Matías Castro
-¿Sentís que en tu caso el trabajo en publicidad te influye en lo que hacés en cine?
-Son dos medios muy ricos. El cine es muy personal y muy íntimo, donde tengo total control del proyecto de principio a fin. La publicidad es un lugar donde aprendo a entender las necesidades y las miradas del otro y a cumplir objetivos. Además en publicidad vuelco experiencia del cine en la publicidad, y en el cine vuelco la experiencia de la publicidad. Aparte en la publicidad podés hacer proyectos en poco tiempo, donde podés probar géneros, podés probar actores y equipo técnico y se puede experimentar.
-¿En publicidad te piden que sigas la línea de lo que has hecho en cine?
-Me convocan sobre todo para filmar guiones que se apoyan en actores y que tienen que ver con relaciones humanas y sentimientos y también con el humor. Más por eso que por un trabajo netamente estético. Evidentemente la publicidad tiene un objetivo industrial y comercial antes que artístico, pero con los años se ha logrado ir disolviendo mucho esa frontera. Así encontrás trabajos publicitarios con hallazgos estéticos y narrativos importantes.
-"No sos vos, soy yo" era una película independiente. Esta es un poco más ambiciosa. ¿Sentís que has cambiado en ese sentido?
-Hubo un pequeño cambio en ese sentido. En esta hay más socios, pero en este caso la independencia es la misma que en la primera desde el punto de vista de las decisiones. En ésta filmé más cómodo de presupuesto, y en ningún momento sentí presión. Sigue siendo un proyecto nacido y gestado en Rizoma, que es nuestra productora.
-¿En qué consiste ser independiente hoy en Argentina?
-Entiendo que es articular todos los elementos de la mejor manera para la película y es cuando no tenés un límite en la duración ni en los actores que vas a elegir. Sí tengo límites en cuanto a la producción, en cuanto al tiempo de rodaje y por ejemplo la cantidad de rollos de celuloide que puedo usar, que cuestan plata. Pero creo que en mi película hay líneas narrativas, como todo lo que ocurre con la empleada doméstica, que podría molestar a varios productores. En Argentina, si Polka quiere filmar un guión, el productor va a tener una opinión más fuerte y el director trabaja como cabeza creativa junto con un equipo.
-Llama la atención que en tus dos películas siempre uno de los actores participa en el guión. En la primera fue Cecilia Dopazo y ahora Peretti.
-No lo había pensado. Lo de Cecilia fue de origen, ella en un principio había pensado participar solamente en la parte de creación de la historia y no tanto en lo actoral. En el caso de Diego tiene que ver con todo el trabajo que habíamos hecho en la anterior película, en la empatía que sentíamos y en que teníamos una mirada en común sobre ciertos temas. Eso nos permitió pulir el primer guión y llevarlo a una versión más cercana a lo que buscábamos.
-¿Varió mucho el guión original ante lo que adaptaron ustedes?
-La historia es la misma, aunque tiene algunos tonos y profundidades diferentes. Pero creo que lo que hicimos fue como ejecutar una música o hacer un traje a medida.
-¿Cómo trabajás con los actores para preparar los personajes?
-Los actores son el elemento fundamental de mis dos películas, y por lo tanto trabajo mucho con ellos. Lo hago de forma muy intuitiva y con mucho trabajo previo de ensayo, porque filmo con guiones de hierro, sin improvisar ante cámaras. El guión que está escrito es el que se filma. No me gustan los grandes eventos creativos en los rodajes, la creatividad me la guardo para la preproducción. Fijate que tener a un equipo de 40 personas mirándote a ver qué vas a hacer me pone incómodo, por lo que es importante tener muy claro lo que querés. En este caso tuvimos dos meses de ensayo con todos los actores, desde Peretti hasta el personaje que tiene medio día de rodaje.
-Hay situaciones que se repiten en las dos películas. ¿Eso fue casual, ya que este segundo guión no es tuyo?
-Pablo Solarz escribió su guión dirigido por mí. El me presentó la idea a mí y luego la trabajamos juntos. Mi padre falleció hace dos años, y es un tema que está dando vueltas. Creo que es una forma de exorcizar. Como los partos, porque tengo dos hijas. Asistí a un evento transformador en mi vida, que fueron los dos partos de mi mujer. Fue en hospital, aclaro, nada de parto natural. Uno va siendo marcado por esas cosas y después las vas marcando. Están ahí presentes y uno las reafirma.
-Una crítica que le formularon a esta película era que el final era improbable, dadas las características de la pareja protagónica. ¿Cómo reaccionás a la crítica?
-No creo que eso sea una crítica, sino una reflexión personal. En Buenos Aires la película tuvo una crítica mala, y con eso me di cuenta de que la gente no las lee. La película va por su séptima semana de proyección, llevando más de 270 mil personas. Creo que pasa más por el boca a boca, porque la gente toma la decisión de ir a verla, recomendarla y encontrar creíble o no el final. Las malas críticas muchas veces se ensañan con algunas cosas partiendo de la frustración personal. La soberbia en la crítica tiene que ver con una necesidad de trascender. En el mundo del cine se participa actuando o trabajando como parte del equipo. No hay una butaca especial para la crítica, el que tienen es un lugar inventado. Una película es un evento que nace de las tripas para que vaya otro a disfrutar durante una hora y media.
-¿Tampoco tiene validez que una crítica estimule la discusión sobre una película y haga que se produzcan ideas sobre ella?
-En los periódicos argentinos, por lo menos, rara vez leo una crítica interesante. En general las críticas te cuentan las películas. Eso no me resulta atractivo, prefiero a los tipos que me conectan una película con otras, que me hablan de un intertexto, que relacionan la película con una pintura. Me interesa cuando la película crece con un crítico con una mirada abarcativa y objetiva que nutre a la obra.
Perfil: Un Director muy cerca de su film
Nombre: Juan Taratuto
Nació: Buenos Aires
Edad: 36 años
Otros datos: Casado
Entre Taratuto y sus películas no hay una gran distancia. La primera, "No sos vos, soy yo" fue coescrita por él mismo en colaboración con su esposa, Cecilia Dopazo. Varias de las experiencias que vivió él y conocidos suyos le sirvieron de referencia, así como también para construir la historia de "Quién dice que es fácil".
Es integrante de la productora Rizoma Films, que además de desarrollar películas también se dedica al trabajo en publicidad. Como esta empresa fue socia y coproductora de "Whisky", pudo conocer el trabajo de Andrés Pazos, con quien quiso trabajar desde el primer momento.
Taratuto se interesó por el cine desde la secundaria, cuando comenzó por tomar algunos talleres. Luego estudió en esta carrera y confiesa que no fue sino hasta los 28 años que sintió la necesidad de hacer un largometraje.
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