ciencias Biológicas del Uruguay, institución que luego llevó su nombre? ¿Quién fue Clemente Estable?

Nació en 1894 en una zona rural del departamento de Canelones, cerca de lo que hoy es Santa Lucía, y fue el noveno hijo de una familia de inmigrantes italianos.

“Viví siempre en ambientes abiertos. He sentido una gran atracción por la naturaleza y los seres vivos”, dijo en la entrevista de la revista Reporter. Eso -el haber crecido rodeado de árboles y de plantas, de pasto y de cielos limpios- de alguna manera marcó el resto de su experiencia, el resto de su vida.

Uno de sus hermanos mayores, Nicolás, fue su primer maestro y, también, el que lo ayudó a preparase para ingresar al Instituto Normal de Varones, donde se estudiaba magisterio. A los 20 años dio las primeras clases en escuelas. Después empezó a enseñar en los Institutos Normales y, al poco tiempo, consiguió un puesto en la Dirección del Consejo de Enseñanza Primaria.

“La educación en la niñez fue uno de sus grandes intereses intelectuales, lo que lo llevó a proponer sistemas de aprendizaje basados en el estímulo de la curiosidad infantil, la observación y la experimentación. Diseña y propone incluso un plan de enseñanza en primaria que llega a aplicarse en algunas escuelas del país”, cuenta el doctor Pablo Zunino, profesor titular de Investigación del Departamento de Microbiología, Instituto de Investigaciones Biológicas Clemente Estable.

Desde 1994, en cada departamento del Uruguay, según la página de ANEP, hay una escuela que lleva su nombre, en reconocimiento a su trabajo como maestro y a su insistente estudio y reflexión sobre las teorías y prácticas de la pedagogía.

‘‘En rudimento, todo niño es todo. Recién después comienza a diferenciarse. No basta el instinto para vivir; hay que develar la realidad. Esa actitud se acentúa en algunos, en otros queda inhibida. El hombre, en general, se inhibe en su evolución porque se atiene a las exigencias de las respuestas inmediatas. Del primer grupo salen los hombres de ciencia; los demás toman por verdad ciertas creencias y hábitos”, dijo el maestro en la entrevista de Reporter.

Él, que reflexionó con vehemencia sobre tantas cosas, fue un hombre de ciencia. Siempre lo fue. Desde que se paró a contemplar la naturaleza cuando era un niño, desde que, siendo aún estudiante, se compró su primer microscopio. Por eso, mientras trabajaba en el Consejo de Primaria, estudiaba medicina de manera libre: iba a la facultad y escuchaba las clases de anatomía, de neurología y de fisiología.

Clemente Estable
Clemente Estable, docente e investigador uruguayo.
Foto: Archivo El País

Se formó así, escuchando, mirando, investigando y leyendo, sobre todo los libros de Santiago Ramón y Cajal, médico y científico español, premio Nobel de Medicina en 1906.

En 1922 el gobierno español le otorgó una beca. Clemente viajó a España y estuvo en Europa durante tres años. En ese tiempo, aprendió y trabajó en el Instituto de Investigaciones Biológicas, junto a Ramón y Cajal, que, en una oportunidad dijo: “Estable es uno de los espíritus más nobles y cultos que han pasado por mi laboratorio”.

En esos años en Europa centró sus investigaciones en el estudio del sistema nervioso. Pero también abarcó otros sistemas, como las bases celulares y fisiología del sistema cardiovascular. En 1923, de hecho, publicó algunos de sus estudios en la revista que editaba el Nobel.

“A su regreso al Uruguay, Estable obtuvo el cargo de director del Laboratorio de Técnicas e Investigaciones Histológicas en el recientemente fundado Instituto de Neurología por el Dr. Américo Ricaldoni. En esa época, donó su sueldo para promover becas a jóvenes estudiantes en la investigación neurohistológica”, dice Zunino.

En 1927 logró la creación de una institución dedicada a la investigación y la docencia superior en el campo de la biología, el Laboratorio de Ciencias Biológicas, y se rodeó de científicos de distintas áreas, desde genetistas a zoólogos. Para él, el encuentro de disciplinas en la investigación científica era un valor clave. Esa, quizás, es su obra más importante: un lugar de investigación que todavía existe.

Esa “impronta marca hondamente al actual instituto, caracterizado por su amplia diversidad temática en áreas de la vida y afines. Su actitud abierta y generosa para recibir y cobijar investigadores de diversas disciplinas permitió el desarrollo de tradiciones y ‘escuelas’ científicas en el Uruguay y a nivel internacional”, cuenta Zunino. Fue además, quien consolidó en Uruguay la profesión de investigador científico.

Pero, ¿quién fue Clemente Estable? Posiblemente sea una pregunta imposible de responder. Tal vez podría decirse que fue un maestro -en el más amplio de los sentidos- que defendió e impulsó a la cienciacomo parte fundamental del desarrollo de cualquier país.

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