Una madre, su hijo y los sobresaltos de medio siglo de historia argentina

El otro estreno cinematográfico de hoy es Roma de Adolfo Aristarain, película que recorre medio siglo de avatares argentinos a través de un personaje (interpretado a edades diferentes por Juan Diego Botto y José Sacristán) que narra su historia a un novelista, y especialmente su vínculo con su madre, cuyo nombre da título al film y que según muchos constituye "la mejor actuación hasta la fecha de Susú Pecoraro". El guión de Roma fue escrito por el propio Aristarain, su esposa Kathy Saavedra y el cineasta español Mario Camus. La serie de ‘flashbacks’ que ilustran el relato del maduro Sacristán al escritor también encarnado por Botto constituyen lo sustancial del asunto, y allí asoma no sólo una historia personal sino también el transcurrir de un país a través de golpes de estado, insurgencias revolucionarias y retornos a la democracia.

DIRECTOR. No es difícil detectar cuánto hay de autobiográfico en Roma. Al igual que su personaje, el director y guionista Aristarain se ha movido entre Europa y la Argentina antes de debutar con La parte del león (1978), un brillante ejercicio de cine policial que homenajeaba muy conscientemente a toda una tradición de cine negro norteamericano. Tras algunos compromisos comerciales se confirmó como un narrador especialmente dotado en Tiempo de revancha (1981), que deslizaba algunos comentarios sociales en la entrelínea de su historia de sindicalismo, estafa y final recuperación de la dignidad. De inmediato retornó con brío al cine negro en Ultimos días de la víctima (1982), sobre novela de José Pablo Feinmann.

Tras trabajar nuevamente en España (la serie televisiva Pepe Carvalho) y los Estados Unidos (el film Deadly), Aristarain volvería a la Argentina para hacer Un lugar en el mundo (1991), que combinó las preferencias de Aristarain por el cine de géneros, un vuelco reflexivo sobre el reciente pasado argentino, y una exploración de conflictos generacionales. Más cerca había hecho La ley de la frontera (1995), Martín Hache (1997) y Lugares comunes (2002), en los que expresó igualmente algunas de las inquietudes que reaparecen al parecer en Roma, un ambicioso relato de dos horas y media de duración que quiere decir unas cuantas cosas sobre el hombre y la historia.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar