CIENCIA

¿La cura para COVID-19 es un antiparasitario? Expertos uruguayos expresan cautela

Especialistas toman con mesura las pruebas iniciales sobre un fármaco de uso veterinario

Un trabajador de la salud sostiene varios ejemplos de medicamentos. Foto: Unsplash
Un trabajador de la salud sostiene varios ejemplos de medicamentos. Foto: Unsplash

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Mientras se espera que los grandes ensayos clínicos sobre un tratamiento para la COVID-19 den resultados, otros experimentos surgen en esta carrera contrarreloj para frenar la pandemia. La avidez que existe por encontrar una cura presenta cada día nuevos candidatos que no siempre se ganan la credibilidad de la comunidad científica.

Este parece ser el caso de la ivermectina, un medicamento antiparasitario de uso veterinario con algunas aplicaciones probadas en salud humana. En concreto, un equipo de investigadores australianos de la Universidad de Monash en Melbourne ha demostrado que la ivermectina puede matar el coronavirus en 48 horas en pruebas “in vitro”, según un estudio que publica Antiviral Research. Esto significa que lo han probado sobre placas de laboratorio y que, por lo tanto, aún es necesario realizar ensayos en personas para determinar si este fármaco resulta ser un tratamiento eficaz contra el SARS-CoV-2, el virus que provoca la COVID-19. Esta fase de investigación es mucho más compleja.

Una postura de mesura es la que adoptaron los especialistas en farmacología y parasitología consultados por El País ante la noticia. Estos sostienen que es más probable que la respuesta a la enfermedad vendrá por el lado de los antivirales. Por ejemplo, desde el Departamento de Ciencias Farmacéuticas de la Facultad de Química se dijo que no hay suficiente información para analizar el potencial de la ivermectina. En Argentina sucede lo contrario, donde un consorcio de científicos busca que se llegue a probar la ivermectina para pacientes con el nuevo coronavirus.

No obstante, Eleonor Castro, profesora titular del Departamento de Parasitología Veterinaria de la Facultad de Veterinaria (Universidad de la República), recordó que el grupo al que pertenece la ivermectina, aunque no directamente esa droga, puede actuar como antibacteriano.

La universidad australiana señala en un comunicado que una sola dosis de ivermectina “podría detener el crecimiento del SARS-CoV-2 en un cultivo celular, erradicando de manera efectiva todo el material genético del virus en un plazo de 48 horas”. El próximo paso ahora, “es determinar las dosis humana correcta”.

¿Pero para qué se usa la ivermectina? Es un antiparasitario de amplio espectro que se encuentra actualmente en el mercado farmacológico uruguayo. Fue registrado para su uso en animales en 1981. A partir de allí es utilizado para combatir tanto los parásitos internos como los externos; por ejemplo, se aplica tanto para el tratamiento de la garrapata como para el control de parásitos gastrointestinales pulmonares, principalmente en ovinos, vacunos y equinos. Se la considera la droga más vendida en la historia de la medicina veterinaria.

“Esta droga ha sido muy buena; ha sido revolucionaria para controlar los parásitos, pero comenzaron a desarrollar resistencia. Mi trabajo es estudiar los efectos de esa resistencia y buscar alternativas”, explicó América Mederos, investigadora del Laboratorio de Sanidad Animal del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (Inia). Y, como técnica en ivermectina, agregó: “Yo trabajo con pruebas in vitro que funcionan muy bien y luego, cuando vas al animal, funciona distinto. (Al estudio australiano) no le di ningún crédito porque se necesitan muchos estudios y pruebas en humanos para saber si una droga antiparasitaria puede ser antiviral. Se tiene que ver la fórmula en general. No es lo mismo un parásito que un virus”.

Argentina quiere probar la invermectina.

Luego que un estudio in vitro de expertos australianos lograra con la ivermectina eliminar el coronavirus en 48 horas, un consorcio de científicos argentinos busca que se llegue a probar para pacientes con la enfermedad. Así lo contó a La Nación Carlos Lanusse, un médico veterinario que hace más de 25 años viene trabajando sobre las propiedades de la ivermectina y es director del Centro de Investigación Veterinaria de Tandil (Civetan), de la Universidad Nacional del Centro y el Conicet, investigador superior de este último organismo y director del Laboratorio de Farmacología de la casa de estudios en Tandil.
“Es un momento de mucha desesperación y hay que ser cautelosos con las expectativas”, alertó Lanusse a La Nación, que explicó que desde hace unos años está muy en boga trabajar sobre el “reposicionamiento” de fármacos viejos para nuevos usos. “Es tan caro desarrollar y aprobar nuevas moléculas que se empezó a buscar ya aprobadas”, indicó. En este punto, por ejemplo, se encuadra la ivermectina como antiviral.
Pero ahora hay que demostrar que en pacientes infectados con SARS-CoV-2, el virus que provoca la COVID-19, con la ivermectina se puede inhibir la replicación viral como se logró in vitro. En este contexto, según explicó, hay que encontrar la dosis adecuada.
“En estas horas avanzamos en las gestiones para implementar estudios de pacientes infectados. Tenemos que conseguir las autorizaciones en centros hospitalarios, contactar a los enfermos que acepten someterse a estas pruebas y esperar la aprobación de un comité de bioética. De allí surgiría un protocolo de atención”, explicó el científico al diario Clarín.

Castro coincidió en las limitaciones de las pruebas “in vitro” en las que, “casi todo funciona bien”, pero no asegura que lo continúe haciendo una vez que entra en juego el metabolismo del ser humano y se vea cómo el fármaco ingresa en las células y llega hasta el virus. “La estrategia (del grupo australiano) es ver lo que ya está aprobado para humanos y tratar de ajustar las dosis. Pero eso no quiere decir que acabe con el virus”, señaló.
Entre otras aplicaciones, la ivermectina se la usa para el control de la oncocercosis o “ceguera del río” (causada por el parásito Onchocerca volvulus) y se la ha estudiado extensamente para su empleo contra la filariasis linfática (infección parasitaria producida por gusanos). También es eficaz contra la estrongiloidiasis (infección por Strongyloides stercoralis que produce síntomas pulmonares y dolor abdominal con diarrea) y otras infestaciones del ser humano causadas por nematodos intestinales o, en otras palabras, gusanos que migran a través de tejido en su camino al intestino. Además, la ivermectina ha demostrado ser segura y efectiva en el tratamiento de la sarna e, inclusive, para casos de pediculosis que no han respondido a otras acciones.

Castro apuntó que la dosis de 200 microgramos de ivermectina por kilo de peso es aceptada como “inocua” para el ser humano pero, al mismo tiempo, podría no ser eficaz contra el nuevo coronavirus. Ajustar las dosis hacia arriba, entonces, requerirá de más pruebas de seguridad más complejas y que insumen tiempos prolongados de estudio.

Diego Irazoqui, director técnico de Boehringer Ingelheim, laboratorio que tiene la patente original de la droga, aseguró que “es un producto muy seguro”, tanto para animales como para seres humanos, pero “hay que confirmar dosis para saber si es factible usarla o no contra el coronavirus”.

Mediante técnicas “in vitro” ha sido probado contra una amplia gama de virus, incluidos el VIH, el dengue, la gripe y el virus Zika.

La ivermectina es una droga semi sintética que se fermenta un hongo y se procede a una modificación química en laboratorio.

Se necesitan más pruebas y ensayos clínicos.

La autora principal del estudio australiano Kylie Wagstaff, de la Universidad de Monash, dijo: “En tiempos en los que estamos teniendo una pandemia global y no hay un tratamiento aprobado, si tuviéramos un compuesto que ya estuviera disponible en todo el mundo, eso podría ayudar a la gente antes. Siendo realistas -consideró la investigadora- pasará un tiempo antes de que una vacuna esté ampliamente disponible”.
Aunque no se conoce el mecanismo por el que la ivermectina actúa en el nuevo coronavirus, teniendo en cuenta su acción en otros virus, “es probable que funcione para detener la capacidad del virus de ‘amortiguar’ la capacidad de las células anfitrionas para eliminarlo”, dijo Wagstaff. El uso de esta medicina para combatir la COVID-19 dependería, según la científica, de los resultados de más pruebas preclínicas y, en última instancia, de ensayos clínicos.

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