Un teledrama inteligente con el respaldo de buenos intérpretes

Estreno. Uma Thurman protagoniza "Mi cama de zinc", editada en DVD

 20101112 600x300

GUILLERMO ZAPIOLA

Los nombres del dramaturgo David Hare y de algunos de sus intérpretes protagónicos (Uma Thurman, Jonathan Pryce) hacen el primer interés de "Mi cama de zinc", teledrama británico dirigido por Anthony Page que ha sido editado en DVD.

Alguien la ha definido como "un mordaz análisis sobre la pasión, la obsesión y la búsqueda de la redención". La historia se centra en un joven poeta (Paddy Considine), bebedor en recuperación que asiste a Alcohólicos Anónimos. En su camino se cruza un acaudalado hombre de negocios (Jonathan Pryce) que se convierte en su amigo y le proporciona trabajo, y en particular la esposa de éste (Uma Thurman) quien ha estado peleando contra su propia adicción a la cocaína. Pronto, el joven y la mujer se sentirán atraídos, y el triángulo resultante sacará a relucir algunos demonios interiores de sus integrantes y pondrá en debate temas como la confianza, la amistad y la fidelidad.

Coproducción de la cadena británica BBC y la norteamericana HBO, Mi cama de zinc (el título alude a las cajas metálicas donde se depositan los difuntos en los depósitos de cadáveres, y simboliza el deseado destino final de uno de los personajes) adapta una pieza del prestigioso David Hare (también celebrado libretista cinematográfico de títulos como Un extraño en Wetherby, Las horas y El lector), que dibuja con considerable puntería el juego de acercamientos, fintas y esquives entre esos tres personajes diversamente torturados. Thurman "casi" se roba el espectáculo con su composición de esa mujer de oscuro pasado, rescatada de la calle y presuntamente "salvada" por el magnate Pryce, aunque los hechos parezcan demostrar más bien lo contrario. El "casi" anterior obedece a dos razones.

La primera, que pese a la solvencia de la actriz, quizás hubiera sido más adecuado un `casting` con menos "estrellato": un personaje considerablemente deteriorado por dentro pudo ser mejor encarnado por alguien menos glamoroso (digamos, menos La Novia Vengadora de Kill Bill: la venganza de Quentin Tarantino).

La segunda razón se llama Jonathan Pryce, un actor sensible, controlado y lleno de matices, que trabaja su personaje desde adentro y no busca los lucimientos fáciles ni los despliegues de divismo que suelen contrabandearse como "gran actuación". El gesto medido, el pequeño detalle, son lo suyo, y está muy bien. Paddy Considine es, igualmente, un adecuado "tercero en discordia".

Concentrado en su asunto, melodramático a veces, el film cuenta a su favor con personajes tridimensionales (Pryce puede resultar mefistofélico a veces, pero también una víctima), diálogo inteligente y una negativa a las simplificaciones. Incluso Hare se permite una paradoja esencial, algo así como una reivindicación "a contramano" de las adicciones. Éstas pueden curarse, se da a entender, pero con ellas se van también la pasión, el entusiasmo, el interés. Las fronteras entre "lo bueno" y "lo malo" son con frecuencia más borrosas de lo que se cree. ¿Gran cine? No necesariamente. ¿Buena televisión? Sin duda, con calidades de escritura, buenos actores, un director capaz aunque no genial (el veterano Page) y un empeño en escapar de la facilidad y el estereotipo.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar