Al nivel del piso el estudio de Vik Muniz parece un tiradero de basura con botellas viejas, latas y desechos de todo tipo. Pero visto desde arriba, comienza a surgir un emblemático paisaje de Río de Janeiro: la hermosa Bahía de Guanabara y su monte Pan de Azúcar sobre aguas azules y arena blanca, hechos completamente con basura.
El artista brasileño radicado en Nueva York convertirá los desechos de Río en un retrato único de la ciudad en su Proyecto Paisaje, una reflexión sobre el acelerado ritmo de la cultura de consumo que creará en el marco de la conferencia Río+20 de las Naciones Unidas sobre desarrollo sostenible.
La idea es construir un collage gigante de basura y después tomarle fotos a varios metros de altura. Las imágenes del proyecto, así como otras que ha hecho antes, posiblemente se vean tan realistas que muchos no se darán cuenta de que no se trata de una fotografía de la Bahía de Guanabara, sino de un montón de basura.
Varios visitantes con botellas de refresco vacías, envases de jugo, botellones de agua y otro tipo de desechos estaban formados fuera de la carpa donde se está creando el paisaje de Muniz. Dentro, un proyector colocado sobre un andamio mostraba una imagen de sombras de la bahía, una diapositiva tomada este mes por Muniz desde el barrio pobre de Santa Marta, en otra de las colinas de Río.
Los coordinadores del proyecto le indican a los visitantes cómo y dónde colocar su basura: las botellas de plástico azul sirven para el cielo y el mar, las verdes para las colinas. El proyecto abrió sus puertas el viernes y resultó ser todo un éxito entre los visitantes de la "Cumbre de la gente", un evento hermano de Río+20 sobre el medio ambiente también abierto al público.
Tan solo el domingo más de 1.000 personas llegaron para donar su basura. Algunos no pudieron resistir la tentación de subirse en alguna de las colinas del collage con los brazos extendidos como el Cristo de Corcovado.
Se necesitarán unas tres o cuatro toneladas de basura para completar el proyecto y las contribuciones del público serán complementadas con la donación de objetos más grandes de un grupo de reciclaje. Varias cámaras de televisión registran el progreso de la obra y los asistentes de Muniz trabajan con las contribuciones de la gente u otros tipos de basura según lo señala el artista a través de un sistema de radio. La carpa parece un centro de reciclaje más que un taller artístico. Pero vista desde el andamio la obra parece tomar forma. "Tenemos la oportunidad de reflexionar sobre nuestro lugar en la naturaleza al crear un símbolo de representación desde el interior", dijo Muniz.