PATRIMONIO

El Cerro recuperó patrimonio militar del siglo XVIII: la Casa de la Pólvora

La Casa de la Pólvora data de 1794; fue restaurada después de más de dos décadas de abandono

Casa de la Pólvora
Casa de la Pólvora: ahora

"Esta es una demostración de que todavía hay historia oculta en la ciudad”, dijo el arquitecto Sergio Padilla. La Real Casa de la Pólvora (más conocida como El Polvorín) es un edificio casi desconocido: más antiguo que la Fortaleza General Artigas, uno de los pocos de su tipo en el continente y monumento histórico desde 1976 (por resolución Nº 706/976).

No obstante, le pasó lo que le sucede a muchas construcciones: quedó relegada al abandono.

Hasta que niños de 11 años de la Escuela Nº 364 armaron una carpeta con hojas Tabaré y escribieron lo que aprendieron sobre las ruinas que veían desde el aula. Su maestra la llevó al Municipio A para mostrársela al alcalde. Seis años después, esos estudiantes, ahora adolescentes, pueden visitar la restauración de la Casa de la Pólvora y viajar 225 años en el tiempo, a la época en la que la ciudad debía defenderse ante posibles invasores.

Casa de la Pólvora
Casa de la Pólvora: antes

El ahora centro cultural Casa de la Pólvora (Camino Cibils y Bulgaria, lindero a la escuela Bulgaria y muy cercano al cementerio del Cerro) fue inaugurado el pasado 3 de octubre después de más de 35 años con las puertas cerradas.

“Los vecinos que siempre la han visto con cariño se quedaron muy conformes”, comentó el encargado del proyecto.

Casa de la Pólvora
Casa de la Pólvora: antes
Casa de la Pólvora
Casa de la Pólvora: después

Relato histórico.

En 1793 cayó una tormenta de “rayos y centellas” en Montevideo que generó la explosión de uno de sus polvorines. El Cabildo, según relató Padilla, salió a resolver el problema “de forma apresurada y se dispuso que se hiciera un gran depósito de pólvora en el Cerro por tratarse de una zona descampada”.

Al año siguiente comenzó la construcción de una fortificación militar de gruesas murallas para albergar unos 100.000 kilos de pólvora. Así se levantó un edificio de 30 metros por 6 metros, con solo una entrada y una ventana en cada extremo. Las paredes laterales tienen seis respiraderos, destinados fundamentalmente a la ventilación de la pólvora. Está rodeado por un muro perimetral de tres metros que funcionaba como un recinto amurallado que evitaría la onda expansiva de una explosión.

Pero también se eligió el lugar por una cuestión estratégica. “No solo era un depósito sino que era una avanzada. Allí se podían armar las baterías si había riesgo de ataque”, agregó el arquitecto.

Casa de la Pólvora
Casa de la Pólvora: antes
Casa de la Pólvora
Casa de la Pólvora: después

Quince años después se construyó cerca la fortaleza. Cuando esta pasó a ser un museo en la década de 1930, el Polvorín empezó a perder sentido militar. Fue utilizado para depósito de armamento hasta 1958.

Luego vinieron otros usos en acuerdo con los vecinos: un cine, una iglesia, un baile y una biblioteca hasta que se entregó la llave.

Es una de las tres casas de pólvora que quedan en pie en Sudamérica. Hay una similar en Cusco y otra Valparaíso. En España no se conserva ninguna en buenas condiciones.

A pesar del mal uso que tuvo durante décadas y el posterior abandono, Padilla y su colega Pedro Gallo –con quien compartió la dirección de obra a partir de 2019– llegaron a un edificio que mantenía muchos elementos originales, entre ellos, los muros (que fueron revocados y pintados lo más parecido posible al original), el pavimento de piedra y las cerchas de madera que se supone que fueron confeccionadas con troncos de palmera (no hay documentación al respecto) y cubiertas con tejas “musleras”, modelo típico de la cerámica colonial española.

“Mantuvimos las cerchas; algunas por lo menos tienen 100 años”, apuntó Padilla.

Lo que sí requirió más intervención fue el techo. Las tejas fueron reemplazadas por chapas de fibrocemento (Dolmenit) en algún momento de la década de 1960 y estaban en muy mal estado. Se puso un cielorraso de compensado, aislante térmico, correas nuevas metálicas, membrana asfáltica y tejas planas.

“Al estar en la periferia fue poco afectado por el crecimiento urbano. Pero eso también hizo que estuviera invisible. Mucha gente no tiene cabal conciencia de que tenemos un monumento histórico de estas características y que es la primera construcción militar española en el Cerro”, enseñó Padilla.

Previo al inicio de los trabajos de recuperación y restauración se realizaron estudios arqueológicos del espacio y se encontraron objetos que quedarán en exposición permanente. Se trata de cartuchos de Mauser, balas en las paredes, pedazos de pistolas, espuelas, hebillas y medallas, además de restos de vidrio, loza y cerámica. También se encontraron cisternas que deben seguir siendo investigadas. Lo que no se halló es el túnel entre el Polvorín y la fortaleza que los vecinos siempre han creído que existía en la zona. “Pudimos solucionar algunas leyendas”, se río.

El arquitecto añadió: “Uno de los temas importantes respecto al patrimonio es que el edificio pueda mantenerse en el tiempo, sobre todo en esa zona en la que hay un alto grado de vandalismo. El proceso de recuperación no solo significa hacer un estudio histórico y documentar lo que se encuentra durante la obra sino que esta tenga un destino posterior que le permita al edificio seguir viviendo”.

Ahora transformada en un centro cultural y que podrá ser visitada por escuelas y público en general, la Casa de la Pólvora pasará a ser incluida en los puntos turísticos que promociona el Municipio A en el oeste de Montevideo.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error