Desde hoy y a lo largo de las próximas semanas irá todos los días viernes en la sala ECU Pocitos, en carácter de estreno y en un único horario de las 20.30, el film argentino Historias extraordinarias de Mariano Llinás.
Premiada en el festival de Miami, Historias extraordinarias es la tercera película dirigida por Llinás, nacido en Buenos Aires en 1975, quien ha sido también productor, guionista, fotógrafo, editor y compositor para films propios y/o ajenos. El director Llinás, que antes hiciera el peculiar documental Balnearios, aceptó el riesgo de tomarse todo el tiempo del mundo (cuatro horas con cinco minutos) para contar todas las historias que se le ocurrieron, en lo que alguien ha llamado "un proyecto megalómano" aunque señalando, empero, que el talento estaba a la altura de la ambición.
Hecha al margen de los sistemas de financiación oficial, lo que en su país es un acto de heroísmo, la película permite que su acción salte de la Argentina a Mozambique, tiene de pronto un empuje épico, prescinde casi por completo del diálogo y está narrado en su totalidad por un trío de voces en `off`, a la manera de un libro dividido en varios capítulos.
Ese recurso puede resultar a priori poco cinematográfico, pero ha podido señalarse que es lo que le permite a la película tener una cadencia y un tono excéntrico y algo absurdo, sin caer en lo que un crítico argentino ha podido definir como "los guiños irónicos y el modernismo canchero".
El film ha sido descripto como un juego borgeano en el que cada historia abre nuevas líneas narrativas, y éstas a su vez dejan entrever otras ramificaciones y cuentos posibles. La estructura consiste de tres relatos fácilmente identificables por las letras X, H y Z (los nombres de los protagonistas) que se alternan en el montaje pero que aceptan disgresiones, desvíos, caminos laterales que se vuelven más importantes que el principal. No es fácil contar lo que pasa, pero puede adelantarse que hay una historia de amor, otra de guerra, un asesinato, un tesoro escondido y varias sorpresas. No falta siquiera el guiño cinéfilo, que no suele ser gratuito sino que se integra en el mecanismo lúdico que es todo el film.