Un maestro japonés llega a los cines

Estreno. "Un día en familia", de Hirokazu Kore-eda, se estrenará mañana en Cinemateca

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Activo y trabajador como pocos, el prestigioso realizador japonés Hirokazu Kore-eda vuelve al cine en Montevideo este martes con el estreno de "Un día en familia" en Cinemateca. Simplicidad y sofisticación son los adjetivos que ha recibido el film.

No es la última película de Kore-eda, puesto que fue originalmente estrenada hace dos años. Después de eso el realizador, de 48 años, dirigió un documental, otra película de ficción, un capítulo para una serie de televisión y está por estrenar otro largometraje más. Es difícil estar al día con realizadores tan activos como éste, que además tienen poca difusión fuera de fronteras, por lo que vale la pena aprovechar la oportunidad de este estreno.

Ganadora en el último festival de cine de Mar del Plata, Un día en familia trata sobre una reunión familiar entre distintas generaciones a lo largo de un solo día de verano.

Hay reseñas críticas que han encontrado la influencia enorme del maestro Yasujiro Ozu (realizador de títulos como Los cuentos de Tokio) en esta nueva película del director de La vida después de la muerte, Distance (2001) y Nadie sabe.

Del mismo modo que se veía en el cine de Ozu, el tema de esta película de Kore-eda también puede ser considerado cotidiano y "chico". Se trata de tres generaciones de una familia se reúnen durante una jornada veraniega, para recordar a uno de sus integrantes fallecido. La reunión pasa a ser una suerte de ritual durante el cual los fantasmas observan a los vivos, es una ceremonia en la que cada palabra que se pronuncia suena como una invocación dirigida a los ausentes.

Se ha dicho que el cuadro de personajes de la película incluye a un jefe de familia susceptible y gruñón, un viejo médico jubilado cuyo noble oficio funciona como modelo de actividad respetable para todos los hijos, y a quien se define como "la leyenda sobre la cual se basa la familia", aunque todo el mundo sepa que dejó de trabajar por la dura competencia de los hospitales privados que poco a poco le quitaron su clientela.

La vida que comparte ese personaje con su mujer está dedicada por completo al recuerdo del hijo fallecido. Cada año reciben a sus otros dos hijos, vivos e imperfectos, siempre decepcionantes. El tema de fondo, se adelanta desde la presentación, no es el hundimiento ni la disgregación de la familia, sino su continuidad a pesar de todo, su afirmación alrededor de comidas, debates, caminatas y plegarias en las que cada uno busca en la mirada del otro la justificación de su propia existencia. En algunas reseñas se establecían las similitudes entre esta película de Kore-eda y la elogiada Shara de Naomi Kawase. De acuerdo a la presentación de Cinemateca, la similitud no es coincidencia, ya que Kore-eda y Kawase son amigos y frecuentes colaboradores, y ambos están obsesionados por el tema de la muerte, la vejez, el dolor, las diferencias generacionales y los contrastes entre la tradición y la modernidad. El director se confirma como uno de los más interesantes del cine japonés actual, un individuo dotado de una sensibilidad y hasta de un entrelineado humor que le permiten construir una película aparentemente sencilla que va ganando complejidad y profundidad.

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