BUENOS AIRES | ALEJANDRA VOLPI
Santiago de Chile será la primera parada del tour que iniciará Fito Páez el 2 de junio con el repertorio que marcó a fuego su carrera. La magnitud del itinerario es comparable al desarrollado por Soda Stéreo en su regreso, con presentaciones en Israel, Inglaterra, Francia, Estados Unidos y gran parte de América Latina. En Montevideo se presentará el 22 de septiembre en el Velódromo Municipal. Pero más allá del efecto nostálgico (que dice tener bien controlado) el rosarino está hiperactivo, con dos discos de canciones inéditas y una novela en gestación.
-Cecilia Roth fue la musa de El amor después del amor. ¿Siente nostalgia al mirar hacia atrás?
-No, ese es un sentimiento que tengo bien controlado. Además, en todos los shows incluimos canciones de ese disco, así que me resultan familiares. Pero a Ceci todavía la tengo al lado porque nuestro vínculo es muy vital con ella y muy hermoso. Tenemos un hijo, es una compañera de la vida. Creo que los vínculos no se pierden, se transforman.
-No faltará quien diga que se le acabó la inspiración y que por eso sale a reflotar un disco que publicó hace dos décadas. ¿Qué respondería a eso?
-Bueno, mentes retorcidas hay en todos lados. Además no sólo estoy con esta gira en puerta. Desde hace dos años estoy muy concentrado en escribir una novela y en el desarrollo de algunos discos. Me voy a tener que hacer tiempo para todo. ¡Y para criar hijos! Siempre están los ultras, es la vida, eso es así. Pero supongo que los que criticaron el álbum en aquella época ahora deben estar trabajando y ya no tienen tiempo para tonterías.
-¿Qué lo motiva a hacer esta gira?
-Me pareció muy estimulante volver a este repertorio. Por otro lado me acordé de los conciertos de Soda, y ahí vi cosas que me gustaron mucho. Fui muy fan de esa vuelta de ellos. Se piensa generalmente que lo nostálgico es un negocio, pero no solamente, porque desde un lugar como el nuestro reafirmar la historia reciente tiene un valor fundamental. Es una forma de decirnos a nosotros mismos que eso sí pasó y que todos fuimos protagonistas, los oyentes y los músicos. Los conciertos siempre son ideas celebratorias.
-El amor después del amor hizo historia en el rock argentino. ¿Pero qué marcó en su intimidad y en su carrera?
-Fue un antes y un después, no hay dudas. Ahí sucedieron muchas cosas, algunas se me fueron de las manos. Hay muchos elementos que jugaron en ese disco. Me agarró en una época en la que ya había atravesado cierto camino, contaba con elementos de la vida personal y de la vida musical con los que fui creando una especie de obra. ¡Tenía 28 años cuando la conocí a Ceci! Fueron muchos los motivos que hicieron ese fenómeno. También venía con una historia dentro de los medios enrarecida por el asesinato de mis abuelas, que fue una condena fuerte para mí. Así que lo que pasó después con el disco significó una especie de premio. Sirve para pensarme dentro de mi tribu. Nunca sos vos y tu disco. Eso es vanidad. Para todos los que participamos en la grabación fue una experiencia inolvidable.
-¿Fue el inicio de una etapa luminosa?
-Sí, esas cosas pasan una sola vez. Aunque no sé, los nacimientos de mis hijos fueron momentos preciosos y cada vez que sale un álbum hay luz. A mis tiempos con la música siempre los recuerdo de un modo gozoso, incluso a los más oscuros y densos, que todavía siguen sucediendo. El hecho de expresarte te pone en un lugar de buena leche. El hecho de pintar un asesinato incluso, exige que tengas que meter la energía para poder cantar eso. Esa energía puesta en funcionamiento también ilumina.
-¿Lo sorprendió en aquel entonces llegar a la realización de once funciones consecutivas en el Gran Rex?
-Fue sorprendente, veníamos de un tope de Obras, un Luna Park con Giros, conciertos con Luis Alberto (Spinetta). En realidad a mí siempre me fue bien, pero fue muy delirante, creo que ninguna persona está preparada para eso.
-¿Le pesó que ese éxito luego no se repitiera?
-No, porque el goce es el día a día, después la cantidad de tiques que cortes con un disco u otro, está más ligado a cuestiones que se te escapan de las manos. A cuestiones extramusicales.
-¿Hubo un intento por reunir a la misma banda?
-No, en ningún momento. Es peligroso eso porque podés ir con las expectativas de hace 20 años y no encontrarte con eso puede ser duro, todos pasamos una vida, entonces preferí hacerlo de una manera más liviana, no aumentarle la carga de la expectativa que podía llegar a esperar de todos ellos. Podía ser injusto.
-¿Y cómo se siente plantado hoy veinte años después?
-Yo te diría 49 años después, (se ríe). Sigue rodando todo, va andando. La vida es una experiencia compleja, gozosa y dolorosa. Y tengo la suerte de tener algo dentro mío que me impulsa a expresarme, eso me hace feliz. Lo puedo decir con total claridad. Fijate que no sufro creando, todo lo que hago es gozoso incluso cuando es una tragedia. No todo es lindo, el goce es también que a veces te peguen un cachetazo, por algo existe el sadomasoquismo, (se ríe).
-¿Esa es la savia que alimenta la novela que está escribiendo?
-El amor está enrabado con la pasión y el libro va sobre esas dos ideas: la pasión y el amor y cómo pueden cruzarse y generar situaciones inéditas en las personas. Lo que uno piensa que es el amor puede terminar en una bacanal pasional delirante.
-¿Le hizo una canción a Spinetta (La vida de Luis)? ¿En qué disco la incluirá?
-Está candidateada para el próximo. Es duro, pero es la vida. Nos queda esa obra majestuosa, muy sofisticada, que representa un tesoro por descubrir, porque popularmente a lo mejor no tuvo una respuesta muy grande. Pero todas las personas del mundo que quieran gozar con una música, un sonido y unas palabras pueden descubrir en Spinetta un tesoro de la humanidad. Hay algo allí que conocemos unos pocos, y que es una fuente de gozadera.
-¿Cómo fue el trabajo con él en la grabación de Pétalos de Sal?
-El laburo fue precioso. Él ya conocía el tema porque iba a ser parte de un La la la dos. Lo primero que hizo al entrar al estudio fue el arreglo del comienzo y apenas puso el sonido, con el piano daba una cosa insólita. Creo que no vas a escuchar en tu vida un piano y una guitarra eléctrica tocando a la vez, son sonoridades bien raras. La discusión con el técnico fue increíble, ¡se armó una batahola! Porque para él no podía ser, pero por supuesto quedó nuestra versión.
-¿No saldrá en gira con Canciones para Aliens entonces?
-En el futuro sí, creo que es un álbum maravilloso. Va a ser mejor después cuando ya esté el segundo disco grabado.
-Después de girar en formato acústico con Rodolfo, ¿ya era una necesidad volver a este formato eléctrico y netamente rockero?
-No, entiendo que pueda resultar raro, pero yo juego con lo que hago, no tengo ninguna presión, ni nadie que me diga qué tengo que hacer. Y también peleé mucho para que eso sea así. Nunca hice nada con fórmulas, siempre lo hice buscando y estudiando. Cuando me embarqué en el proyecto de Rodolfo me tuve que dedicar a hacer las partes de piano y tuve que prepararme. Esa es parte de la tarea silenciosa de un músico. Un cirujano no opera porque tiene ganas de operar solamente, hay que estar ahí con buenas armas. Así que no, es una manera más de mostrar la música.
-Volviendo a esos discos que dijo tener en proceso, ¿qué puede adelantar?
-Están en la gatera desde hace bastante tiempo, uno con canciones de veinte años a esta parte, y otro acústico que mezcla versiones con inéditos tocados en trío.
-¿Seguirá haciendo cine?
-Sí, estuve todo este tiempo viajando por el país buscando una locación compleja. Pasé por Salta, Santa Fe, provincia de Buenos Aires, Córdoba. Y en este último verano encontré en Coronel Vidal un lugar que puede llegar a ser el escenario. Las cosas no se hacen de un día para otro.
-¿Cuál es para usted la canción emblema de El amor después del amor?
-Tumbas de la gloria. La hice con una guitarra en un departamento en París. Fue el núcleo sobre el que orbitó el resto del repertorio.
El lanzamiento en el Samsung Studio
Fito Paéz anunció oficialmente el inicio de su gira mundial en la sala de espectáculos Samsung Studio en la ciudad de Buenos Aires, donde cantó seis canciones, por momentos sentado al piano acústico.
De traje negro, corbata y lentes rojos, el rosarino estuvo acompañado por Mariano Otero en bajo, Diego Olivero en piano y voz, Juan Absats en teclado y voces, Dizzy en guitarras, Gastón Baremberg en batería y la colombiana Adriana Ferrer en coros. Esta última destacará en vivo también por su look: pelos revueltos y en punta, aclarados con tintura. El maestro de ceremonia fue Mario Pergolini, quien mostró cómo era la primera edición de El amor después del amor en casete. "¿Qué son veinte años?, ¡no son nada!", expresó Fito al inicio del minishow.