HISTORIAS

Fortaleza: asentamiento por el que "nadie daba 2 pesos"

La comisión de vecinos del asentamiento Fortaleza del Cerro ha conseguido mejoras para las viviendas, ingreso de agua potable, focos para el alumbrado público y erradicación de basurales.

Asentamiento Fortaleza del Cerro. Foto: Paola Sosa
Foto: Paola Sosa

Paola Sosa llegó al asentamiento Fortaleza del Cerro hace cuatro años y medio. Venía de una vida difícil, en la que había llegado a vivir en la calle y en un refugio de madres con sus cuatro hijos.

Su historia con este barrio empezó en 2017, cuando era vecina del lugar y se hizo la primera reunión por realojo.

“Fui a esa reunión, hubo un conflicto y se dio el realojo por perdido”, recuerda. Tiempo después, en mayo de 2018, se juntó con un grupo de vecinos y decidieron que había que pelear por esa reubicación.

“Ellos querían quemar cubiertas y hacer una movilización o algo para llamar la atención. Pero a mí se me ocurrió decir que no, que lo mejor era ir por el camino del diálogo, algo correcto, hacer las cosas bien”, señala.

Fue entonces que decidieron crear una comisión, llamaron a todos los vecinos para que votaran y la nombraron su presidenta. Así comenzó entonces a desarrollar un rol de liderazgo que la ha tenido al frente de muchas actividades solidarias y emprendimientos sociales.

“Las actividades se fueron dando en el camino porque vos vas viendo las dificultades de la gente o la gente empieza a confiar en vos. Uno va teniendo contactos y se generan cosas buenas; entonces la gente ve con hechos y no con palabras, por eso confía en ese liderazgo”, explica con la calma que se nota fue parte de lo que convenció a los habitantes de Fortaleza.

Fue así que no solo trabajó por el realojo, sino que desde la comisión logró mejoras para las viviendas de las familias, el ingreso del agua potable, la instalación de focos para el alumbrado público, la erradicación de basurales y el corte del pasto. Para las familias obtuvo canastas de alimentos no perecederos y ropa para los niños.

Además, se ocupó de que cada año hubiera festejos del Día del Niño y de Navidad.

En pandemia los esfuerzos se redoblaron. Ya desde marzo organizaron una olla solidaria para la que consiguieron apoyo de organizaciones nacionales como Techo o Canastas Uy.

“Se consiguió ropa de abrigo porque acá las casitas son muy precarias y se pasa mucho frío. El clima es muy cambiante, no tiene nada que ver con el resto de los barrios porque está en una altura, sopla mucho viento y corre mucha agua porque estamos en una pendiente”, cuenta.

También consiguieron materiales para las viviendas y de esa forma lograron atravesar el invierno en uno de los momentos más complicados por las medidas tomadas tras la llegada del nuevo coronavirus y la COVID-19.

“Estuvimos hasta agosto o setiembre lidiando con la pandemia”, dice Paola y se lamenta de que ahora la ayuda mermó muchísimo. “No se consigue nada en realidad, se fueron bajando las organizaciones; está todo muy quieto”, apunta.

De todas formas se las ingeniaron para que los niños tuvieran su Día del Niño, haciendo la entrega de juguetes casa por casa para evitar la aglomeración de personas. Protocolos que han seguido en todo lo que emprenden.

Navidad. Por estos días Paola y la gente de Fortaleza están en plena campaña de recolección de juguetes para que todos los niños del asentamiento tengan su regalo en el arbolito.

“Estamos viendo si podemos conseguir el traje de Papá Noel para que le den sus cartitas”, dice.

La idea es entregar el 24 de diciembre los regalos que han ido recolectando gracias al aporte de distintas organizaciones y de los propios vecinos del barrio.

Con los regalos que queden y otros más que puedan juntar piensan hacer lo mismo para la Noche de Reyes.“El año pasado se hicieron juegos con inflables y actividades, pero este año por el tema de la pandemia no se va a poder repetir”, se lamenta.

Pero lo importante para Paola será haber puesto otro granito de arena para que el barrio esté mucho mejor, algo por lo que lucha cada día desde hace tiempo y muy bien acompañada.

“Me siento orgullosa de mi trabajo y de la gente que me ha acompañado también porque este asentamiento estaba muy estigmatizado, nadie daba dos pesos por él y se lograron muchísimas cosas”, destaca.

Se siente feliz de haber logrado que se viera cómo los vecinos se pueden organizar y unir. “Para que la gente confíe hay que demostrar con hechos y no con palabras, y fue lo que pasó acá. Me gané su confianza. Me siento bien como persona al hacerlo y ayudar”, agrega quien no solo trabaja para su barrio, sino que también colabora con otras organizaciones para que vecinos de otros barrios puedan salir adelante.

Menciona como ejemplo a Oeste Social, un grupo de vecinos comprometidos para ayudar a los más vulnerables a través de distintas comisiones, como la de discapacidad o la de vivienda.

También cuentan con una brigada para construir casas, llevan adelante una huerta y organizan partidos de fútbol, por solo nombrar algunas de las muchas acciones que desarrollan.

Paola integra la comisión de vivienda, otra de las responsabilidades que la hacen sentirse muy orgullosa. Para ella, ayudar a los demás tiene muchos significados.

“Me gusta ayudar porque yo sé lo que es no tener el apoyo de nadie. Además, todo lo bueno que me parece que hago me hace crecer como persona. Y también me gusta como forma de inculcarle los valores a mis hijos y que me tengan como un ejemplo. Es más que nada por lo que hago todo esto”, concluye la joven líder de Fortaleza del Cerro.

Madre de cuatro hijos y de vocación enfermera.

Paola Sosa tiene 31 años y cuatro hijos de 12, 9, 5 y 4 años de edad. Dos van al jardín de infantes y dos a la escuela. “Son tres varones y una nena. Soy madre soltera; tengo mi pareja con la que hace poco que estamos, pero no es el papá de mis hijos”, aclara. A Paola le falta el último módulo para terminar el curso de enfermería. Hasta este año siempre había estado trabajando en residenciales de ancianos.

“Me gusta mucho trabajar con el adulto mayor, es en lo que más me destaco”, dice con orgullo. La pandemia determinó reducción de personal en el último residencial en el que estuvo y ella se quedó sin empleo. Mientras no logra conseguir otro trabajo, se dedica a ser ama de casa y vive de los subsidios estatales o de las changas que hace su pareja. Mucho de su tiempo se lo lleva su rol de líder social del asentamiento Fortaleza del Cerro, donde vive hace cuatro años.

Invitan a sumarse a la donación para Navidad.

“Ayudamos a que esta Navidad todos los niños del asentamiento Fortaleza tengan su regalito debajo del árbol. Son más de 70 niños que tienen la ilusión de tener un regalito. Para que esto sea posible, sumate. Recibimos donaciones de juguetes (nuevos o usados), ropa y también podés colaborar con papel de regalo. Ayudanos a que sea posible”, dice el mensaje que convoca a donar no solo a los vecinos del barrio sino a las instituciones y a todo el que lo desee esté en el lugar del país en el que esté. Para ello se pueden comunicar con la propia Paola (097 311550) o con Sofía (095 141172).

Esta última integra la organización Jóvenes Cerro que ayuda mucho a Paola en sus actividades en el asentamiento. Navidad es el primer objetivo, pero luego vendrá Reyes y pretenden que para esa fecha los niños también tengan regalos. El verano pasado lo celebraron con actividades recreativas, pero saben que esta vez no será posible por la pandemia.

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