THE NEW YORK TIMES | MELENA RYZIK
Katy Perry se hundía. Era durante una fiesta en Nueva York por la presentación de su nuevo disco, "Teenage dream", ambientada con motivos de playa, palmeras, surfistas y mucha arena.
Si ella fuese Lady Gaga, seguramente habría exigido una pasarela con animales embalsamados o asistentes con prótesis, pero en lugar de eso había modelos en bikini comiendo algodón de azúcar y jugando con una pelota de playa. Toda una postal estadounidense.
Perry se mostró disconforme cuando vio el pequeño desierto entre ella y su asiento. "No quiero arena en mis stilettos", dijo gimoteando, casi citando sus propias letras. Pero como es una chica común que creció mucho, cruzó la arena con pequeños saltos, hundiendo sus plataformas altísimas a cada paso. Antes de presentar algunas canciones, posó para fotos y dio algunos autógrafos a la gente de la industria musical que estaba en el lugar. A la mañana siguiente, en el centro de la ciudad y para un evento promocional ya se paraba en un terreno más familiar, simulando actos sexuales con su micrófono ante los turistas que pasaban por ahí. Cantó y bailó hasta terminar en el techo de un Volkswagen. Y esta vez se desprendió de sus stilettos.
Lo que aparece en el libro de reglas de la moderna estrella pop es lo siguiente: una promoción implacable, cruces corporativos, desarrollos de marca y un carácter descarado y fuera de lo normal. A lo largo de estos años, Perry, que tiene 25, ha demostrado encajar con esas reglas y así ha pegado un giro improbable desde cantante gospel a estrella provocativa, al mismo tiempo que su público ha podido seguir estas dos facetas sin misterios. Ahora está al tope de las listas de ventas y de las de personalidades de la cultura, es una figura obligada en los programas de chismes gracias a su compromiso con el igualmente escabroso comediante británico Russell Brand. Su relación, de hecho, puede ser seguida a través de Twitter.
Las bromas provocativas se reflejan en su música, repleta de insinuaciones fáciles y de sutiles referencias sexuales, apoyadas en beats bailables. A pesar de todo, dice, sigue siendo una persona profundamente espiritual.
"Definitivamente estoy en una peregrinación", dice Perry. Y claro que la historia de los músicos que buscan la plenitud no es cosa nueva. Pero para Perry, que fue educada en un hogar cristiano evangélico y que saltó al estrellato en medio de una cultura repleta de celebridades, esa búsqueda tiene un peso diferente. El comienzo de su búsqueda puede incluir la fe (en sí misma) y la devoción para su arte y cierto tipo de materialismo autoconsciente.
No ha sido tímida con respecto a su ambición. Ser memorable significa ser visible y ser fuera de lo normal, y Perry está cómoda con ambas condiciones.
Ella eludió a los paparazzi que la esperaban al frente de un restaurant, sobre todo porque le preocupa que al salir de su auto consigan una foto muy reveladora de su minivestido y de lo que hay debajo. Es que su estilo, tomado directamente de referencias modernas y retro, como las chicas pinup y las japonesas Harajuku, la ha convertido en una de las favoritas para la prensa de la moda. "Los dos somos como caricaturas caminantes", dice alegremente sobre la pareja que forma con Brand.
Y las obscenidades son cosa común en su vocabulario. Ella es "una chica asombrosa con la boca de un camionero", dijo un ejecutivo de la industria que trabaja cerca de ella. Aunque ella diga que no usa el nombre de Dios en vano, regularmente desobedece varios de los mandamientos con los que creció.
búsquedas. Perry nació como Katy Hudson, en California. Fue la hija del medio de dos predicadores ambulantes que montaban fachadas de iglesias mientras daban sermones por todo el país. Ella usa el apellido de soltera de su madre para evitar confusiones con la actriz Kate Hudson. Eventualmente la familia se asentó en Santa Barbara, donde Perry asistió a una escuela cristiana que, según su visión retrospectiva, no tenía "ni lindos ni sexys" uniformes, solo de los viejos y marrones.
Su familia hablaba en varias lenguas en su casa y ella cantaba en la iglesia, tocando la guitarra y escribiendo, desde los trece años, sus propias canciones. Más o menos a esa edad se dio cuenta de que era "un interesante bicho raro", en sus propias palabras. La mantuvieron alejada de la cultura pop predominante, pero logró acceder a algunos de los tradicionales placeres californianos
Al comienzo de su adolescencia ya sabía que quería dedicarse a cantar. Terminó el ciclo básico rápidamente, según cuenta, aunque cuando se le pregunta si lamenta no haber terminado todo el ciclo secundario dice: "No, porque los correctores ortográficos están por todos lados". Con la ayuda de sus padres consiguió un contrato para grabar un disco de gospel en Nashville y se metió en una gira por iglesias. "En ese momento estaba asombrada", recuerda, "quería ser Amy Grant". Pero el sello discográfico terminó con este proyecto y ella fue a parar a Los Angeles, donde comenzó a vivir sola a los 17 años.
"Cuando me independicé, con la bendición de mis padres, era como descubrir que el mundo era redondo", cuenta. Sus gustos se expandieron muchísimo. "Todos los géneros eran mis favoritos, no tenía ninguna referencia".
Con el gospel ya fuera del juego, Perry se inclinó por el rock. Cortejó durante un tiempo a Glen Ballard, productor frecuente de Alanis Morissette, y así logró firmar con dos grandes discográficas… solo para ser despedida dos veces. "Sentía como si me dieran mi ticket dorado para la fábrica de Willy Wonka y de inmediato me lo reclamaran". Luego de esas experiencias trabajó comentando demos para un pequeño sello en Calabasas, California. "No era lindo, te lo puedo asegurar", dice sobre esta etapa en ese lugar. Pero no dudaba de que triunfaría en lo suyo, "Creía que era invencible".
Eventualmente Perry logró firmar con Capitol, con quienes editó su primer disco pop, One of the boys (Uno de los chicos) en 2008. Capitol la mandó en una gira en camioneta al mismo tiempo que su simple I kissed a girl estallaba en popularidad con 3.8 millones de descargas en iTunes y una nominación a los Grammy. Y no por azar, también ya causaba controversias.
Su primer simple, Ur so gay, una diatriba contra un novio afeminado, no ayudó en esto. "Mucha gente lo criticó por jugar con las fantasías masculinas en lugar de decir algo sobre la política de género", dice la periodista Sadie Stein, quien ha seguido toda la carrera de Perry.
Después de todo, solo era pop: esa era la gran defensa de Perry, quien decía que su trabajo era entretenimiento liviano, desechable. Aunque también ha hablado a favor de la legalización del matrimonio gay. Su credibilidad ha sido cuestionada a lo largo de toda su carrera. Si es un símbolo de rebeldía o una degradada representación de una buena chica, un producto fabricado por la industria musical o un individuo con un peculiar sentido del estilo o blah, blah, blah…
Pero, ¿puedes bailar con su música o no?
La respuesta es, mayormente, sí. Teenage dream se apega a una fórmula muy radial, con algunas canciones tontas (Peacock), baladas e himnos poderosos (Firework, la supuesta canción favorita de Perry). Ella no quiso hacer un disco aburrido sobre sí misma, o peor aún, contó, uno sobre ser rico y famoso.
Pero también le interesa la vida después de la muerte. Es algo que está constantemente en su cabeza, dijo durante la cena, mientras pensaba en las cuestiones de la fama. "¿Cuánto alcohol podés tomar, cuántas cosas podés comprar? Me pregunto porque siempre, al final del día, vas a estar vos solo en ese ataúd. Puedo ver el cielo, pero también puedo escuchar las llamas diciendo mi nombre" dice. En su trayectoria no ve una contradicción: "Yo soy porque me hice. Dios me hizo primero, pero yo trabajé para que esto ocurra".
Un novio como apoyo pero con historias muy picantes
Katy Perry fue criada con la imagen del infierno y por eso está presente siempre la idea de que cualquier placer temporal se trasladará como un toque de oscuridad en su trabajo. Ella le da crédito a su novio Russell Brand por mantener su estabilidad y a sus padres por rezar por ella. Brand no está exento de controversias. Una de las más recientes le ocurrió cuando fue echado de la BBC por el tono excedido de su programa televisivo de llamadas en broma. Pero antes ya gustaba de llamar la atención. En el 2004 llevó su espectáculo de comedia stand up al Festival de Edimburgo, con el que ofreció un repaso humorístico a su etapa de adicción a la heroína. En los años siguientes continuó trabajando en esta clase de humor, aunque con temáticas sexuales, pero siempre el tema era él y su vida.
La mirada de un ejecutivo y una periodista
Cuánto del trabajo de Perry se hace con una guiñada es una pregunta abierta. Y ciertamente, ella tiene su preferencia por el "camp" (una clase de estética considerada de mal gusto e inocente). El empaque de Teenage dream huele a algodón de azúcar. El video de California gurls se ambienta en una demencial tierra de caramelos donde latas de dulces se convierten en serpientes y osos de gelatina masticable hacen gestos ofensivos. Y al final Perry dispara crema de cañones atados a sus pechos. Es una movida astuta para autodeclararse como una caricatura antes de que nadie más lo haga.
"Dios, esa canción es tan molesta", dice cuando escucha California gurls en una de sus apariciones promocionales. Greg Thompson, del sello Emi, atribuyó sus errores pasados a su habilidad de convertirse en un tema de conversación. California gurls ha estado más de tres meses en el tope (o cerca) del ránking Hot 100 de Billboard, donde recientemente comenzó a ser acompañada por Teenage dream.
La periodista Sadie Stein destacó que, a diferencia de Lady Gaga (el gran icono para todas las cantantes femeninas de pop en estos días), Perry no es muy amenazante y las obscenidades e insinuaciones no son toleradas. "Ella extrae el modelo de una chica linda, que se comporta como tal y que completa roles femeninos, cuando es a su vez subversiva. Tal vez esté haciendo una guiñada, pero el resto de su cuerpo está bastante desnudo al mismo tiempo", dice Stein.
"Ella tiene una visión característica", dice Thompson. "Si hay algo que ella no quiere, entonces se descartará. Con seguridad puedo decir que Katy Perry es la directora ejecutiva de Katy Perry".