Una nación con el dedo en el gatillo

| La masacre estudiantil de abril de 1999 es el punto de partida de una reflexión sobre la violencia

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GUILLERMO ZAPIOLA

La reciente fama internacional del cineasta Michael Moore proviene sobre todo del vigoroso discurso "contestatario" que pronunció al recibir su Oscar como mejor documentalista de largometraje por su film Bowling for Columbine o Una nación bajo las armas, que se estrena mañana en Montevideo. En esa ocasión se manifestó contrario a la guerra en Irak, trató de "presidente ficticio" a George W. Bush, y recibió aplausos y abucheos.

Ese espíritu peleador recorre también su película, que arranca con la masacre cometida en abril de 1999 por dos estudiantes de la escuela secundaria de Columbine (Littleton, Colorado), que desembocó en la muerte de once condiscípulos y una profesora, varios heridos, y el suicidio de los perpetradores. Sin embargo, ese episodio en concreto ocupa solamente una mínima parte del metraje del film: Moore lo utiliza como punto de partida para una vasta reflexión sobre la violencia en la sociedad norteamericana en la que no queda títere con cabeza, o casi.

El fuego graneado y el ácido humor de Moore se dirigen contra la facilidad con que cualquier ciudadano estadounidense puede obtener un arma, la defensa de ello a cargo de la Asociación Nacional del Rifle presidida por Charlton Heston, las milicias privadas, la tergiversación informativa y los "estereotipos negativos" de negros y latinos en los medios de comunicación, la política exterior del Partido Republicano y sus secuelas sangrientas.

"¿Acaso somos una nación de personas locas por las armas, o será que simplemente estamos locos?", se pregunta Moore. Intentando encontrar una respuesta el realizador organiza un vasto material que incluye las escenas grabadas por cámaras de seguridad del colegio Columbine durante la mañana de la tragedia, pero también imágenes de noticieros con el bombardeo sobre Kosovo que tuvo lugar el mismo día, y otros antecedentes de violencia política como el golpe financiado por la CIA que derribó en 1954 al gobierno de Jacobo Arbenz en Guatemala, la guerra de Vietnam, el derrocamiento del gobierno de Allende en 1973, y los vericuetos de la política norteamericana en Medio Oriente que incluyen el apoyo a Osama Bin Laden contra los soviéticos en Afganistán en 1980, a Saddam Hussein contra Irán un poco después, más tarde a Irán a través de Israel en el famoso escándalo "Irán-Contras", y otras variantes recientes que, se sospecha, tienen más que ver con el precio del petróleo que con la libertad y la democracia. En el medio hay otras cosas: algunas comparaciones (¿por qué en Canadá hay mucha menos violencia aunque siete de cada diez familias tienen armas?); entrevistas a James Nichols, hermano de uno de los terroristas vinculados al atentado de Oklahoma, y diversos integrantes; una incursión de Moore acompañado de algunos de los heridos de Columbine en un negocio de venta de armas. Todo concluye con un "mano a mano" con el antiguo militante por los derechos civiles de los negros y hoy defensor del porte de armas Charlton Heston, que vacila y se enreda ante algunas preguntas incisivas.

ANTECEDENTES. La carga polémica y satírica de Bowling for Columbine no va a sorprender a quienes conozcan a Michael Moore, un documentalista cuyos antecedentes incluyen Roger y yo (1988), sobre el frustrado intento de entrevistar al ejecutivo de la General Motors que ordenó el cierre de la planta de esa empresa en el pueblo de Flint (de donde es originario Moore) provocando un descalabro social que todavía perdura, o La gran pregunta (1998), donde tuvo más suerte con el presidente de Nike, quien no tuvo ningún inconveniente en explicar ante cámaras su política de trasladar sus fábricas a regiones del Tercer Mundo donde podía pagar sueldos mucho más bajos. Ambos films pueden conseguirse en video. También hizo Canadian Bacon (1995) un largometraje casi cómico, y ha escrito libros de sátira política., y en su adolescencia fundó un periódico que duró diez años. Para la televisión trabajó en la serie La cruel verdad (The Awful Truth), que podía ser vista hasta hace poco por el canal de cable Films & Arts, y que es una suerte de Caiga quien caiga norteamericano. Con Bowling for Columbine parece haber molestado a mucha gente, al punto de haber hoy un movimiento en los Estados Unidos que propone que la Academia de Hollywood le revoque su adjudicación del Oscar.

Variante del mismo tema

El más reciente film del norteamericano Gus Van Sant, Elephant (Elefante) trata en clave de ficción un tema cercano al de Bowling for Columbine: la masacre perpetrada por estudiantes armados en un colegio secundario. La pregunta es, por supuesto, por qué pudo ocurrir algo así, y el título alude a la dificultad de la respuesta, recordando la parábola budista en la cual varios ciegos tocan un elefante, y cada uno lo describe según la parte que tocó, pero ninguno es capaz de imaginar el animal en su totalidad.

La película del director de Mi mundo privado, Todo por un sueño, En busca del destino y la ‘remake’ de Psicosis retrata un día como cualquier otro en un colegio secundario de Estados Unidos. Unos estudiantes hacen deportes, otros se dirigen a sus cursos, otros asisten a una clase de física, otros comen y charlan en el restaurante escolar. Los inminentes asesinos no parecen diferenciarse de los demás jóvenes. Se evoca brevemente la ausencia y la irresponsabilidad de los padres, la violencia de los video juegos, la facilidad para comprar un arma, la falta de comunicación, pero esos son males de todos y no explican una violencia en particular. La tragedia está a punto de estallar pero nada permite predecirla. Quizás todos estamos ciegos, y solo percibimos una parte del elefante.

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