GUILLERMO ZAPIOLA
El protagonista luce al nacer como (y tiene las enfermedades de) un anciano de ochenta años. Luego comienza a rejuvenecer. La idea proviene de un relato corto del gran F. Scott Fitzgerald, y es prácticamente todo lo que ocurre en esta película candidata a trece Oscar, cuyos responsables creyeron del caso alargar el asunto hasta unos demenciales 166 minutos mientras su protagonista Brad Pitt atraviesa algunos de los momentos claves del siglo XX (por ejemplo una guerra mundial) y no termina de resolver su romance con una mujer (Cate Blanchett) que, como todo el resto del mundo, envejece mientras él se va volviendo cada vez más lozano.
El gran problema es que nadie, ni dentro ni fuera del film, muestra saber muy bien qué hacer con su idea central: la curiosa situación del protagonista parece no afectarlo particularmente ni incidir sobre los demás (e inversamente, tampoco las cosas que le ocurren lo modifican gran cosa). Casi cada episodio podría omitirse o cambiarse sin que el conjunto se resintiera. El director Fincher, un efectista que mostrara alguna inspiración en Pecados capitales y Zodíaco, se dedica a acumular puestas de sol. También permite que sus guionistas insistan con lugares comunes extraídos de un manual de autoayuda y la noción, machacada cada cinco minutos en la banda sonora, de que la vida es maravillosa y hay que aceptarla como viene.
El curioso caso de Benjamin Button
Ficha
EE.UU. 2007. Título original: The Curious Case of Benjamin Button. Direc- tor: David Fincher. Libreto: Eric Roth, Robert Swicord, sobre cuento de F. Scott Fitzgerald. Fotografía: Claudio Miranda. Música: Alexander Desplat. Intérpretes: Brad Pitt, Cate Blanchett, Taraji P. Henson, Julia Ormond.
Atención a...
La solvencia del elenco secundario. Pitt es mayormente un efecto especial, pero Blanchett, Henson y en especial Tilda Swinton aportan una cuota de expresividad y talento.