NUTRICIÓN

Olvide la balanza, mejor mídase la cintura: el riesgo de tener una barriga pronunciada

Investigadores concluyeron que el tamaño de la cintura y la grasa abdominal pueden ser más eficaces para evaluar el riesgo de muerte prematura que el índice de masa corporal (IMC)

obesidad
Estudios determinaron que la relación entre la circunferencia de la cintura y la mortalidad por todas las causas “es lineal y logarítmica”

Recurra a un centímetro y mídase la cintura. Un grupo de investigadores de The North American Menopause Society concluyó que el tamaño de la cintura y la grasa abdominal pueden ser más eficaces para evaluar el riesgo de muerte prematura que el índice de masa corporal (IMC).

La clasificación actual de obesidad propuesta por la Organización Mundial de la Salud se basa en el IMC, que se calcula al dividir los kilos de peso por el cuadrado de la estatura en metros. De esta manera, los adultos cuyo IMC sea igual o superior a 30 kg/m2 se consideran obesos. Sin embargo, la licenciada en nutrición y expresidenta de la Sociedad Uruguaya para el Estudio de la Obesidad Mercedes Delbono dijo que el IMC “no informa sobre la distribución de la grasa corporal, no diferencia entre masa magra y masa grasa y es un mal indicador en sujetos de baja estatura, edad avanzada, musculados, con retención hidrosalina o gestantes”.

Nuevos estudios señalan que la grasa acumulada alrededor de la cintura, aun en personas con un IMC que no corresponde al sobrepeso o la obesidad, es un factor de riesgo significativo.

Para Miguel Kazarez, nutricionista y magíster en nutrición deportiva, el principal problema es que la grasa abdominal “aumenta seriamente el riesgo de enfermedad –en particular de enfermedades crónicas no transmisibles como diabetes, hipertensión, cáncer, osteoporosis, entre otras– y de morir”. Es hora de conocer qué tan ensanchada está su barriga.

Obesidad. Foto: Pixabay
Se considera que hay riesgo cuando la cintura de un hombre es superior a los 94 centímetros; para una mujer la alerta es a los 80 centímetros.. Foto: Pixabay

Cuestión de centímetros.

Un estudio en 150.000 adultos de la Ciudad de México que fueron seguidos durante 14 años, publicado recientemente en Annals of Internal Medicine, encontró que la relación entre la circunferencia de la cintura y la mortalidad por todas las causas “es lineal y logarítmica” en todos los rangos de edad analizados.

En concreto, se encontró que cada aumento de cinco kilos sobre metro cuadrado en el IMC significaba un aumento del 30% en la mortalidad por todas las causas. Además, llamó la atención que, incluso, personas con IMC por debajo de esas cifras tenían también un aumento de riesgo de muerte, lo que fue relacionado de manera directa con el tamaño de la cintura.

En los seres humanos se diferencian dos depósitos principales de tejido adiposo blanco (o grasa blanca): el subcutáneo (que corresponde al 80% de la grasa total) y el visceral. Si es por señalar un enemigo, apunte contra el segundo. Es la grasa que se encuentran en la zona abdominal y rodea los órganos internos.

Ernesto Irrazábal, médico endocrinólogo de la Clínica de Obesidad y Cirugía Bariátrica del Hospital Italiano, explicó que las células de la grasa visceral, llamadas adipocitos, son distintas a las de la grasa subcutánea. “Metabólicamente son mucho más activas”, indicó. Estas producen distintas sustancias, llamadas adipokinas, que, en exceso, generan distintas alteraciones en el organismo.

Se considera que hay riesgo cuando la cintura de un hombre es superior a los 94 centímetros; para una mujer la alerta es a los 80 centímetros. Pero se entiende de muy alto riesgo a partir de los 102 centímetros para hombres y 88 para mujeres.

¿Cómo medir la cintura?

No hay solo una técnica. Es más, falta consenso internacional para establecer un método. El que sigue y recomienda el nutricionista Miguel Kazarez es el siguiente: se considera el punto más estrecho entre la cresta ilíaca y la última costilla. La respiración debe ser normal. La persona tiene que estar de pie, sin ropa, con los miembros superiores a ambos lados del cuerpo, las palmas y dedos de las manos rectos y extendidos hacia abajo, mirando hacia el frente, con el peso distribuido equitativamente en ambos pies. En general, se corresponde con el plano horizontal que pasa a nivel del ombligo. “Es un indicador bueno, sencillo y que ha demostrado tener mucho valor de diagnóstico”, dijo Kazarez a El País.

Un estudio de la Clínica Mayo cuantificó que quienes tenían 110 centímetros mostraban 50% más riesgo de morir que los hombres cuya cintura bordeaba los 90 centímetros. Y en caso de las mujeres, aquellas con más de 94 centímetros incrementaban el riesgo de morir tempranamente en 80% frente a las que contaban con medidas menores a 70.

Las medidas a tener en cuenta para niños y niñas son 67 y 63 centímetros de cintura, respectivamente.

“Cuanta más grasa abdominal, más tapados están los órganos y eso empieza a afectar sus funciones: baja la sensibilidad a la insulina, aumenta la presión arterial, afecta todo el perfil lipídico”, explicó Kazarez. La grasa no solo se acumula en donde se empecina para que usted no pueda cerrar el botón del pantalón, sino que se adhiere en el corazón, en el páncreas, en los músculos, en el hígado y en los riñones.

Esto no queda acá. La acumulación de grasa en el abdomen y la pared torácica pueden tener un impacto negativo en la fisiología respiratoria. Según explicó Delbono, esto lleva a un deterioro de la función pulmonar, atribuido principalmente al aumento de la presión mecánica en la caja torácica y el tronco.

La nutricionista recordó: “La obesidad central se identifica como un predictor independiente de un mayor riesgo de cáncer. La circunferencia de la cintura se correlaciona principalmente con el cáncer de endometrio, mama, colon, páncreas e hígado”.

alimentación
Foto: Shutterstock

Un plan para el cambio.

Entonces, ¿cómo se puede disminuir la grasa abdominal de manera eficiente? Aunque Ricardo Arjona canta en unos de sus primeros éxitos que los ejercicios aeróbicos no la pueden quitar, en realidad, ayudan mucho.
Los especialistas coincidieron en que mejorar el peso y la composición corporal siempre son objetivo médicos. En personas con sobrepeso u obesidad moderada, un plan de alimentación balanceado, un programa de ejercicio físico regular y modificaciones en la conducta pueden ayudar a solucionar el problema.

Delbono apuntó que una “modesta pérdida” de entre un 5% al 10% del peso inicial en un plazo de 6 a 12 meses disminuye el impacto de futuras complicaciones asociadas al exceso de peso. “Los objetivos terapéuticos de la pérdida de peso deberán ser realistas, individualizados y mantenidos a largo plazo”, afirmó.

En ocasiones puede ser necesario recurrir a tratamientos farmacológicos o incluso a la cirugía bariátrica.

Diferentes tipos de obesidad

De acuerdo a la topografía del exceso de grasa se pueden reconocer dos tipos de obesidad: la obesidad femoroglútea o periférica que involucra glúteos, muslos y brazos; y la obesidad central, en la cual el exceso de grasa se concentra en los órganos del abdomen. En la obesidad femoroglútea (o en forma de pera), la grasa se acumula en la región subcutánea de la cadera, en los muslos y en la parte inferior del tronco, por lo que se considera menos perjudicial, aunque se la relaciona con problemas de retorno venoso en las extremidades inferiores (várices) y con artrosis de rodilla (genoartrosis).

Plan de alimentación para bajar centímetros

Un plan de alimentación hipocalórico debería reunir ciertas condiciones, a juicio de la nutricionista Mercedes Delbono:
- Disminuir la grasa corporal, preservando al máximo la masa magra.
- Ha de ser realizable por tiempo prolongado.
- Debe ser eficaz a largo plazo para mantener el peso perdido.
- Prevenir futuras ganancias de peso.
- Tiene que conllevar una función de educación alimentaria, que destierre errores y hábitos de alimentación inadecuados.
- Disminuir factores de riesgo cardiovascular asociados a la obesidad. 
- Mejorar las comorbilidades vinculadas al exceso de peso (apnea de sueño, artrosis, entre otras).
-  Producir una mejoría psicosomática, con recuperación de la autoestima
-  Aumentar la capacidad funcional y la calidad de vida.
La dieta hipocalórica equilibrada es la más recomendada y, en general, logra un descenso de peso de peso de 0,5 a 1 kilo por semana, es decir, un 8% de pérdida en seis meses.
El ejercicio físico, acompañado por un plan de alimentación hipocalórico, produce más pérdida de grasa y menos de tejido magro que solo la dieta.

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