ARTE URBANO

El arte de Untonga o porqué la muerte es siempre rosada

Gastón Rosa tenía mucho para decir y comenzó a pegar tumbas con mensajes directos y positivos que buscan mejorar el día

Untonga
Gastón Rosa, de 34 años, pegó su primera tumba en Santiago de Chile

Una persiana de un autoservice de la Ciudad Vieja ya tiene la forma de una lápida o de “tumbita”, como dice siempre Untonga. Ahí solo tuvo que pintar con letras grandes: “Ahora renacer”. Cuatro flores completan el epitafio. Ese local fue robado y prendido fuego. El propietario es un amigo del artista que va dejando tumbas rosadas con frases positivas por Montevideo. “Pasó algo terrible”, dijo a El País quien, en realidad, se llama Gastón Rosa. Pero la muerte, en su arte, no es solo destrucción. Es una puerta abierta a posibilidades. En la foto que publicó en su cuenta de Instagram se lee: “La muerte es para renacer y hasta debería celebrarse cuando pasa. Cambiaste”. El autoservice volverá a abrir.

La muerte no es solo la desaparición física. La muerte sobreviene con cualquier crisis. Untonga, de 34 años, habla de relaciones terminadas o pérdidas de trabajo. Proyectos de vida que, de alguna forma, se ven truncados y por los que debemos hacer un duelo y pasar de página. Él mismo había decidido irse a vivir a Santiago de Chile “por amor” pero dos años después volvió a Montevideo. En esa ciudad pegó su primera tumbita. Decía: “Pensar, aunque te tiren gas”.

Las protestas sociales iban en aumento y el gas lacrimógeno era parte del aire que respiraba “cuando salía en bicicleta” o “cuando iba a comprar pan”. Tanto así que Untonga tenía “la sensación” de que tenía que hacer algo. Así comenzó con las pegatinas como una forma artística de participar con el colectivo pero también para sacar de su interior ciertos pensamientos y sentimientos que, por su trabajo vinculado a la comunicación de marcas, se habían visto limitados. La segunda fue: “Lo que le pasa al vecino te pasa a vos”. Y así siguió: “Fue una forma de abrir un canal para decir lo que yo quería”.

Untonga
"La empatía salva" es la tumba más reconocida; ya no está en la Peatonal Sarandí. Foto: @untonga__

Callejeros: arte urbano.

“La empatía salva” es la tumba más reconocida de Gastón Rosa, más conocido como Untonga. Este artista uruguayo, de 34 años, deja sus mensajes positivos en pegatinas o poesías escritas por la ciudad e invita a reflexionar sobre la muerte, los finales y los comienzos. Su obra inicia el ciclo Callejeros con artistas urbanos que comentarán sus motivaciones en las próximas semanas.

Muerte y vida.

Cruzarte con una tumbita en un día especial puede ayudarte. “Son como las galletitas, en vez de la fortuna, de la muerte. Pesa decir de ‘la muerte’. Pero pongámosle color˗–el elegido siempre es el rosado–. Es algo natural en nuestra vida”, agregó a El País.

El tema fue elegido por ser tabú y porque también habla de la vida. “No es casualidad” que los mensajes escritos sobre papel o vidrio sean positivos, pero no destilan un optimismo tóxico. Esa no es la intención. Untonga solo quiere que sean interpretados según la suerte del espectador ese día pero que, al final de cuentas, le dé ánimo.

“Sí te gusta, dale”. “Si le invitan, vaya”. “Confiar es de a dos o más”. “Si te dan ganas de bailar es tu casa”. Estos mensajes, sencillos y directos, andan por la ciudad en algunos circuitos que va dejando su creador: hay muchos por Ciudad Vieja, Cordón y Parque Rodó, por ejemplo.

Otra veces son más, digamos, serios: “Enfrentá a tu opresor” o “Cuidá de alguien. Empezá por vos”. Y a veces su lectura te pega en donde más duele. Muchas veces resultan ser el empujoncito necesario. Y solo porque leés rápido un “Hacelo, hacelo, hacelo” o “Vienen besos” antes de seguir tu camino.

Lo son también para el artista. Este pinta las tumbitas en papel kraft y las pega durante las noches. Ninguna es una reproducción. Todas están hechas a mano. También hay unos pocos grafitis y muchas frases escritas con marcador.

“A veces me encuentro una tumba de la que me olvidé o alguien sube alguna (a internet) y el mensaje llega nuevamente a mí. Escribo cosas y un día una tumba me llega en un día complicado; me llega el día que necesito de esa tumba. Es una especie de azar. Yo tiro dardos por la ciudad y vuelven. Lo hago con cariño y siento que ese cariño me vuelve. Me hace bien. Creo que a mucha gente le hace bien”, afirmó.

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Las tumbitas pueden ser encontradas en muchos rincones de la ciudad. Foto: @untonga__

"La empatía salva"

Untonga solo pega su arte en algún lugar que ya esté rayado. Las casas quedan por fuera de su lienzo urbano. De todas formas, este tema despierta un debate. “En el espacio público estamos muy acostumbrados a que sean las marcas las que comunican; pero decir un mensaje es un derecho y quizás hasta una obligación”. Y añadió: “Siento que tenemos la responsabilidad de compartir lo que nos va pasando como parte de la sociedad y dialogar sobre estos temas. Hay temas que necesitamos abordar y uno es la muerte”.

Una tumbita que se había vuelto turística era la del costado de la Catedral de Montevideo, en la Peatonal Sarandí, y que, con el tiempo, se rajó, fue tapada y, luego, desapareció. El arte urbano es efímero. No obstante, la gran lápida rosada que rezaba “la empatía salva” es la más reconocida. Hay personas que hicieron stickers o bordados; otros se la han hasta tatuado.

Untonga pegó una nueva en su lugar que dice “Volverá la magia”. Si alguien se diente y lee la letra chica se lleva el regalo completo: “Este podría ser un conjunto. Hay poder con solo leerlo. Lo maravilloso sigue pasando, siempre se te espera allí. ‘Bienvenida’ vas a escuchar en la orilla y te vas a reír con alivio de lo que ahora es tu verdad. ¡Volviste!”

Pero no hay que olvidar lo que decía la anterior: “La empatía te salva a vos y todo lo que se te cruce y eso es un montón”.

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Los mensajes de Untonga son siempre positivos; la muerte puede ser un comienzo. Foto: @untonga__

Derecho y obligación de decir todo.

“Hacer pegatinas para mí es ejercer un derecho a ocupar espacios en la ciudad para decir otros discursos, compartir lo que sentimos y lo que encontremos necesario”, esa fue la respuesta de Gastón Rosa, alias Untonga, sobre la elección del formato de las pegatinas, es decir, intervenciones sobre papel, por sobre otro.

También dijo: “Es una bella forma de volver a lo analógico cuando todo avanza hacia lo digital. Podría calificarlo como un pasatiempo, una causa o un guiño callejero. Por lo pronto, es algo que me hace bien”. Todas sus tumbas son originales; es decir, ninguna es una reproducción.

En general, las pegatinas dan un respiro al escenario habitual compuesto por decenas de avisos publicitarios. Para Untonga, las marcas son las que hacen “un bombardeo” constante de mensajes en la vía y el arte urbano es solo una interrupción que habla desde otro punto de vista.

“(Las marcas) dicen ‘tomá esto’, ‘vestite así’, etc. Decir un mensaje es un derecho y quizás hasta es una obligación ponerlos entre los otros mensajes que acostumbramos a ver la calle”, comentó en diálogo con El País.

Además de las tumbitas rosadas y sus “epitafios urbanos”, Untonga ha dejado sobres en la Peatonal Sarandí, del mismo color, para que todo aquel que se llevara uno, recibiera su propio mensaje. “Lleve su muerte. Mensajes al azar” fue como los promocionó. Uno de ellos, por ejemplo, decía: “Esta podría ser la señal”.

Para el artista, las pegatinas son un arte que le pone una voz común a un pensamiento colectivo y, en particular, cree que así lo hacen sus tumbas.

El arte urbano, por definición, es accesible y democrático.

El arte de Rosa, de 34 años, puede ser visto por muchos rincones de Montevideo, en particular, si se camina por Ciudad Vieja, Parque Rodó y Cordón. “Me hago cierto mapa mental de dónde me gustaría (pegar). Pero tengo que ver las posibilidades”, señaló. Eso implica, por ejemplo, que la práctica no vandalice ninguna residencia. También se lo encuentra en Instagram en su cuenta @untonga__, en la que tiene más de 20 mil seguidores.

Gastón Rosa es publicista y responsable de proyectos en los que se propone generar contenidos a favor de la diversidad infantil. Es autor de Zapatos Cambiados, una historia en la que un niño con síndrome de Down es el protagonista y de La niña que no veían, la historia de una niña transgénero.

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