Bajan el martillo a siglo y medio de historia: rematan bienes de la joyería Freccero

El primer local que Freccero tuvo en Montevideo. Foto: Gentileza Freccero

DOS DÍAS DE SUBASTA

Zorrilla pone a la venta mañana y pasado bienes de la legendaria firma fundada en 1868.

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Luego de un siglo y medio ininterrumpido de actividad, la legendaria joyería Freccero, cierra definitivamente sus puertas y toda su mercadería e instalaciones serán rematadas este viernes y sábado.

La subasta, que ha despertado el interés no solo a nivel local sino también en Argentina y Brasil, estará a cargo de Sebastián Zorrilla, quien será el responsable de bajarle el martillo a más de quinientos lotes de alhajas, relojes, juegos de porcelana, cristalería, cubertería y platería de las marcas europeas más prestigiosas. También saldrán a la venta todas las instalaciones del emblemático local de la calle 25 de mayo 563.

Los orígenes.

Óscar Spangenberg fue un prusiano que llegó a Montevideo años antes de la unificación de Alemania. Tenía conocimientos de joyería y en 1868 abrió un local en la esquina de Rincón e Ituzaingó. Desde un comienzo contrató como empleado a un joven italiano llamado Franceso Freccero, oriundo de La Liguria, que con tan solo un año de edad había emigrado con sus padres al Río de la Plata.

Óscar Spangenberg y Cía, se llamó la firma en la que un gran cartel en su entrada principal de la calle del Rincón 118, rezaba: “Relojería y Joyería” y más abajo indicaba: “Representantes de los acreditados relojes J.Assmann”. Ese año, había asumido la presidencia de la República el general Lorenzo Batlle y los habitantes de la capital no terminaban de recuperarse de la conmoción que había causado, en el mes de febrero, el asesinato, con diferencia de horas de Venancio Flores y Bernardo Berro. Hechos registrados a escasas tres cuadras de la flamante joyería.

El remate será mañana y pasado, en 25 de mayo 563, esquina Ituzaingó. Foto: Fernando Ponzetto
El remate será mañana y pasado, en 25 de mayo 563, esquina Ituzaingó. Foto: Fernando Ponzetto

Poco tiempo transcurrió para que la joyería de Spangenberg se convirtiera en un lugar preferido del patriciado y la alta burguesía capitalina. El negocio prosperaba y sumaba clientes deseosos de adquirir relojes, alhajas y enseres de lujo para sus casas.

En 1878 y ante la amenaza de una nueva epidemia de fiebre amarilla, Spangenberg, su mujer y sus dos hijos varones se embarcaron rumbo a Alemania. Freccero quedó a cargo de la joyería. Años más tarde, a su regreso a Montevideo, Spangenberg y Freccero se asociaron. El desarrollo de la joyería había acompasado el crecimiento económico y poblacional de la ciudad.

Una mudanza transitoria.

En 1905, se mudó a un local de la calle 25 de mayo 563, el cambio sería temporal mientras se remozaba el local original. Pero lo transitorio se volvió permanente. Desde entonces, Spangenberg y Freccero se afincó definitivamente en el local actual. Era el auge de la calle 25 de mayo, donde estaban instalados los principales comercios de la ciudad y en la que se encontraba la Confitería Del Telégrafo, nacida casi simultáneamente con la joyería y el centro social gastronómico de la clase alta por excelencia. Por las tardes las señoras con sus mejores atuendos paseaban por una vereda y los caballeros de levita, sombrero y bastón por la acera contraria.

En la década de 1910 y tras la muerte de Spangenberg, Freccero compró a sus herederos la parte del comercio. Para entonces, se había convertido en la joyería más importante de Montevideo.

El remate será mañana y pasado, en 25 de mayo 563, esquina Ituzaingó. Foto: Fernando Ponzetto
Foto: Fernando Ponzetto

No solo vendía alhajas y relojes, sino que también porcelana alemana, cristalería y platería francesa e inglesa y marfiles. Marcas como Christofle y Rosenthal solo se encontraban allí. En esos años, Freccero no estaba solo en el mercado, las joyerías Strauch, Garayalde y Carassale, eran sus competidores.

La vidriera del domingo
El remate será mañana y pasado, en 25 de mayo 563, esquina Ituzaingó. Foto: Fernando Ponzetto

Desde que se instaló en la calle 25 de mayo, Freccero armaba una vidriera especial con las novedades exclusivamente para los domingos. Las cortinas de metal se levantaban a las 9 de la mañana a la espera de los feligreses que asistían el domingo a la misa de 10 en la Catedral. Luego de la celebración, la gente bajaba por Ituzaingó rumbo a Del Telégrafo a tomar un aperitivo y hacían un alto en los escaparates de Freccero.

En 1923 murió Francisco Freccero. Desde entonces cuatro generaciones, se sucedieron al frente de la joyería a lo largo de ciento cincuenta años. Jorge Freccero (tercera generación) fue, quizás, el que más años dirigió el negocio. Concurrió a trabajar hasta 2013, cuando con 92 años de edad, murió. Cumplió con una frase que solía decir “entraré de bastón por esta puerta”.

En todo ese tiempo, Freccero fue el lugar elegido por la clase alta y media alta uruguaya, y entre su clientela también estuvieron las familias más acaudaladas del patriciado porteño y ricos empresarios de Brasil. Estos últimos eran asiduos concurrentes al local que, desde 1942 y durante 77 años tuvo en Punta del Este, en la avenida Gorlero.

Sus clientes no solo compraban alhajas y relojes suizos, sino también equipaban sus casas con juegos de porcelana, cubiertos de plata, cristalería de Baccarat y, décadas atrás, con marfiles. Eran célebres, los colectivos para los casamientos y también, los anillos de brillantes, las pulseras de oro que algunos maridos compraban para sus mujeres y también para sus amantes. Una alhaja de Freccero lograba reconciliar a algunas parejas u olvidar, muchas veces, una infidelidad.

En el local se instalará un café literario

El local de la calle 25 de mayo 563, fue adquirido por inversores extranjeros. Sus compradores estarían proyectando la instalación de una café literario, según informaron a El País fuentes próximas al negocio.

Freccero cerró su local de la Ciudad Vieja en 2015, y más recientemente el de Punta del Este, pero mantuvo el que tenía en Punta Carretas Shopping hasta hace pocos meses.

Mañana viernes y el sábado, Zorrilla le bajará el martillo a piezas de extraordinaria calidad que, además del valor que tienen en sí mismo, cuentan con el agregado del sello Freccero. Las vitrinas cargadas de platería, alhajas, porcelanas, pueden verse hoy en 25 de mayo 563 e Ituzaingó. A partir del viernes, el legendario comercio cerrará poniendo fin a un siglo y medio de historia.

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