Con los bebés y niños pequeños, el tema del sueño puede ser una pesadilla: despertares nocturnos, desvelos, falta de siestas… Y todo se entrevera más con las vacaciones. Pero no tiene por qué ser así. La psicóloga y asesora en sueño infantil Paula Ehrlich conversó con El País sobre qué aspectos hay que tomar en cuenta para mejorar el sueño de los más chicos y cómo eso repercute en la emocionalidad de todos los integrantes de la familia.
Veranear.
Durante las vacaciones, muchas veces cambian las rutinas o los lugares en donde estamos y eso repercute en el sueño de nuestros hijos e hijas. “No es lo mismo para nosotros irnos a una casa que tenemos afuera o que alquilamos, que para un bebé o un niño pequeño, y hay que acompañar ese proceso”, sostuvo Ehrlich.
Un aspecto clave cuando veraneamos con niños pequeños es “ajustar las expectativas”: “A veces queremos hacer todo en las vacaciones, pero hay que buscar un equilibrio entre lo que es mejor para nosotros como adultos y para el niño o niña”.
A modo de ejemplo, la psicóloga mencionó que si uno elige salir a cenar porque la noche está preciosa, pero el bebé durmió mal de día, eso puede hacer que esté súper irritable. “Hay que analizar cómo es nuestro hijo para decidir qué es lo mejor para hacer”.
También se trata de entender cómo es la rutina en casa, qué debemos mantener y qué podemos modificar. “Por ejemplo, dependiendo de la cantidad de siestas que tenga mi hijo o hija, puedo decir: ‘Esta que es la que hace más fácil la hace en la playa y otra la intento de hacer en la casa’”. Así, volvemos nuevamente al tema de bajar las expectativas: “Si voy todo el día a la playa, ese niño o niña seguramente en algún momento esté fastidioso de día o de noche”.
Ya sea que estemos de vacaciones o no, siempre es bueno recordar que “los bebés nacen sabiendo dormir”. En este sentido, Ehrlich dijo: “A veces uno escucha: ‘Mi hijo no sabe dormir’ o ‘tiene que aprender a dormir’, cuando en realidad está demostrado que desde el útero materno el bebé duerme”.
Asimismo, es importante confiar en que “el sueño se puede mejorar”. No es necesario esperar a que el niño crezca: “Siempre se pueden ir haciendo cambios y teniendo información incluso desde el embarazo, porque cuando uno está más preparado y sabe lo que esperar lo lleva de otra manera”.
Consideraciones.
Ante un niño o niña que se despierta reiteradas veces en la noche, que quiere arrancar el día antes de las seis de la mañana o que se desvela y durante dos horas no duerme, padres y madres llegan al consultorio de Ehrlich con una gran pregunta: ‘¿Qué hago?’
Para empezar, hay que diferenciar entre dos tipos de factores que afectan el sueño: los fisiológicos y los ambientales. Sobre estos últimos, la psicóloga explicó que son aquellos relacionados a cómo es la dinámica en la casa, cómo son los horarios, qué tipo de actividades se hacen y cómo es el tema de la luz y la oscuridad.
“Por ejemplo, a veces pasa que de tardecita, en un horario en el que tendríamos que ir bajando las revoluciones, están los televisores prendidos”, señaló. Puede ser que uno, como adulto, quiera aprovechar ese tiempo que tal vez no tuvo durante el día porque estaba trabajando, pero esa dinámica deja a los niños y niñas con la energía “muy arriba”. Así, es difícil que al poco rato se vayan a dormir.
“Muchas veces están con las pantallas hasta antes de dormirse, incluso los bebés, y eso tiene un impacto porque emiten luz blanca o azul que limita la segregación de melatonina, que es la hormona que induce al sueño”, expuso.
En este sentido, afirmó: “Hay que proponer cambios que sean acordes a la familia para que se puedan sostener, y también se debe entender al sueño dentro de algo integral, mirando al niño en su totalidad, no como algo aislado”.
Y no nos olvidemos de la importancia de las siestas: “El sueño del día repercute en la noche, porque el sueño es uno solo”.
A su vez, Ehrlich subrayó que, a la hora de mejorar el sueño, la constancia es fundamental. A veces se encuentra con padres o madres que dicen: ‘Intenté todo, pero no funcionó’, y cuando les consulta cuántas veces probaron los cambios, dicen ‘dos días, pero no podía y lo dejé’. Sin embargo, “esto es un cambio de hábito y como tal requiere al menos 21 días para poder instalarse”, aseguró. Y añadió que “el cambio no es solamente para el niño o niña, sino también para los padres que tienen que empezar a hacer las cosas distintas”.
El número de contacto de la psicóloga es 091 889 333 y su mail: lic.paulaehrlich@gmail.com.
El impacto emocional del sueño problemático.
Ehrlich es psicóloga desde hace más de 10 años y está especializada en el área de maternidad. Se interesó por el sueño infantil porque empezó a ver el gran malestar que el tema generaba en sus pacientes.
“La falta de sueño repercute emocionalmente”, sostuvo. Mencionó, por ejemplo, la angustia de las madres, que muchas veces tiene que ver con que en ellas suelen recaer los despertares nocturnos del niño o la niña. También hay familias que manejan una dinámica de equipo, pero los despertares son tantos que el agotamiento deriva en reproches, como: ‘Ah, pero yo trabajé todo el día’. “Eso hace referencia al que sale de la casa, pero ¿qué pasa con el que se queda 24 horas con un bebé o un niño pequeño?”, expresó la psicóloga.
Su abordaje es mucho más que solo práctico. “Se trata de tener en cuenta lo emocional”, aseguró, y agregó que le gratifica mucho ver grandes cambios no solo a nivel del sueño, sino también en el humor del niño o niña y de la familia.
Asimismo, puntualizó: “También cambia la dinámica de los padres con los niños. Porque hay que decir las cosas: los padres nos desbordamos con nuestros hijos, y a veces no tiene que ver solamente con ellos, sino con la carga que llevamos nosotros”. En este sentido, señaló la importancia de “evitar culpabilizar a esos padres que explotan porque no pueden más” y de “darles el lugar para que se sientan más tranquilos y las herramientas para hacer las cosas diferentes”.