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Científicos uruguayos estudian lesiones cerebrales con una gota de sangre

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CIENCIA

Se avanza en una investigación que determina la extensión y progresión de lesiones cerebrales en pacientes del BSE

"Se dice que un paciente con traumatismo craneoencefálico es una caja de pandora. Es difícil decir cómo va a ser su evolución”, dijo Ingrid Kasek, coordinadora del área de Rehabilitación en la Central de Servicios Médicos del Banco de Seguros del Estado (BSE). Los pacientes, a menudo, dan “sorpresas” pero esto no implica que sean buenas: el médico puede “presumir” cómo será su evolución pero luego no se reduce la severidad de la lesión o se complica con secuelas.

Con el objetivo de mejorar el tratamiento y pronóstico de las personas que sufrieron un traumatismo craneoencefálico, el BSE y el Institut Pasteur de Montevideo (IP) iniciaron un estudio que, solo con una gota de sangre del paciente, se puede determinar el grado de la lesión y hacer un seguimiento personalizado. En breve se prevé extender el trabajo a pacientes internados en el Hospital Maciel y Policial.

El BSE solo asiste a lesionados en el ámbito laboral. Cada año ingresa un promedio de entre 20 a 25 pacientes traumatizados graves. La mayoría lo hace por siniestros de tránsito, en particular por accidentes en moto (trabajadores de delivery) y en transporte de carga, y por caídas.

“Son pacientes de largo aliento en cuanto al tratamiento en la etapa aguda. Requieren un abordaje durante varios meses y durante el resto de su vida. Los asistimos hasta el día de su muerte”, apuntó Kasek.

Actualmente, la Central de Servicios Médicos del BSE asiste a unos 220 pacientes considerados graves. Estos son los candidatos para participar del estudio que tiene como referente científico a Hugo Peluffo, investigador del Departamento de Histología y Embriología de la Facultad de Medicina de la Universidad de la República y el Laboratorio de Neuroinflamación y Terapia Génica del IP y que implica lo siguiente: se extrae una muestra de sangre en la que se identifican determinados biomarcadores genéticos que permiten conocer el estado de la lesión.

“Uno de los biomarcadores es una proteína que es parte de las neuronas y que normalmente no está en la sangre. Cuando hay una lesión, esa proteína puede pasar a la sangre. Al medir los niveles de la proteína que no debería estar ahí uno puede saber si hay lesión cerebral y seguirla”, explicó Peluffo. Esto permite estimar la extensión del daño cerebral y predecir cómo evolucionará el paciente. Además, tiene una sensibilidad mayor que la imagenología para saber si hay lesiones subyacentes.

El científico agregó: “El proyecto puede ayudar a clasificar mejor a los pacientes que se consideran leves y a los que no se les ve secuelas tan evidentes”. Hay secuelas que se entienden como ‘silenciosas’ y aparecen a largo plazo. Una de ellas es la depresión y otra es la aparición de demencias en general y de laenfermedad de Alzheimer en particular.

Respecto a este punto, Kasek indicó que para los médicos es actualmente difícil correlacionar el trauma con cierta sintomatología que luego se hace indiscutible años después y para la que se perdió tiempo de tratamiento. “Cada vez más se sabe que un traumatismo craneoencefálico, independientemente de su severidad, es un factor de riesgo” para otros padecimientos que le quitarán a la persona parte de su nivel funcional.

Traumatismo craneoencefálico
Traumatismo craneoencefálico

Convenio entre instituciones.

El proyecto Medicina de precisión aplicada a la lesión cerebral traumática” comprende un fondo de US$ 200.000 que, además de financiar el trabajo con muestras de pacientes del BSE, apoya la compra de reactivos, organización de actividades de capacitación y formación de recursos humanos, tanto científicos como médicos. El BSE donó al Institut Pasteur un ultra freezer para la conservación y seguridad de las muestras.

Evolución de la lesión.

La información proporcionada por los biomarcadores ayudará a definir estrategias terapéuticas o, en otras palabras, evitar que el paciente sea aquella caja de Pandora que hace imprevisible su evolución. Se podrá establecer para cada caso si la persona requiere más trabajo de estimulación cognitiva, sensorial o física. “Se deben estimular las áreas cerebrales menos afectadas para que tomen las funciones que hacían las afectadas por el accidente”, apuntó Kasek a El País.

Los pacientes a los que ya se les tomó la muestra de sangre serán evaluados nuevamente en unos años, mientras se continúa con las extracciones de nuevos candidatos.

La especialista puso este ejemplo: “Tuvimos un paciente muy joven por un accidente de tránsito. Se mantuvo en coma por 10 meses. Su familia se tuvo que trasladar del interior a Montevideo para estar con él, perdiendo todo vínculo laboral y familiar. Después de esos 10 meses decidimos enviarlo a su casa, dado que había mejorado un poco. El paciente sigue vivo años después en un estado de mínima consciencia. Abre los ojos, respira, vive. Eso pasa con muchos de nuestros pacientes. Son jóvenes que si están bien cuidados viven muchos años. Pero uno se pregunta: ¿podría haber hecho otra cosa para no someter a esa familia a esta situación? Esta herramienta me da la certeza de saber la gravedad de la lesión y tomar las medidas terapéuticas más adecuadas para disminuir los daños secundarios”.

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