Vibrantes trabajos de Marcelo Legrand

Plasticidad. Arte no figurativo en el Museo Nacional de Artes Visuales del Parque Rodó

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En el Museo Nacional de Artes Visuales se está llevando a cabo una exposición del artista Marcelo Legrand, en la que se trabaja a partir de obras de gran tamaño. Temáticamente los trabajos se inscriben en el arte no figurativo.

En el museo del Parque Rodó fue inaugurada la exposición Rastros, compuesta de pinturas de gran formato que el artista plástico Marcelo Legrand ha realizado durante los últimos años, entre 2004 y 2012. La muestra puede verse hasta el 21 de octubre.

Marcelo Legrand -nacido en 1961- tuvo una temprana vocación de dibujante, alentada por el ambiente familiar. Su abuelo Diego Legrand combinó su profesión de biólogo -dibujaba herbarios con precisión realista- con la de crítico de arte. El padre de Marcelo, también Diego, es músico y compositor, por lo que no es circunstancial que las pinturas de Legrand han sido asociadas con el concepto de musicalidad.

En 1977 Legrand comenzó a estudiar dibujo y pintura en el Círculo de Bellas Artes con Héctor Sgarbi, a quién considera su único maestro. Le siguió mostrando sus obras aún después de haber dejado el Círculo en 1981. En la década de 1980 utilizó especialmente el grafito, y en esa época fue invitado por el Estudio Camnitzer para una estadía en Italia.

Cuando fue invitado a exponer en Caracas a principios de los 90, permaneció en Venezuela durante tres años, durante los que retomó el uso del color. Comenzó a exponer individual y colectivamente a fines de los 80, y desde entonces ha continuado mostrando su arte en Uruguay y el extranjero.

La pintura de Legrand es fundamentalmente de carácter no figurativo, y está basada en contrastes: entre líneas y manchas, formas de tipo geométrico y formas irregulares, colores aplicados muy ligeramente y elementos de gran materialidad corpórea. En la mayoría de las obras hay una tensión entre lo controlado y lo espontáneo.

Otra característica importante de la obra de Legrand es la variación de la duración de los procesos creativos que resultan en cada obra particular. Procesos que en algunos casos duran varios años.

La actual exposición Rastros, en el Museo de Artes Visuales, está compuesta por una veintena de obras de gran formato, colgadas con generosos intervalos en la sala grande del piso superior del museo.

En el cuidado catálogo de la exposición María Yuguero caracteriza de la siguiente forma la obra de Legrand: "Vivacidad y violencia contenida; goce sensual de la materia y búsqueda de sujeción racional. Debate cuerpo a cuerpo con la forma y el color… Legrand dice situar su pintura en las inmediaciones de la figuración, lo cual no carece de sentido, si bien sus íconos significantes distan de ser visiblemente reconocibles en la mayoría de los planteos."

En un conjunto de obras que a primera vista parecen ser muy similares, se pueden discernir dos tipos diferentes de planteos: uno basado en el uso reiterado de líneas rectas y planos, y otro planteo compuesto por formas compactas y manchas irregulares.

Una de las obras que pertenecen al primer grupo es Reina africana, en la que dominan los azules verdosos y los negros, intercalados con zonas blancas. Legrand trabajó con esta obra durante siete años, de 2005 a 2012. Del mismo tipo es Eternidad, que Legrand comenzó en 2002 y que, según el artista, es un work in progress, es decir que continua trabajando con ella.

En algunas de las obras recientes, como El origen de la conciencia (de 2010) -formada por tres grandes paneles de 243 x 107 centímetros cada uno- y Meniscos (de 2011) la agrupación de los elementos es compacta, por lo que los espacios de las obras, sugeridos por la superposición de las formas, tienen un carácter más cerrado.

Una característica a tener en cuenta es que los títulos, tantos en estos ejemplos como en la mayoría de las otras obras, tienen connotaciones figurativas, asociaciones que el artista brinda a la imaginación de los espectadores aunque el lenguaje pictórico se atiene a la no figuración.

Otras obras recientes, como Raíz y Regreso, ambas de 2012, tienen fondos de color homogéneo, sobre los que los elementos -esencialmente manchas y chorreaduras- están dispuestos de forma espaciada, por lo que parecen flotar en el "aire" de espacios ambiguos. Incluso en este caso de planteos similares hay variaciones pictóricas.

Mientras que la primera de las obras mencionadas es casi monocroma, grises y negros con algunos pequeños elementos en rojo y marrón, los elementos de la segunda obra alternan entre el gris y rojos vibrantes.

La pintura de Legrand es compleja, y requiere del espectador un acercamiento atento e imaginativo.

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