Una revisión de la vida y la obra de Rubén Lena

Libro. Editan una investigación de Guillermo Pellegrino

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ALEXANDER LALUZ

Todo proyecto que tenga como objetivo repasar la vida y/o la obra de un artista de culto entraña varios desafíos. Y el periodista y escritor Guillermo Pellegrino asumió nuevamente ese riesgo en este libro "Rubén Lena: maestro de la canción".

Antes lo había hecho con su biografía de Alfredo Zitarrosa (Cantares del alma, Planeta, 1999) y en Las cuerdas vivas de América (Sudamericana, 2002). En este caso, desde una escritura directa, sin imposturas eruditas o academicistas, revisa la obra de un hombre que, además de la vocación por el magisterio, dedicó la mayor parte de su vida a la canción popular.

Desde su Treinta y Tres natal, Rubén Lena (1925-1995) inició un camino fundante en la construcción de un proyecto de identidad musical y cultural. Durante el explosivo boom del folclorismo, hacia mediados del pasado siglo, Argentina ejerció un rol preponderante (o, mejor dicho, dominante) en la generación de repertorios. Esta influencia fue tal que por entonces nuestro acervo de canciones (salvo excepciones, como las canciones de Osiris Rodríguez Castillo) estaba poblado de géneros de amplia difusión en el vecino país (zambas, chacareras, entre otras).

Ante este fenómeno, la generación de músicos populares locales que emergía en los años sesenta (Zitarrosa, Los Olimareños, Viglietti, José Carbajal), inició la búsqueda de una voz propia, un "cantar oriental", hurgando en las tradiciones musicales de este territorio. De esa forma el problema de la identidad cultural cobró vigencia e incluso urgencia.

Lena vivió ese proceso y se volvió uno de sus principales actores. Y como lo relata Pellegrino en el primer capítulo de su libro, el creador de A don José e Isla Patrulla asumió ese proyecto con la misma convicción con que se volcó tempranamente al magisterio en Enseñanza Secundaria. "Escuchame, Justita (...) Tengo que seguir haciendo canciones, ¿sabés? Canciones para que las cante el pueblo. De focalizarme en esa tarea". Así se lo confesó a su esposa durante el viaje de regreso a Uruguay desde Venezuela.

Esa idea se afirmó al constatar que, a diferencia de otros pueblos latinoamericanos, aquí faltaban canciones que portaran los paisajes, las vivencias de mujeres y hombres corrientes. Trama de símbolos que gravitan en todo fenómeno de apropiación e identificación.

Lena, sin embargo, no se destacaba por su talento como intérprete. Por lo que el salto a la difusión de sus creaciones (al igual que las de Víctor Lima) se dio a través de las versiones que realizaron, entre otros, Los Olimareños, sus coterráneos, que por aquél entonces también se iniciaban en ese mismo camino de redescubrir los sonidos y la poesía de este lado del Río de la Plata. Con esta sociedad, Lena legó un sinnúmero de títulos a la memoria popular: La uñera, Isla Patrulla, Homenaje a Víctor Lima, En verde y amarillo, o el que se erigió en segundo himno patrio: A don José.

Guillermo Pellegrino recorre esa historia a través de un relato que tiene como prioridad la comprensión directa. No hay en este abordaje un aparato crítico o teórico de cuño académico, conclusiones definitivas, extremo rigor en ordenamiento cronológico, ni un despliegue de virtuosismo narrativo. Es, si acaso, un rescate de memorias, testimonios, experiencias, que se yuxtaponen en un discurso que suele ser desdeñado (prejuiciosamente) por campos disciplinares como la historia o la musicología.

Este carácter o estilo de la obra, permite abrir la discusión de otros temas que están silenciados por la pereza (por llamarlo de algún modo) y el consiguiente estancamiento de una porción importante de nuestra intelectualidad.

Apoltronados en la comodidad de la burocracia académico-universitaria, los cientistas humanos y sociales han hecho oídos sordos a muchos procesos de nuestra cultura popular, y especialmente a los relacionados con la música. Y desde la anémica musicología universitaria local (y de las escasísimas prácticas musicológicas que se dan fuera de ella), la situación no es diferente: ¿cuántos trabajos "serios", rigurosos, enfocados a esta temática conoce el lector? La lista quizás se reduzca al aporte de Ayestarán en los años cincuenta, o, quizás, a algún trabajo muy puntual (como la valiosa investigación de Luis Ferreira en la música afromontevideana, o los trabajos historiográficos de Alfredo Escande). En cambio, es muy probable que se haya topado con varios ejercicios biográficos de escaso valor, algún ensayo crítico de poca monta, o las apuestas oportunistas que buscan sacar rédito del esnobismo temático de alguna disciplina social.

Desde este punto de vista, el aporte de Pellegrino abre una ventana, aunque mínima, sin demasiadas pretensiones, discutible, hacia el conocimiento de una faceta fundamental de la cultura popular.

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