Vuelve Gordon Gekko

| Retorno. En "Wall Street 2", que se estrena el viernes, el actor encarna otra vez a un personaje polémico.

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GUILLERMO ZAPIOLA

Se trata de una secuela probablemente inevitable, o por lo menos intelectualmente justificada, y no provocada por un mero cálculo comercial. Veintitrés años después de la original "Wall Street", Oliver Stone retoma el tema y a Michael Douglas.

No es difícil entender que Wall Street, el dinero nunca duerme es la respuesta personal de Stone a la crisis financiera mundial, varios de cuyos responsables se ubican obviamente en la Bolsa neoyorkina. Si el film original, en el que también actuaban Charlie y Martin Sheen, debía ser entendido como una puesta en causa de los manejos de las altas finanzas en tiempos de Reagan, no es difícil imaginar que esta vez el objetivo es reflexionar sobre las irresponsabilidades que condujeron a la catástrofe (de la que Estados Unidos no termina de recuperarse) de los últimos años de Bush.

Y era acaso no menos inevitable que, como imagen arquetípica de ciertos manejos turbios, reapareciera Gordon Gekko, el "genio del Mal" que Michael Douglas interpretara en la película anterior y que repite aquí. Stone ha vuelto a convocar también a Charlie Sheen para formar parte de un elenco en el que también figura gente que no estuvo antes (Shia La Beouf, Carey Mulligan, Susan Sarandon).

La acción del film arranca cuando Gekko sale de la cárcel tras purgar una sentencia de veinte años por algunas de las atrocidades perpetradas en la película anterior. Nadie lo espera, su hija (Mulligan) no le habla, y solamente se pone en contacto con ella cuando el novio de ésta (La Beouf) fuerza un reencuentro.

Ya se sabe que al director Stone le gustan los temas polémicos, desde la revisión de Vietnam que trató en Pelotón, Nacido el 4 de julio o Entre el cielo y la tierra, hasta el intervencionismo norteamericano en Centroamérica de Salvador, las oscuridades políticas en JFK, Nixon y W, la violencia mediática de Asesinos por naturaleza o la reflexión sobre el poder que corrompe en Alexander. Es por cierto un irregular, dato que consta en sus oscilaciones entre la excelencia (JFK, pese a su exceso de especulaciones) y la torpeza (Asesinos), para no decir nada de las adulaciones castrochavistas de Comandante y Al sur de la frontera (como documentalista, resultó más interesante su incursión en el conflicto palestino-israelí de Persona no grata), y puede ser también un director de mano pesada (gente que se grita cosas en pantalla ancha). Pero casi siempre hay en su cine un filo cuestionador que invita a la reflexión, y eso sirve aunque se discrepe con él.

En ese sentido, Wall Street, el dinero nunca duerme, cuyo estreno mundial se producirá el próximo viernes, puede constituir un reencuentro con el Stone más comprometido y vital, y cabe esperarla con una cuota de interés previo. Las opiniones de la crítica que la ha visto en Cannes o en `avant premiére` han sido muy mezcladas, desde la afirmación de que se trataba de una película "divertida e innecesaria" (nota del Chicago Tribune) hasta que "tenía algo nuevo para decir" (Hollywood Reporter).

El director ha descrito su película como "un drama familiar, un drama sobre padres e hijos". En su visión del tema, la joven pareja integrada por Mulligan y LaBeouf se verá de alguna manera "contaminada" por el germen de Gordon Gekko. "Esta joven pareja es el centro moral, y como tal serán probados a lo largo de la historia", afirma el cineasta. Douglas comparte el punto, señalando además que recién al final del film podrá saberse si su personaje realmente puede cambiar, o sigue siendo el mismo de siempre.

ADMIRACIONES. A Douglas, que actualmente pelea contra un cáncer a la garganta que puede dejarlo sin habla, le molesta que haya gente que considera a Gekko "un ídolo". En su visión (y la de Stone) se trata en cambio de una representación del lado más oscuro y salvaje del capitalismo. Para confirmar el punto basta recordar dos líneas de diálogo que le adjudicaba al personaje el film de 1987. Una de ellas rezaba: "El punto, damas y caballeros, es que la avaricia, por falta de una palabra mejor, es buena". Y ahí va la otra: "Si necesitas un amigo, cómprate un perro". Pese a ello (o quizás por ello) el personaje ha generado una especie de culto, especialmente en las escuelas de economía del mundo, lo que acaso diga algo sobre el cine pero en todo caso dice mucho sobre cómo funcionan las escuelas de economía.

Douglas no tiene dudas al respecto: "Teníamos claro que Gordon Gekko iba a resultar un personaje llamativo, porque es intenso, incorrecto, pero nunca nos imaginamos que iba a ser un modelo a seguir por los estudiantes de economía de ese entonces, gente que actualmente son los gerentes y jefes de varias compañías. Me molesta que vean a Gordon Gekko como un ídolo. Y la avaricia de Gekko no ha sido detenida; todo lo contrario, se ha vuelto algo legalmente aceptable".

Resucitar en la pantalla la figura de Gekko, que le valió un Oscar como mejor actor, fue una idea largamente acariciada por Douglas. Ya en 2006, el actor y productor (quien en el segundo de sus roles tiene en su haber títulos tan atendibles como Atrapado sin salida) le propuso a Stone la idea de una segunda parte de Wall Street, pero el realizador vaciló. "No quería volver a esta historia y lo que representa a menos que encontrara algo bueno que contar", ha explicado el cineasta, quien agrega: "Después de la crisis financiera de Wall Street sentí que ya había algo para volver a hablar de Gordon Gekko".

Douglas y Stone estuvieron de acuerdo desde el principio en que había que revertir aquella imagen de "ídolo", y se abocaron en la secuela a elaborar una aproximación diferente al personaje y su entorno. Wall Street, el dinero nunca duerme se propone como un drama sobre la posibilidad de redención de Gordon Gekko. Como ya lo señalara el actor, habrá que esperar al final de la película para saber si esa redención efectivamente se produce.

Antes de que se le diagnosticara el cáncer (un dato que, según se afirma, tampoco ha afectado su optimismo) Douglas pudo manifestar una real satisfacción por reencontrarse con uno de los personajes que marcaran su carrera. "A medida que envejeces son menos los papeles que hay", sostiene el hijo de Kirk Douglas. "Pero es verdad también que surgen más oportunidades de trabajar en el cine independiente". Es lo que Douglas ha hecho en películas como Traffic, Fin de semana de locos y otras. El galán comenzó a quedar atrás, reemplazado por los personajes característicos o más o menos extravagantes.

RENOVACIÓN. Esto último es lo que Douglas ha hecho en Solitary man, una película recientemente estrenada en los Estados Unidos y dirigida por Brian Koppelman y David Levien en la que actúan también Susan Sarandon (que está igualmente en Wall Street, el dinero nunca duerme), Danny De Vito y Jesse Eisenberg.

En ella, Douglas encarna a un empresario automovilístico cuya vida profesional y personal (hecha de irresponsabilidad, despreocupación y romances clandestinos) se hace añicos, y debe enfrentar la necesidad de un cambio radical. El generalmente confiable Peter Travers, de la revista Rolling Stone, ha afirmado que Douglas "está espectacular" en el personaje, y su nombre ha comenzado a circular, todavía tímidamente, en los pasillos de Hollywood, como uno de los que va a haber que tener en cuenta cuando llega la temporada de los premios anuales, Oscar incluido.

Próximas de Stone

Oliver Stone tiene la intención de estar muy ocupado durante los próximos tiempos. Está trabajando como productor ejecutivo de un proyecto sobre el tristemente célebra narcotraficante Pablo Escobar, con libreto de David McKenna y dirección de Antoine Fuqua, el de Día de entrenamiento y Rey Arturo. Como director, tiene en carpeta Memphis, una película sobre el nacimiento del rock en las radios y los clubes nocturnos del Sur norteamericano, en los tempranos cincuenta.

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