CARLOS REYES
Este viernes se estrena "Sin retorno", película argentina que presenta en clave de policial un tema que no resulta ajeno a nadie: las muertes que ocurren en accidentes de tránsito, y la fuga de la escena del hecho, que dejan estos casos sin aclarar.
Ópera prima de Miguel Cohan, este trabajo conjuga un argumento atrapante con un elenco de primer nivel, integrado por Leonardo Sbaraglia, Martín Slipak, Luis Machín, Ana Celentano y otras figuras, entre las que destaca la participación especial de Federico Luppi.
"El guión lo escribí con mi hermana Ana, y el punto de origen era presentar un grupo familiar, en el que uno de los hijos cometía un crimen, y la familia se abroquelaba del exterior, cerraba filas, ocultando el hecho. Y nos dimos cuenta que incluyendo en la trama el accidente de tránsito, eso nos permitía sumar a ese encierro familiar, un nivel de lo fortuito que le rebajaba la parte criminal del culpable", contó a El País Miguel Cohan, señalando que el tema hace que la gente se identifique rápidamente con lo que está viendo en la pantalla. De alguna manera, esta historia le puede pasar a todo el mundo: el espectador se sentirá interpelado.
Fue en los años de trabajo que llevó el guión que sus autores fueron tomando conciencia de lo terriblemente actual que resultaba el argumento. "Es un tema nada resuelto: la gente que abandona el lugar del accidente, y lo que hace la Justicia al respecto".
A partir de allí comenzó en paralelo una investigación en los casos judiciales, a medida que se buscaba que el libro tuviera el ritmo que luego el director le daría a la película.
"Desde el guión buscamos un cruce de géneros: por un lado tiene una estructura muy cercana al policial, aunque por otro los personajes están más próximos al drama. Además, teníamos la idea de trabajar con un ritmo muy intenso, entrando y saliendo rápido de cada una de las situaciones: así la película iba a tener una sequedad que le iba a dar el tono, y a la vez iba a evitar los golpes bajos, mostrando el asunto de un lugar lo menos melodramático posible".
Y aunque suene raro, la película es, pese a su argumento trágico, entretenida, amena. "Supongo que uno como director hace la película que le gustaría ver. Y a mí como espectador me entusiasma el cine que cuenta historias, esas películas que desde que comienzan hasta que terminan no paran en su relato, mientras uno es arrastrado por lo que va sucediendo".
Desde el punto de vista formal, Sin retorno logra una naturalidad en los personajes y en las locaciones que le multiplica su eficacia. "Es difícil lograr la verosimilitud: nuestra búsqueda era que el espectador se sintiera como que lo que está viendo podía estar ocurriendo en la casa de al lado. Para eso trabajamos casi cuatro años el guión, que llegó al rodaje muy cepillado, porque los diálogos son fundamentales para lograr una actuación natural. Después, además de apoyarnos en un buen casting, procuramos no subrayar nada en las actuaciones. Así como en el guión, también buscamos desde el relato cinematográfico y desde la actuación, no remarcar lo que se estaba diciendo".
A estos aspectos se sumó mucha investigación sobre casos reales, buscando que a la vez la película sea un buen reflejo de la realidad. "Mucha gente del mundo judicial, luego de ver la película, nos decía que era impecable la aproximación que habíamos hecho a ese tipo de casos. Sin embargo, algunos familiares de chicos que padecieron esa situación (principalmente madres de chicos que fueron atropellados, abandonados y fallecieron), nos decían que la película estaba muy bien todo lo que contaba, que no tenían objeciones, salvo que práticamente casi nunca pasó que fueran presos personas culpadas por atropellar a alguien".
"En Argentina hubo pocos casos, que fueron muy mediáticos. Entiendo que en ese sentido hay un forzamiento del guión, pero es que la ficción muchas veces necesita ajustar las cosas (tratando de no inventar nada), para que entren en un relato de una hora 40 minutos de exposición", comenta el director.
Cohen explica que todo guión comporta aceptar ciertas convenciones del contrato ficcional, donde la casualidad no juega el mismo papel que en la realidad cotidiana. "A mí, como espectador, me molesta mucho cuando las casualidades resuelven la trama", recalca, haciendo notar que si bien Sin retorno tiene elementos del policial, no cuenta con un investigador, que es uno de los elementos clásicos del género. "Creo que no es una película con final abierto, por más que pudiera parecer. Porque ninguno de los personajes tiene forma de escapar a lo que le ha pasado, y eso es lo que le da ese carácter tan trágico. En este caso, encontrar al culpable no restituye los lazos rotos".
Entre chivito y chivito
Miguel Cohan nació en Buenos Aires en 1974, pero vivió en México hasta que en 1984 regresó a su país natal. Tras terminar sus estudios en la Universidad del Cine comenzó a trabajar en la industria nacional. Se desempeñó como asistente del director Marcelo Piñeyro, colaborando en la realización de sus películas "Cenizas del Paraíso", "Plata quemada", "Kamchatka" y "El método". Además co-escribió el guión del episodio "El Dorado" dirigido por Piñeyro, que formó parte del largometraje "Historias de Argentina en vivo". Dirigió también el cortometraje "Gardey", que participó del Festival Internacional de Derechos Humanos en Buenos Aires.
"Esta película, `Sin retorno`, tiene una particularidad. Como mis padres tenían casa en Colonia, allí íbamos seguido y gran parte del guión lo escribimos con mi hermana en ese lugar. Así que esta historia está escrita entre chivito y chivito", comenta con humor el director.
Tres tragedias en una historia de ocultamiento, culpa e investigación
Matías (interpretado por Martín Slipak) es un chico ansioso como todo jovencito, que divide su vida diaria entre sus amigos, sus estudios y su rutina familiar. Una noche como tantas se junta con sus amigos en una fiesta, pero se acaba el hielo y sale con un compinche a comprar. Federico (Leonardo Sbaraglia) es un humorista, ventrílocuo para más detalle, que trata de hacer reír con ingenio y un muñeco, mientras lleva adelante una vida como la de tantas personas. Una noche (la misma noche que Matías va en busca de hielo) ocurre un accidente que cambiará la vida de ambos.
También esa fatalidad va a cambiar la vida de Víctor (Federico Luppi), a quien ese accidente lo marca de por vida. Queda así conformado un triángulo de tres tragedias, la del inocente que es acusado, la del culpable que se esconde, y la de aquél que sólo puede llorar a su ser querido y buscar al culpable.
Saltando de una familia a otra, avanzando progresivamente y sin pausa, el director Miguel Cohan consigue contar una historia atrapante, con elementos policiales que sin embargo parten de un hecho diario: un accidente automovilístico.
En ese sentido, el director, también guionista, logra poner en el tapete un tema que es de terrible actualidad y que seguramente disparará más de una polémica. Todo eso sin dejar de ofrecer una película entretenida, con personajes muy parecidos a nuestros vecinos.