CARLOS REYES
El Teatro Victoria ofrece hoy y mañana "La gran Pepino", un espectáculo entretenido que relee la tradición del circo criollo desde una perspectiva actual, jugando con lo viejo y lo nuevo, lo trágico y lo cómico, lo pasado y lo presente.
La escenografía, a cargo de Roberto Cancro, refleja bien el sentido de la obra. Un pequeño circo, con pocos elementos pero bien hechos. Telas rojas y amarillas, como antiguas y de buena calidad, crean un clima de ensoñación. A ese acierto se suman unos paneles que limitan la vista del espectador, resolviendo un problema que el Teatro Victoria muchas veces tiene, y que consiste en cómo delimitar el espacio escénico.
Los elementos de utilería redoblan la apuesta, incorporando incluso algunos que sirven para hacer algún truco de ilusionismo. En ese sentido el público se lleva la yapa de ver también alguna vieja pirueta circense, como la mujer de goma, que Sofía Etcheverry realiza con su habitual solvencia.
Pero más allá del espectáculo de feria, La gran Pepino va armando una tragicomedia en la que los personajes, a medida que tienen que dar la función, desarrollan una historia de amor, de infidelidad, de muerte y quizá hasta de resurrección. Eso obliga a los cuatro intérpretes (y al músico que los acompaña, ejecutando una serie de instrumentos en vivo) a ir mezclando dos registros. El del circo y el de sus entretelones, en una dinámica que causa mucho humor, y también mucha velocidad, con el resultado de un teatro muy físico.
Los cuatro actores saltan para todas partes, un poco como en ese mismo escenario hicieron los de la obra Gatomaquia antes de ser un éxito internacional. Y también como en aquel espectáculo que dirigió Héctor Manuel Vidal, acá hay una fuerte apuesta a los cambios de lenguaje, a las mezclas de estilos, a la fusión de distintas estéticas.
Otro aspecto que hace que La gran Pepino sea recomendable es el uso de la música, que Richard Riveiro interpreta desde un rincón de la escena, interactuando con el cuarteto de intérpretes y hasta participando en el juego escénico.
Riveiro cambia de estilos, de instrumentos, sigue la trama y se incorpora a ella. Como contrapunto, el sonido de una caja de música crea un ambiente de misterio, que va llevando al espectáculo hacia su doble final. Un final dramático y otro cómico, propios de un tributo al circo, con sus dos caras de tragedia y humor.
La gran Pepino va en el Teatro Victoria (Río Negro 1479, tel. 9019971) hoy a las 21 horas y mañana a las 19 horas. La obra está interpretada por Sofía Etcheverry, Fabiana García (o Valentina Seijo), Pablo Albertoni y Federico Galemire (o Daniel Chestak). Las localidades valen $ 150 y bonificadas se reducen a $ 100.