SALUD

Avances en el cáncer infantil: digitalización, tratamientos y alianzas internacionales

El hemato-oncólogo pediátrico argentino Guillermo Chantada destacó varios logros en su primer año como Director Científico Académico de la Fundación Pérez Scremini.

Guillermo Chantada
Asumió el cargo en junio de 2020 y por el momento solo lo ha podido ejercer en forma virtual.

"Un día hablando con Ney (Castillo) le comenté que había cosas que me gustaría hacer en Argentina, pero que no tenía espacio. ‘Bueno, venite para acá’, me dijo y yo pensé que era un chiste. A los dos días estábamos almorzando en Puerto Madero viendo cómo lo podíamos concretar”. Así recuerda el hemato-óncologo pediátrico argentino Guillermo Chantada su incorporación a la Fundación Pérez Scremini que atiende a niños y adolescentes con cáncer en el Uruguay.

Luego de 30 años de trabajo en el Hospital Garrahan de Argentina, un hospital pediátrico muy grande del país vecino, el profesional aceptó el cargo de Director Científico Académico de la Fundación que dirige el doctor Ney Castillo, con quien lo unen años de relación laboral.

Guillermo Chantada
Ha trabajado mucho con el doctor Ney Castillo, director de la Fundación Pérez Scremini.

Ambos son fundadores del Grupo de América Latina de Oncología Pediátrica (GALOP), que tiene sede en Montevideo, entre muchos otros trabajos que han hecho en conjunto.

Si bien Chantada reside en Buenos Aires, tiene casa y auto en Uruguay porque sus padres vivieron muchos años en nuestro país. Este fue uno de los tantos aspectos que contribuyeron a que este cambio en su carrera, si bien fue grande, lo viviera como “un paso muy poco traumático, natural”.

En diálogo con el diario El País, el especialista destacó que “el trabajo que se está haciendo en la Fundación Pérez Scremini es un ejemplo en Latinoamérica. Además, me brindaron la posibilidad de poder desarrollar lo que yo hago; para mí es una enorme oportunidad y un orgullo poder hacerlo”.

Chantada se iba a incorporar a la Pérez Scremini en marzo de 2020. La idea era ir y venir entre Uruguay y Argentina, pero la llegada de la pandemia de la COVID-19 a Uruguay lo agarró en Buenos Aires y nunca pudo asumir el cargo en forma presencial. Desde junio del año pasado lo está ejerciendo en forma virtual, esperando el momento para poder cruzar el charco.

—¿Cuál es su tarea como Director Científico Académico?

—Mi trabajo fundamentalmente es coordinar y favorecer desarrollos de investigación y de educación médica dentro de la Fundación Pérez Scremini.

—Qué características tuvo este trabajo en modo virtual?

—Hubo muchas cosas que hicimos a pesar de la virtualidad. Aunque en realidad yo no diría a pesar de la virtualidad, sino gracias a la virtualidad porque la modalidad virtual para muchas acciones de educación y de investigación es una herramienta indispensable. El hecho de que se haya intensificado su uso para mí fue una oportunidad para la Fundación. Nuestra especialidad, comparada con la oncología de adultos, es una especialidad pequeña, tiene bajo número de casos. Entonces los oncólogos pediatras estamos forzados a colaborar porque nosotros solos, con la información que sacamos, no nos alcanza. Por eso tendemos a asociarnos con grupos afines para potenciar el conocimiento que podemos conseguir.

—¿Qué pudo lograr en este primer año de trabajo?

—Siempre digo que la frase que más simplifica lo que yo hago es “hacer puentes entre gente, instituciones y países”. Y eso fue lo que hicimos este primer año. Empezamos con un programa muy ambicioso que es digitalizar toda la información de los pacientes de la Fundación. Pasamos del modelo de la historia clínica convencional a digitalizar por completo toda la información que tenemos de nuestros pacientes. Son 6 mil pacientes de los que tenemos una base de datos gigantesca. Hicimos un convenio con una organización que está en Estados Unidos y somos los primeros en el mundo que estamos realizando esta digitalización completa de un servicio que, por suerte, en Uruguay abarca a todo el país porque tenemos todo en un solo centro. En Argentina, por ejemplo, hay 25 centros de oncología pediátrica. Es un trabajo que está en marcha todavía, no está concluido. Sí concluimos toda la primera etapa, que fue migrar todo el registro de cáncer que está en la Fundación e integrarlo con la historia clínica de los pacientes. Es un paso enorme hacia la calidad. Si queremos ver cuántos trasplantes se hicieron, lo sabemos con un clic; cuál fue el resultado, lo sabemos con un segundo clic.

—También se establecieron vínculos con centros del primer mundo.

—Hicimos una alianza con el Hospital St. Jude, de los Estados Unidos. Fuimos el segundo centro de América Latina que se unió a la Alianza Global del St. Jude, que es un programa para la educación, la mejora de la calidad de los resultados y demás. Tenemos un montón de proyectos de investigación que estamos realizando en forma conjunta en esta alianza. Nuestros médicos se están entrenando, están viendo cosas nuevas. Este año que pasó por primera vez la Organización Mundial de la Salud lanzó un programa de cáncer infantil y lo hizo en asociación con el Hospital St. Jude.

—Además incorporaron algo que está muy de moda actualmente como lo es la medicina personalizada o de precisión.

—Sí, en la Fundación tenemos una unidad de medicina de precisión donde estamos haciendo un programa de secuenciación muy ambicioso; hay pocos centros en Latinoamérica que lo tienen. La adquisición de los equipos ya estaba, pero tuvimos que capacitar a la gente. Entonces nos asociamos con otros grupos, porque es un trabajo muy colaborativo, muy global. Se está trabajando a nivel internacional, de cualquier centro de los Estados Unidos o de Europa.

Pérez Scremini
Este año la Fundación sumó la atención para adolescentes hasta los 18 años.

—¿En qué se ha avanzado en materia de tratamientos del cáncer infantil?

—Hay algo que está en fase de proyecto, ahí sí por culpa de la pandemia porque la compañía que vende los equipamientos todavía no pudo venir a instalarlos. Se trata de un nuevo tratamiento, sobre todo para la leucemia, que es el de las células CAR-T. Son células del propio paciente que por una técnica relativamente simple se las extrae de la sangre. Lo que no es fácil y hacemos es programar esas células genéticamente para que ataquen a las células de la leucemia solamente y se las volvemos a poner al paciente. Es un proyecto en el que estamos en asociación con el Hospital Sant Joan de Déu, de Barcelona, que ya lo hace desde hace dos o tres años. Cuando se pueda, nuestra gente va a viajar a Barcelona y ellos nos transfieren, además de conocimiento, tecnología. Va a estar en marcha a partir de 2022, año en el que también vamos a implementar un programa de inmunoterapia.

—¿Qué otros avances han hecho desde el lado del paciente?

—Hemos desarrollado todo un programa de calidad y de seguridad del paciente, en el que trabajamos con enfermería fundamentalmente. Para esto también es útil la informatización de los datos porque cuanto más datos uno tenga, puede encontrar dónde están los problemas, darles solución y después medir cómo fue esa solución.

—¿Qué aportes hay en materia del personal de la Fundación?

—Estamos reestructurando la carrera de los médicos y los enfermeros para darles mayores oportunidades de investigación; hoy tienen una visión más asistencial. Creo que antes de fin de año la Universidad de la República va a reconocer el programa de formación docente para hemato-oncólogos pediatras. De hecho, ya tenemos médicos de toda la región que quieren venir a hacer la especialidad, caso de Ecuador, de Bolivia o de Nicaragua. Además, estamos empezando a vincularnos un poco más con las instituciones académicas dentro de Uruguay, como el Institut Pasteur o la Universidad de la República. Hay muchos grupos de investigación con los que estamos realizando trabajos juntos y tratando de encontrar un camino en común para poder trabajar más cerca de lo que ya estábamos. Yo creo que el futuro que tenemos es muy grande, estamos realmente haciendo las cosas bien por todos los lados, atacando el problema del cáncer infantil en todos lados. Es para donde hay que ir. Hay que hacerles llegar a los pacientitos del Uruguay una atención de primer nivel mundial.

Acercó a Luis Suárez a la Fundación

Desde hace ocho años, el doctor Guillermo Chantada trabaja para el Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona, España. Se incorporó al equipo médico asociado al Servicio de Oncología y Hematología, donde coordina el grupo de investigación y tratamiento del retinoblastoma. Eso lo llevaba, antes de la pandemia, a pasar tres meses en España, en una modalidad similar a la que piensa implementar en Uruguay con la Fundación Pérez Scremini cuando los viajes se normalicen.

El trabajo que desempeña en el Sant Joan de Déu está patrocinado por la Fundación de Leo Messi, algo que propició que ocurriera algo similar entre Luis Suárez y la Fundación Pérez Scremini.

“Cuando yo se lo comenté a Ney Castillo, Suárez todavía jugaba en el Barça. Un día nos encontramos en Barcelona e hicimos una reunión con Ney, Messi y Suárez. Me acuerdo que nos sacamos una foto muy linda. Ahí empezó formalmente la relación entre la Pérez Scremini y Suárez”, cuenta con orgullo el oncólogo pediatra.

El jugador de la selección uruguaya y su esposa Sofía son los padrinos con los que cuenta la Fundación que atiende a niños y adolescentes con cáncer en el Uruguay. Ambos han participado de muchas de sus actividades cuando el tiempo se los ha permitido, además de en varias acciones de comunicación para las que no importan las distancias.

Adolescentes y ampliaciones

Este año la Fundación Pérez Scremini amplió la edad de sus pacientes, sumando a los adolescentes hasta los 18 años. Es una decisión que Guillermo Chantada celebra. “Hay muchos tumores que cuando son tratados en un contexto pediátrico tienen mejores resultados que en un contexto adulto”, señaló. También destacó la reforma edilicia que se está haciendo y que le permite contar con un espacio para el tratamiento con células CAR-T.

Guillermo Chantada

Formación y experiencia en centros de referencia

Guillermo Chantada se especializó en Hematología y Oncología en 2001 en el Hospital Garrahan (Argentina), donde ejerce desde 1996 en el Servicio de Oncología y Hematología. Ha realizado estancias en diversos centros de referencia norteamericanos.

En 2013 se incorporó al Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona. Es miembro de la Sociedad Internacional de Oncología Pediátrica desde 1997 y su presidente desde 2021.

Forma parte de la Sociedad Internacional Genética de Enfermedades Oculares y Retinoblastoma, del Grupo Internacional de Oncología Infantil y de la International Society of Ocular Oncology. En 2006 se incorporó al Programa de Alcance Internacional del Hospital St. Jude Children’s Research Hospital de Memphis (EE.UU.).

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